Apologies! Your web browser lacks required capabilities. Please consider upgrading it or switching to a more modern web browser.
Initializing. Please wait…
El Ejército de la Hermandad de los Dragones avanzaba envuelto en una oscuridad densa y pesada como la mortaja de un difunto. La Noche del Silencio los protegía con tanto recelo como los brujos entre sus filas. Nada ni nadie prodría detenerlos esa noche. b
Yo apenas contaba con dieciséis años y ya caminaba entre las filas de la división del Dragón Blanco, bajo las órdenes del famoso General Gideon. Debería sentirme la estudiante más dichosa. Mis compañeros habrían hecho cualquier cosa por ocupar mi puesto. Ya me lo habían demostrado durante el viaje.
Era una suerte, si te gustaba rellenar informes todo el día y toda la noche, sin tener tiempo para practicar la magia ni aprender nuevas fórmulas. Y lo mejor eran las raciones frías de comidas de los generales. ¿Por qué no comían de la olla como todos los demás?
-Glllll...
-Ah, qué hambre... A ver si me queda algo en los bolsillos...
Un trozo de pan o algo...
[[Decisión elixir]] Sólo tenía el elixir. Aunque entonces yo pensaba que era mi medicina. Sentí el líquido moverse de un lado a otro.
- Si me descubren tomando algo así no podré inventarme mentiras suficientes para salvar el cuello...
-Pero tengo tanta hambre que la medicina me puede calmar un poco. Me ayudaría a aguantar hasta que acampemos y se sirva el rancho.
No sé qué hacer.
[[El elixir podría calmar mi hambre...]]
[[El elixir no calmará mi hambre porque es una medicina que sirve...]] Decidí obligarme a pensar en otras cosas que no fuera mi estómago protestón. Ya me procuraría una buena cena cuando acampáramos, aunque tuviera que saltarme una lista de normas más larga que mi antebrazo.
Sin darme cuenta había quedado atrapada por un fulgor procedente del centro del Éjercito. Era una luz mágica, verdosa que pronto se extendió hacia todas partes como un arrullo. Sentí más que nunca que pertenecía a ese mundo extraño creado por la Hermandad, donde elfos oscuros, enanos de arena, arpías, trolls, orcos y un sinfín de razas más se habían unido con un objetivo común: servir a la Hermandad de los Dragones.
[[El castillo 2]]
En cuanto al elixir, no podía más que lamentarme. Hasta que no se levantara el campamento y pudiera acceder al diminuto cofre con mis pertenencias, no conseguiría otro.
¿Por qué estamos aquí parados mientras todos los soldados a mi alrededor van y vienen atareados?
Entre las cabezas de los hombres vi la construcción frente a la que se habían detenido. Era un castillo, impresionante y poderoso, que brillaba en medio de la oscuridad con un halo de magia muy antigua.
Me quedé observándolo. Tenía los muros más altos incluso que la sede de la Hermandad y si no me equivocaba, juraría que estaban hechos de alzí, uno de los materiales más resistentes conocidos en los ocho reinos.
Frente a la entrada principal había dos impresionantes colosos de piedra que representaban a sendos guerreros también de alzí. Parecían dispuestos a dejar caer sus pesadas armas sobre cualquiera que intentara asaltar la fortaleza.
Tras las murallas del castillo destacaba una hermosa torre que daba la sensación de estar construida con oro y joyas. Su estilizado tejado estaba rematado por una enorme aguja que brillaba con un resplandor azulado.
¿Quién viviría allí arriba? Desde el mirador uno casi podría sentirse el dueño del mundo.
[[Presentación de Gideon 1]]
Las arpías comenzaron a gritar, y al escándalo de las arpías pronto se le unió la algarabía del propio Ejército de la Hermandad. ¿Qué estaba ocurriendo ahora? Solo tuve que esperar unos instantes para ver a qué se debía tal alboroto. Entre las cabezas de los soldados emergía una construcción a lo lejos. Era un castillo, impresionante y poderoso, que brillaba en medio de la oscuridad con un halo de magia muy antigua.
Kahli no pudo más que quedarse ensimismada observándolo. Tenía los muros más altos incluso que la sede de la Hermandad. Juraría que estaban hechos de alzí, uno de los materiales más resistentes conocidos en los ocho reinos.
Frente a la entrada principal había dos impresionantes colosos de piedra que representaban a sendos guerreros también de alzí. Parecían dispuestos a dejar caer sus pesadas armas sobre cualquiera que intentara asaltar la fortaleza.
Tras las murallas del castillo destacaba una hermosa torre que daba la sensación de estar construida con oro y joyas. Su estilizado tejado estaba rematado por una enorme aguja que brillaba con un resplandor azulado.
Kahli se preguntaba quién viviría allí arriba. Desde el mirador uno casi podría sentirse el dueño del mundo...
Arkuss levantó la mano.
– ¡Alto! –Gritó.
Kahli no se dio cuenta y se dio de bruces contra la espalda del capitán. Enseguida se llevó las manos a la nariz. Los oficiales y capitanes de los grupos cercanos no tuvieron ningún problema en acatar la orden. En cuestión de segundos el inmenso Ejército de la Hermandad se detuvo. Arkuss se giró entonces y le dedicó una ceñuda mirada sobre su hombro:
– Intenta no hacer más el idiota, aunque solo sea por esta noche.
– ¡Yo no hago el idiota! –Replicó ella indignada por el comentario –. Si estás enfadado no lo pagues conmigo, Arkuss. A mí tampoco me gusta esta situación.
– Tiene gracia que digas eso –el capitán la miró de reojo incrédulo y más enojado que antes–. Estamos así precisamente por tu culpa.
– ¡Ya os lo he repetido mil veces! – Protestó ella gesticulando con las manos para enfatizar sus palabras – ¡Yo no tengo la culpa de lo que pasó con esos repipis engreídos!
Arkuss la fulminó con la mirada.
– Están las cosas bastante calientes ya para que sigas insultando a quien no debes –dijo–. Si por mí fuera, dejaría que los Generales ajustaran las cuentas contigo ahora mismo.
– Los otros Generales tienen cosas más importantes de las que preocuparse –comentó Kahli muy segura de sí misma.
– Sí, por esta noche –añadió el capitán con una ligera sonrisa en los labios–, pero cuando acabe su misión tendrán todo el tiempo del mundo para decidir cómo castigarte.
– Eres un exagerado. Nadie se tomaría tantas molestias por un puñado de estudiantes magullados…
– Eres más tonta de lo que creía – se rió Arkuss sin vergüenza–. Después de tantos años en la Escuela de Brujería y aun no te has enterado de que los puestos de ayudante de General están ocupados por estudiantes, ¿cómo decirlo para que lo entiendas? – Hizo una pausa – Privilegiados…
– ¿Qué quieres decir con eso? –Replicó ella a la defensiva.
– Que la gran mayoría de esos ayudantes son familiares, hijos, primos, hermanos... de gente muy importante, tanto dentro como fuera de la Hermandad –explicó Arkuss regocijándose en sus palabras–. Ahora piensa, ¿cómo se va a tomar la Hermandad que una doñanadie como tú haya dado una paliza a esos estudiantes privilegiados? Has ofendido a muchas familias importantes; Por no hablar de que has dejado sin ayudantes a un gran número de Generales entre nuestras filas y no están muy contentos.
Kahli no respondió. Sabía que estaba metida en un buen lío, aun así no se iba dejar avasallar. Puede que no fuera una estudiante privilegiada, pero si estaba allí como ayudante del mismísimo General Gideon tenía que ser por un buen motivo.
– Se merecían lo que les pasó –dijo ella al cabo del rato. No iba a darle la razón a Arkuss – ¡Querían quitarme del medio para quedarse con mi puesto!
– La que exagera ahora eres tú –replicó el capitán–. Te gastaron una novatada y no supiste encajarla.
– Según tú debería haber dejado que me dieran una paliza ¿no?
– Hubiera sido lo mejor para todos – afirmó él con demasiada sinceridad–. Nosotros estaríamos haciendo nuestro trabajo esta noche y no siendo tus niñeras. Has enfadado a gente que podría matarte sin pensárselo dos veces.
– ¡No se atreverán! –Exclamó Kahli mientras sentía como el vello del cuerpo se le erizaba–. Estoy bajo la supervisión y protección de Gideon. No se enfrentarían al General de la división del Dragón Blanco….
– Cosas más increíbles se han visto… –sentenció el oficial con una sonrisa inquietante.
Ella no se atrevió a decir nada más. No quería creer aquellas palabras, aunque no tenía más que mirar a su alrededor para darse cuenta de que estaba diciéndole la verdad. Si no estuviera en peligro, el General no habría ordenado a sus mejores capitanes que la protegieran precisamente la noche que él más los necesitaba.
Kahli se llevó la mano a la cara. Necesitaría un milagro, uno de los grandes, para poder salir bien parada del lío en el que estaba metida. Maldijo mil veces en silencio la hora en que fue elegida para ser la ayudante del General Gideon.
Estaba tan absorta en sus pensamientos que dio un respingo al oír a varios oficiales gritando órdenes a sus hombres cerca de allí. De repente había mucho movimiento entre las filas de la División del Dragón Blanco.
Llevada por su curiosidad, Kahli se fijó en lo que estaba sucediendo en su entorno. No eran solamente los oficiales y soldados cerca de allí quienes se estaban reagrupando. El resto de Divisiones que constituían el poderoso Ejército de la Hermandad también había empezado a ocupar las posiciones estratégicas que les indicaban sus superiores.
Kahli se puso de puntillas para poder ver algo sobre el hombre de Arkuss. Entre las cabezas de los hombres vio la construcción frente a la que se habían detenido. Era un castillo, impresionante y poderoso, que brillaba en medio de la oscuridad con un halo de magia muy antigua.
Kahli no pudo más que quedarse ensimismada observándolo. Tenía los muros más altos incluso que la sede de la Hermandad y si no se equivocaba, juraría que estaban hechos de alzí, uno de los materiales más resistentes conocidos en los ocho reinos.
Frente a la entrada principal había dos impresionantes colosos de piedra que representaban a sendos guerreros también de alzí. Parecían dispuestos a dejar caer sus pesadas armas sobre cualquiera que intentara asaltar la fortaleza.
Tras las murallas del castillo destacaba una hermosa torre que daba la sensación de estar construida con oro y joyas. Su estilizado tejado estaba rematado por una enorme aguja que brillaba con un resplandor azulado.
Kahli se preguntaba quién viviría allí arriba. Desde el mirador uno casi podría sentirse el dueño del mundo...
[[Presentación de Gideon 2]] Kahli volvió a realidad en cuanto reconoció al jinete que se acercaba Su pose altiva, la melena rubia ondeando, la capa de pieles sobre los hombros y la hermosa cabeza de dragón tallada en el peto de su armadura blanca eran inconfundibles.
– Gideon… –murmuró ella.
A Kahli se le aflojaron ligeramente las rodillas cuando vio que el General azuzaba a su caballo para dirigirse precisamente hacia donde ella se encontraba.
– Cuando el campamento esté levantado escoltad a mi ayudante hasta la tienda de los estrategas y esperad allí mis órdenes para el asalto –dijo Gideon a Arkuss en cuanto alcanzó al grupo y se situó junto al capitán –. Protegedla por encima de todo. –Hizo una pausa y se giró hacia ella–. Es demasiado importante, no podemos correr riesgos...
Kahli apenas escuchó las últimas palabras del General. Estaba demasiado ensimismada contemplando sus ojos claros tan extraños. Gideon tenía una mirada intensa que prometía esconder una infinidad de secretos y ella se preguntaba cuáles podrían ser. Entonces se dio cuenta de que él le sostenía la mirada y no pudo evitar enrojecer por su descaro mientras el corazón se le aceleraba. Muerta de vergüenza la ayudante bajó la cabeza para esconderse detrás de su larga melena oscura, alborotada como también lo estaba su respiración.
Gideon controló a su caballo para que se situara justo al lado de la joven.
– Kahli –la llamó con suavidad, como siempre hacia cuando le hablaba.
– ¿Señor? – Preguntó ella tímidamente, sin atreverse a mirarle.
– No te separes de mi escolta bajo ningún concepto –le ordenó.
– Sí... señor –respondió torpemente.
La ayudante se permitió cruzar de nuevo una mirada tímida con el General quien tenía esa maldita expresión indescifrable. Él no dijo nada más, espoleó a su caballo y se perdió entre las filas de soldados.
Kahli dejó escapar el aire lentamente. Había estado conteniendo la respiración sin darse cuenta. La presencia del General siempre conseguía atontarla y ahora se sentía avergonzada por su comportamiento. Bueno, no era ni mucho menos la única que reaccionaba así delante de él.
Su estómago volvió a protestar rompiendo el hilo de sus pensamientos. Puso una mano sobre su barriga para intentar calmarlo.
– ¡A paseo mi plan! –Murmuró con el gesto torcido–. ¡Voy a cenar informes con relleno de tinta!
Acababa de darse cuenta de que el trabajo que le esperaba esa noche iba a dejarla sin dormir, sin comer y de muy mal humor.
Mientras los soldados a su alrededor se disponían para la batalla Kahli empezó a refunfuñar cosas ininteligibles y metió las manos en los bolsillos de su túnica en una actitud que mostraba claramente su enfado. Entonces sintió de nuevo el pequeño frasquito de cristal que había olvidado.
¿Debía tomarse su medicina ahora o seguir esperando?
[[Sí, era un buen momento. Todo el mundo estaba atareado preparandose para el asalto del castillo]]
[[No, seguía habiendo mucha gente. Si la descubrían...]]
– Cuando el campamento esté levantado escoltad a mi ayudante hasta la tienda de los estrategas y esperad allí mis órdenes para el asalto.
Kahli escuchó esa voz cercana y se le aflojaron las rodillas.
– Gideon… –murmuró ella.
Con timidez, Kahli se atrevió a mirarlo. El General estaba sobre su corcel cerca de Arkuss. Gideon conseguía cortarle la respiración con su pose altiva, melena trigueña suelta, la capa de pieles sobre los hombros y la hermosa cabeza de dragón tallada en el peto de su armadura blanca
- Protegedla de todo mal cuando comience el asalto al castillo. – Continuó hablando Gideon y se giró hacia ella sobre su montura–. No podemos correr riesgos...
Apencas escuché las últimas palabras del General. Estaba demasiado ensimismada contemplando sus ojos claros tan extraños. Gideon tenía una mirada intensa que prometía esconder una infinidad de secretos y yo entonces me preguntaba cuáles podrían ser. Entonces me di cuenta de que él me sostenía la mirada y no pude evitar enrojecer por mi descaro mientras el corazón se me aceleraba. Muerta de vergüenza, bajé la cabeza para esconderme.
Gideon controló a su caballo para que se situara justo al lado de donde yo estaba.
– Kahli –me llamó con suavidad, como siempre hacia cuando me hablaba.
– ¿Señor? – Pregunté tímidamente, sin atreverme a mirarle.
– No te separes de mi escolta bajo ningún concepto –me ordenó.
– Sí... señor –respondió torpemente.
La ayudante se permitió cruzar de nuevo una mirada tímida con el General quien tenía esa maldita expresión indescifrable. Él no dijo nada más, espoleó a su caballo y se perdió entre las filas de soldados.
Kahli dejó escapar el aire lentamente. Había estado conteniendo la respiración sin darse cuenta. Bueno, no era ni mucho menos la única que reaccionaba así delante de él.
Su estómago volvió a protestar rompiendo el hilo de sus pensamientos. Ella puso una mano sobre su barriga para intentar calmarlo.
– ¡Voy a cenar informes con relleno de tinta! –Murmuró con el gesto torcido–.
El trabajo que me esperaba esa noche iba a dejarme sin dormir, sin comer y de muy mal humor.
Mientras los soldados a su alrededor se disponían para la batalla Kahli empezó a refunfuñar cosas ininteligibles. Se negaba a no probar bocado hasta solos los dioses sabían cuando.
¿Debería intentar escabullirse hasta las carretas de la retaguardia y suplicar a Pim, el cocinero algo que llevarse a la boca y de paso sobarnar al viejo Ali para que le dejara buscar otro elixir en su cofre?
[[Sí, no podía aguantar un segundo más sin comer y sin tomarse su elixir]]
[[No, era mejor esperar al momento oportuno. Aguantaría el hambre y la falta de su elixir]]
No sabía si esa noche volvería a tener una oportunidad como aquella, donde por unos minutos nadie parecía prestarle atención, aunque estuviera en medio de una multitud.
Con la habilidad de alguien que ha practicado mucho, abrió el frasquito de cristal con una sola mano aun teniéndolo en el bolsillo. Entonces fingió un bostezo y con esa misma mano se tapó la boca llevando la botellita sujeta con el pulgar. En un movimiento que había repetido miles de veces, echó la cabeza hacia atrás preguntándose, de nuevo, con que sabor le sorprendería Agatha.
Vació el elixir en su boca y...
– ¡Puaj!
¡Sabía a pastilla de jabón amarga y picante! Estaba tan asqueroso que sintió como el líquido le quemaba la garganta al pasar. Su cuerpo reaccionó enseguida y empezó a toser hasta que se le saltaron las lágrimas.
Uno de los hombres de la escolta acudió al rescate de la única manera que se le pasó por la cabeza y le golpeó la espalda tan fuerte con la mano abierta que la dejó sin respiración.
Kahli creía que iba a morir allí mismo.
El capitán intentó ayudarla de nuevo con la misma técnica, pero ella se alejó a toda prisa sin dejar de toser y con la mano levantada para indicarle que la dejara tranquila. Entonces se detuvo y se dobló por la cintura.
¡Cómo podía saber tan mal su elixir!
El resto de capitanes se acercaron. Uno de ellos le dijo no sé qué de tocarse la nariz... o algo parecido; Otro le tendió una cantimplora de agua y el tercero se limitó a frotarle la espalda como sí con eso fuera a conseguir que sus ataques de tos desaparecieran y el líquido dejara de quemarle por dentro.
Kahli intentó erguirse para beber un poco de agua y entonces vio entre los soldados a la mismísima Archibruja Lura. La elfa de cabello rubio platino tenía sus alargados ojos clavados en la joven, sonreía con satisfacción.
Con un elegante movimiento Lura levantó una mano y le mostró a Kahli un frasquito exactamente igual al que contenía sus elixires. El líquido brilló durante unos instantes con un fulgor morado y después se desvaneció. La Archibruja movió los labios pronunciando una extraña palabra: “Drakolía”.
– ¿Qué es lo que ocurre aquí? –El vozarrón de Arkuss distrajo a Kahli durante unos instantes y cuando ella volvió a mirar hacia donde Lura se encontraba la mujer había desaparecido.
– Parece que se ha atragantado…– comentó uno de los capitanes –. ¿Deberíamos avisar al sanador?
– ¡No! – Reaccionó ella, a duras penas.
– ¿Se puede saber qué te pasa? – Preguntó Arkuss esta vez un poco preocupado al ver como el cuerpecillo de la chica no dejaba de sacudirse.
– No... Es... nada... – respondió ella cuando la tos le dio algo de tregua.
– ¡Mentira! –Gritó él–. A ti te pasa algo, tienes muy mala cara.
Kahli intentó responder, pero no pudo. Sintió como algo se rasgaba en su interior. Las piernas le temblaron y cayó de rodillas al suelo.
– ¿Qué es eso? – Preguntó Arkuss con la atención puesta en algo que brillaba en el suelo, junto a ella.
El capitán se arrodilló y recogió un frasquito de cristal vacío. Observó la botellita con el ceño fruncido y miró a Kahli directamente a los ojos.
– ¿Qué demonios te has tomado? –Preguntó muy seriamente.
[[Mentir.]]
[[Contar su secreto. Confiar en el buen juicio del General de la División del Blanco.]]
Kahli permaneció en pie en el interior del círculo que formaban los capitanes de la escolta personal de Gideon. Arkuss hablaba con otros oficiales y de vez en cuando soltaba alguno de sus gritos para dirigir a los hombres bajo su mando.
El capitán está un poco furioso por no poder hacer más y tener que permanecer allí, pero a Kahli tampoco le gustaba que la protegieran como si fuera una cría indefensa. Ya había demostrado que sabía defenderse...
-¡Andando!
Arkuss no le dio tiempo a reaccionar, el hombre la agarró del brazo y tiró de ella hacia la izquierda.
-La tienda de los estrategas ya está en pie.
Kahli no protestó, obedecería las órdenes de Gideon y estaría atenta a encontrar el momento oportuno para poder tomarse su elixir. No debería retrasarlo mucho más si no quería tener problemas muchos más serios de los que ya tenía.
[[La tienda de los Estrategas]]
Examiné lo que había a mi alrededor. Los capitanes no me prestaban demasiada atención. Arkuss hablaba con otros oficiales cercanos y daba algunas órdenes con su fiera voz.
Me agaché con la excusa de atarme los cordones de mis botas altas y comprobé, con alegría, que ninguno de los capitanes me estaba mirando. Estaban sedientos por entrar en la batalla y dejar de hacer de niñera.
Aproveché el momento y me escabullí casi a gatas. La gran cantidad de soldados me ayudó a alejarmee sin demasiados problemas. Arkuss se iba a enfadar mucho, pero me daba igual lo que aquel gruñón dijera.
Corrí entre las Divisiones de de los enanos de arena, de los elfos oscuros y me mantuve bien lejos de los trasgos, los orcos y los brujos rojos.
Llegué hasta la retaguardía donde las carretas con todo el equipaje y las provisiones del ejército ya se habían detenido. Los cadetes más jóvenes y algunos sirvientes se apresuraban a descargar todo lo necesario para levantar el campamento.
Enseguida encontré a Pim, el cocinero. Estaba en lo alto de una carreta dirigiendo a sus pinches para descargar todo lo necesario para la cena..., o el desayuno.
#Khali
¡Pim, Pim, por favor! ¿Tienes un trozo de pan? Estoy muy enferma.
#Pim
¿Khali, qué te pasa? Tienes mala cara.
#Khali
Por favor, ¿tienes algo que llevarme a la boca?
#Pim
Me encantaría ayudarte, pero me voy a meter en problemas, esta va a ser una larga batalla, no deberías estar aquí.
#Khali
Ah...
#
No quería discutir con Pim, iría a buscar mi equipaje.
#Khali
¡Gracias, lo entiendo, pero si muero esta noche será culpa tuya!
#
Fui a buscar mi cofre entre el equipaje personal de Guideon.
...
Ahí estaban mis elixires, resplandecientes.
Con el pulgar, abrí el tapón y me lo tomé de un trago.
...
#Khali
¡¡¡Puaj!!!
#Estaba asqueroso.
#Khali
--COF- -COF-
!!! ¿¿PERO QUÉ???
Miré el frasquito y vi los restos de una luz morada.
Eran restos de magia.
...
#Khali
Lura...
Solo había una persona en toda la Hermandad que usaba ese tipo de magia.
Esto no estaba nada bien. Huí como pude de la escena del delito, pero me encontraba tan mal y confundida que acabé rodeada de soldados que no había visto nunca.
El griterio por el asalto al castillo me martilleaba el cerebro y fui dando tumbos hasta golpear con alguien. Unas manos me sujetaron por los hombros. Alcé la cabeza.
[[encuentro con Gideon]]
Kahli permaneció en pie en el interior del círculo que formaban los capitanes de la escolta personal de Gideon. Arkuss hablaba con otros oficiales y de vez en cuando soltaba alguno de sus gritos para dirigir a los hombres bajo su mando.
El capitán está un poco furioso por no poder hacer más y tener que permanecer allí, pero a Kahli tampoco le gustaba que la protegieran como si fuera una cría indefensa. Ya había demostrado que sabía defenderse...
-¡Andando!
Arkuss no le dio tiempo a reaccionar, el hombre la agarró del brazo y tiró de ella hacia la izquierda.
-La tienda de los estrategas ya está en pie.
Kahli no protestó, obedecería las órdenes de Gideon y estaría atenta a encontrar el momento oportuno para poder tomarse su elixir. No debería retrasarlo mucho más si no quería tener problemas muchos más serios de los que ya tenía.
[[La tienda de los Estrategas]]
– ¡Responde! –Gritó Arkuss–. ¿Qué es esto?
El capitán le mostró el pequeño frasquito de cristal vacío.
–Es para... –Kahli tenía que buscar alguna excusa, rápido – el dolor de... ¿estómago?
– ¿Te crees que soy idiota?
– ¡No! Te estoy diciendo la verdad – insistió ella con la mentira–, pero es que estaba muy malo y...
–Ya veremos lo que dice el General cuando lo examinen –la interrumpió Arkuss mientras se guardaba la botellita con cuidado–. Ahora, andando.
El capitán no le dio más explicaciones. La levantó del suelo con un tirón y después la arrastró entre las filas de soldados. Los otros hombres de la escolta no cuestionaron la decisión de Arkuss en ningún momento; le siguieron adoptando una formación en rombo entorno a ambos
– ¡Anda! –Exigió el capitán apretando más la mano alrededor del brazo de ella.
[[La tienda de los Estrategas a medio montar]]– ¡Responde! –Gritó Arkuss–. ¿Qué es esto?
El capitán le mostró el pequeño frasquito de cristal vacío.
–Es para...
-¡Habla!
-Es para mi enfermedad...
-¿De qué estás hablando? ¿Qué enfermedad es esa de la que nadie nos ha informado? ¿Gideon está al corriente de todo esto? ¿Y el Sanador?
-Bueno... -Kahli intentaba ganar tiempo para solucionar el problema en el que ella misma se había metido por decir la verdad-. Solo Agatha sabe de mi enfermedad... -Añadió en un susurro.
-¿Agatha? ¿Quién ese Agatha? ¿Dónde está?
-Es mi hermana y por desgracia no me acompaña... Ella podría explicarlo todo mejor que yo.
-No será necesario. El Sanador se encargará de decirnos todo lo que necesitabamos saber.
El capitán no le dio más explicaciones. La levantó del suelo con un tirón y después la arrastró entre las filas de soldados. Los otros hombres de la escolta no cuestionaron la decisión de Arkuss en ningún momento; le siguieron adoptando una formación en rombo entorno a ambos
– ¡Anda! –Exigió el capitán apretando más la mano alrededor del brazo de ella.
[[Contar su secreto. Confiar en el buen juicio del General de la División del Dragón Blanco.]]–Tendréis que esperar un poco... – Kahli escuchó esas palabras tímidas y miró hacia delante.
Acababa de hablar un chico de su misma edad, rubio y vestido de blanco y azul, con el emblema del Dragón blanco bordado sobre su pecho.
–Todavía no hemos terminado de montar la tienda de los estrategas... –añadió casi en un susurro.
– ¡Pues daros prisa! –Gritó Arkuss.
El joven asintió con la cabeza y se apresuró a obedecer.
Kahli había estado dándole tantas vueltas a las cosas que apenas se había dado cuenta de cómo Arkuss la había conducido hasta la elevada tarima donde se levantaba la tienda de los estrategas, o parte de ella. Lo único que parecía en su sitio eran los estandartes con el emblema del Dragón a cada lado de la entrada, donde el mismo símbolo se repetía en la tela que hacía las veces de puerta.
Arkuss entró en la tienda y dejó escapar un largo suspiro de desaprobación. La lona estaba sin asegurar, las juntas eran tan grandes en las paredes que podía haberse colado una persona y la estructura secundaria de sujeción todavía estaba a medio montar.
– Los postes maestros están bastante bien – afirmó el capitán después golpearlos con el pie un par de veces–. Será suficiente. –Entonces se giró hacia Kahli–. ¡Espera aquí! –Ordenó con brusquedad –. Y por tu propio bien, no hagas más tonterías esta noche.
Arkuss la soltó de golpe y le dio la espalda. En cuanto el capitán abandonó la tienda ella le dedicó la mueca más desagradable que se le pasó por la cabeza. Me hubiera gustado gritarle un par de cosas más, pero no me sentía de humor para enzarzarme en otra discusión con él, era agotador.
Entonces eché un rápido vistazo alrededor. Era la primera vez que estaba en la tienda de los estrategas a medio montar y me preguntaba cómo aquel desastre de maderas, cuerdas, baúles, cajas y demás trastos podía convertirse en el centro neurálgico del Ejército de la Hermandad. Si ni si quiera habían montado la gran mesa con los mapas. En ese momento reparé en los tres cadetes que me miraban con curiosidad desde el otro extremo del recinto.
–Hola –saludó ella para romper el silencio.
–Hola –le respondió el chico más alto, un elfo con el cabello alborotado y que sujetaba un poste de madera para que los demás terminaran de atar la parte inferior de la lona.
El cadete más serio de los tres, el humano que había informado a Arkuss, le golpeó la rodilla a su compañero para llamarle la atención.
–Niem, no hables con ella –dijo mirándola de reojo– o nos meterás en un lío.
– ¿Y eso por qué, listillo? –Inquirió el elfo adoptando un aire desafiante.
– ¿No sabes quién es? –Se sorprendió el chico humano.
Los tres la miraron con renovado interés.
– ¡Qué pasa! –Respondió ella molesta por el descaro con el que la estaban examinando desde la cabeza hasta la punta de sus botas.
–No me suena –dijo Niem al cabo del rato e ignorando por completo la incomodidad de Kahli.
–Es la ayudante del General Gideon – empezó a explicar su compañero–. La semana pasada les dio una paliza a otros cinco ayudantes mayores que ella –continuó cotorreando–. Según dicen por ahí, los Generales están muy enfadados, sobre todo la General de las Arpías.
– ¡Vaya! – Exclamó el elfo y le dirigió una mirada de admiración.
– ¿Seguro? – Preguntó el cadete más joven de los tres, un enano de grandes ojos azules quien no creía las palabras de su compañero–. Pero si es una cría esmirriada...
Kahli lo fulminó con la mirada.
–Si quieres, te enseño lo que le hice a esos engreídos... –dijo ella, adoptando una postura desafiante que le costó mantener por culpa de las molestias de su estómago y el dolor de cabeza.
El enano dio un paso hacia atrás intimidado, había visto algo en su expresión o quizás en sus ojos. No estaba muy seguro.
– ¡Venga! – Intervino el humano para romper la tensión del momento – ¡A trabajar!
Los tres cadetes se centraron en su tarea y yo los ignoré también. Tenía demasiadas cosas dándole vueltas por la cabeza mucho más importantes que demostrarle a un enano ignorante que no era tan inofensiva como mi aspecto aniñado podía sugerir.
Kahli buscó entonces el rincón más apartado que pudo encontrar. La penumbra de la tienda le recordó un poco a las secciones antiguas de la biblioteca de la escuela de Brujería. Aunque detestaba ese sitio, ahora me lamentaba por no haber prestado más atención a los hechizos que Agatha se esforzaba por enseñarme cuando me obligaba a acompañarla hasta allí. Tenía que haber copiado también el que servía para ir de un sitio otro. Ahora lo utilizaría para largarme de allí.
Por ahora estaba obligada a quedarse precisamente donde estaba, sentada sobre unas cajas de madera y de espaldas a los cadetes. Con mucho cuidado saqué uno de sus elixires de los bolsillos secretos donde los llevaba ocultos. Examiné el vial, a simple vista todo parecía estar bien- hasta que lo agité con fuerza. Ocurrió exactamente lo mismo que Lura me había mostrado: el líquido transparente brilló durante unos segundos con un fulgor morado antes de volver a su estado normal.
Destapé el frasco y con mucho reparo me lo llevé a la nariz. El olor era igual de asqueroso que el sabor a jabón amargo y picante del elixir que me había tomado antes.
– ¡Maldita hija de una arpía sarnosa! – Murmuró un tanto desanimada mientras se frotaba las sienes para intentar aplacar su horrible dolor de cabeza.
Kahli comprobó el resto de sus elixires y obtuvo el mismo resultado. Si Lura había manipulado todas mis medicinas era porque sabía perfectamente la fórmula del compuesto y para qué se usaba.
Tan enojada estaba que estrellé contra el suelo dos de los viales que tenía en la mano. Las botellitas se rompieron en mil pedazos y el líquido se derramó sobre la madera impregnando el aire con ese asqueroso aroma. Los cadetes se sobresaltaron por el ruido. La miraron con curiosidad durante unos instantes mientras ella se inclinaba hacia delante, apoyaba los codos en la rodillas y la cabeza en las manos sin dejar de murmurar maldiciones.
La Archibruja conocía mi enfermedad.
Un escalofrío sacudió a Kahli de arriba abajo.
– ¡Cómo he podido ser tan tonta! – Se dijo a sí misma–. Al final Arkuss va a tener razón...
Tenía ganas de gritar y golpear todo lo que había a su alrededor, pero se contuvo. Respiró profundamente unas cuantas veces.
– ¡Piensa! ¡Piensa! –Se repetía en un murmullo, una y otra vez.
No sabía cuáles eran las intenciones de Lura, aunque conociendo su reputación seguro que no tendría nada bueno en mente.
Kahli sentía la amenaza, sentía el peligro y algo se revolvió dentro de ella para darle la razón. Entonces dejó escapar un largo suspiro. Había llegado el momento que llevaba temiendo durante los últimos años: tenía que tomar una decisión que condicionaría el resto de su vida.
La opción más fácil sería seguir donde estaba y rezar a los Dioses para que Gideon me defendiera y protegiera como lo había estado haciendo hasta ese momento; para que las intenciones de la Archibruja no fueran tan oscuras como me imaginaba. Pero a quién quería engañar, Lura no se había convertido en la General de las Arpías por ser una bruja buena.
Decidirme por el camino más difícil significaba hacer caso a Agatha y desertar de la Hermandad de los Dragones, con todas sus consecuencias.
Kahli nunca pensó que llegaría a este punto de inflexión en su vida. La decisión no era simple, sin embargo sentí que se me empañaban los ojos incluso antes de haber elegido. Desde que abandoné la sede de la Hermandad supe que jamás volvería a ver a Agatha.
Kahli se limpió las lágrimas con rabia. No iba a llorar. No era el momento. Además, su hermana le hubiera dado una colleja, si hubiera estado allí, por ser tan pusilánime. Sorbió por la nariz y se irguió. Estaba decidida a marcharse de allí, costara lo que costase. No importaba que ahora estuviera recluida en la tienda de los estrategas, vigilada por algunos de los mejores hombres de la división del Dragón Blanco y situada en el mismo centro del Ejército. Encontraría la manera de marcharse.
Un estruendo arrancó a Kahli de sus pensamientos y la devolvió a la realidad. El ruido había sonado demasiado cerca y parecía que también había avivado el griterío del Ejército fuera de la tienda. Llevada por su curiosidad se acercó hasta la entrada y retiró la tela. Al otro lado, como ya esperaba, encontró a Arkuss y el resto de su escolta. El capitán le lanzó una mirada de advertencia.
–Tranquilo –le respondió ella con retintín–, no voy a salir corriendo.
Kahli recibió un gruñido a modo de respuesta y ambos decidieron ignorarse.
La situación de la tienda de los estrategas era de las mejores dentro del campamento. Se encontraba sobre una estructura de madera que permitía contemplar como el poderoso Ejército de los Dragones se había desplegado frente al hermoso castillo envuelto en magia antigua.
De momento, Kahli había dejado de lado sus planes de huida porque aún no había visto la manera de llevarlos a cabo. Mientras tanto tenía su atención puesta en el campo de batalla pues era la primera vez en su vida que veía algo así: Las catapultas de los elfos oscuros no dejaban de disparar salvas de proyectiles hacia el castillo. Sus ataques se estrellaban contra la barrera invisible que protegía toda la fortaleza y las impresionantes detonaciones iluminaban la noche más oscura de todo el año con fulgores verdosos.
A pesar de la gran distancia que había entre el campo de batalla y la tienda de los estrategas Kahli podía sentir como su cuerpo se estremecía con cada nueva explosión.
Los tres cadetes no tardaron en abandonar sus tareas y salir afuera. El ruido de los ataques también había despertado su curiosidad por saber qué estaba pasando.
– Os apuesto el pan de la cena de esta noche a que la barrera mágica aguantará sólo dos ataques más –dijo Niem con una sonrisa.
Los capitanes los miraron de reojo.
– ¿Se puede saber que hacéis aquí perdiendo el tiempo? – Preguntó Arkuss con esa expresión de pocos amigos que siempre tenía en la cara. – ¡Acabad de una vez de montar la tienda!
Los tres cadetes dieron un respingo y volvieron al interior sin replicar.
Al cabo de unos instantes, Kahli vio como la cortina de le entrada se apartaba ligeramente y Niem asomaba la cabeza con timidez para asegurarse de que los capitanes, y sobre todo Arkuss, estaban distraídos con el asalto. Y como así era, el elfo avisó a sus compañeros y los tres se colocaron de manera que pudieran soltar la lona de la entrada para ocultarse si los descubrían. Por ahora tenían la suerte de poder disfrutar de la batalla que observaban con los ojos brillantes de emoción.
–Os apuesto el pan de mi cena –repitió el más alto a sus compañeros en un susurro–, a que sólo con dos oleadas más de proyectiles la barrera mágica caerá. ¿Tú que dices, Roy?
–Parece magia antigua –replicó su compañero en un leve murmullo–, yo creo que harán falta por lo menos de cuatro a cinco ataques para tirarla abajo.
– ¿Cuatro o cinco? –Pregunto el elfo –. Tienes que elegir.
– ¡Cinco! –Se apresuró a responder el humano.
– Yo haré de juez –habló entonces el enano–. No quiero jugarme el pan.
La primera oleada de ataques acababa de empezar y la magia que protegía al castillo parecía debilitarse con cada nuevo impacto. En apenas unos segundos la barrera se hizo visible y ya mostraba grandes grietas que se extendieron rápidamente por toda la superficie, pero no cayó. En los puntos más debilitados de la protección pudieron verse unos rayos rojos que se centraban para reforzar la zona y evitar que los ataques alcanzaran su objetivo.
Hubo una leve pausa antes del siguiente ataque. Una enorme flecha de fuego salió disparada de su catapulta a gran velocidad. Cruzó el cielo hasta que su punta atravesó la protección mágica del castillo. La barrera estalló en pedazos con un sonoro estruendo mientras el proyectil arrancaba parte del tejado de la torre más alta de la fortaleza y después se perdía en la oscuridad de la noche.
Todo el Ejército de los Dragones celebró esta pequeña victoria con gritos de alegría y levantando las armas. Los trolls se golpearon el pecho mientras rugían y los enanos oscuros hicieron sonar sus peculiares trompas desafinadas.
– ¡Maldita sea! –Se lamentó Roy por haber perdido–. ¡La magia antigua es una birria!
–Es magia arcaica ¿qué esperabas? –Inquirió el enano.
–Que fuera más poderosa.
–Todo el mundo sabe que no es así ¿verdad? – Preguntó Niem dirigiéndose hacia Kahli.
Ella lo miró sorprendida de que después de lo que había pasado antes aún se atreviera a hablarle.
–Supongo... –respondió ella mientras se encogía de hombros desde el otro lado de la entrada de la tienda.
En realidad la magia antigua sí era mucho más poderosa que la actual, sin embargo si los hechizos no se mantenían al día ocurría lo que acababa de pasar con la barrera que protegía al castillo: la magia se debilitaba, o eso le había contado Agatha.
¡Cuánto la iba a echar de menos!
– ¡Qué demonios es eso! –Exclamó Arkuss dando un paso al frente.
Todos miraron hacia la muralla y se quedaron perplejos. Nadie esperaba un contraataque, al menos no tan rápido. El ruido de algo pesado moviéndose precedió a la imagen de diez enormes estatuas de piedra saltando los muros del castillo con una agilidad impresionante. Sus pesados cuerpos cayeron sobre la vanguardia del Ejército sin darles tiempo a reaccionar.
– ¡Gólems! – Exclamó alguien incrédulo.
Por si las diez estatuas, dos veces más grandes que los trolls del Ejército, no fueran suficiente se le sumaron los dos colosos de piedra alzí que eran tal altos como la muralla del propio castillo.
Kahli abrió los ojos sorprendida. Se preguntaba qué clase de magos habría en la fortaleza para poder crear a tantos gólems, y sobre todo, a gólems de alzí.
– ¡Qué no avancen! –Gritaban los tenientes y capitanes cerca de allí.
Las estatuas cayeron sobre el campo de batalla causando grandes estragos. Cada nuevo ataque se saldaba con innumerables víctimas en las primeras filas del Ejército. Mientras que los gólems de alzí no se habían movido apenas de su lugar. Flanqueaban la puerta de entrada al castillo con sus armas preparadas para caer sobre los invasores.
– ¡Dejad paso al Gran Brujo Isrym! –Se escuchó por otro lado.
Las filas del Ejército de la Hermandad se fueron abriendo para dejar paso a la figura estilizada del Gran Brujo. Iba seguido de sus hechiceros oscuros quienes se dividieron en varios grupos para desplegarse alrededor de los mortíferos gólems de piedra.
– ¡Lanzad a las Dreidres! – Se escuchó el eco de la orden a la izquierda.
Kahli miró hacia ese lado. Vio como las exploradoras se preparaban para el ataque. Subían de un salto a la cuchara de la catapulta de su División y en segundos un hechizo verde las envolvía en el interior de una esfera mágica. Rápidamente eran lanzadas contra el castillo.
Muchos de esos proyectiles volaron por encima de las estatuas de piedra, de los muros de alzí y se incrustaron en la estructura principal de la fortaleza. Otros, sin embargo, no tuvieron tanta suerte y se estrellaron contra los golems, el suelo o rebotaron contra la muralla del castillo.
– ¡Ahí van nuestras exploradoras! –Comentó Roy dando un paso hacia fuera de la tienda para poder ver mucho mejor a las Dreidres.
–Son capaces de no dejar nada para cuando nosotros lleguemos –replicó el enano, saliendo también a fuera.
– Ni que fuéramos a pisar el castillo... –dijo con desánimo Niem mientras cruzaba los brazos y se situaba un poco más delante de sus compañeros.
Los tres cadetes se estaban dejando llevar tanto por las emociones de la lucha que habían perdido el miedo a la posible reprimenda que les iba a caer en cuanto Arkuss los viera plantados en la tarima y sin atender a sus obligaciones.
– ¿Qué es eso? –Preguntó con curiosidad el chico enano atreviéndose a dar otro paso hacia delante para ver mejor.
La atención de todos regresó al campo de batalla. De repente aparecieron infinidad de círculos mágicos de color rojo alrededor de los cuerpos y extremidades de los gólems.
Kahli se fijó enseguida en los brujos, divididos en tantos grupos como estatuas había. Intentaban mantener la distancia de seguridad para finalizar sus complejos hechizos con la ayuda de la División de los trolls y los proyectiles de las máquinas de guerra que todavía estaban intactas.
Entonces, varios gólems cayeron al suelo por la fuerza de los ataques. Los hechiceros supieron aprovechar esta ventaja y se apresuraron a terminar el hechizo. Los círculos mágicos se cerraron sobre las estatuas y cortaron la roca como si fuera mantequilla. En segundos varios gólems quedaron reducidos a un montón de escombros irreconocibles.
Todo el Ejército de la Hermandad celebró la destrucción de las estatuas con gritos de alegría.
Entonces Kahli se dio cuenta de un pequeño detalle: todos los que se hallaban en la plataforma de la tienda de los estrategas estaban ensimismados por la lucha y nadie le prestaba la menor atención a ella. Ni si quiera Arkuss. El capitán se encontraba al borde de la tarima junto al resto de la escolta personal de Gideon. Los cadetes, llevados por la emoción, se habían alejado de la tienda también unos cuantos pasos sin dejar de comentar cada detalle de lo que estaban viendo.
Kahli no podía haber encontrado mejor momento para sus planes. Sin embargo aún dudaba y se mordió el labio inferior por el nerviosismo. Notó como sus dientes se hincaban en la carne con demasiada facilidad y un sabor metálico llenaba su boca. Se llevó la mano a los labios y después miró sus dedos con sorpresa, estaban manchados de sangre. No había apretado tan fuerte... Daba igual. No podía perder tiempo en tonterías. Tenía que decidirse de una vez. Echó un último vistazo a los gólems. Todos habían caído bajo el ataque de los brujos, todos menos los dos colosos de alzí. Vencerlos iba a ser mucho más complicado y quizás ellos podrían darle toda la ventaja que necesitaba.
Kahli dio varios pasos hacia atrás, muy despacio, hasta que regresó al interior de la tienda de los estrategas sin que nadie se diera cuenta. Ahora estaba sola y tan nerviosa que se retorcía las manos, hasta que sintió un arañazo en la palma de la mano derecha.
– ¡Ay!
Enseguida miró hacia abajo. Vio sangre en la herida y en las uñas convertidas en garras de su otra mano.
– ¡No! –Susurró aterrorizada y su voz se perdió en el estruendo del asalto del exterior.
– ¡Isrym es el mejor! –gritó uno de los cadetes muy alegre.
Kahli sabía que se le acababa el tiempo y la fuerza que se revolvía en su interior tomó control de su cuerpo durante unos instantes en los que la dirigió hacia el poste donde los cadetes habían estado trabajando antes. La lona no estaba asegurada y un ligero viento agitaba la tela con una clara invitación a huir.
[[Huir]]
[[Quedarse y salir fuera para ver la lucha de los golems]]
Efectivamente, la tienda de los estrategas ya estaba montada.
De fondo se escuchaban gritos.
La Hermandad está asaltando el castillo con proyectiles mágicos y pronto caería la barrera de proctección.
El castillo, como respuesta, dio vida a unos golems de piedra enormes que se enfrentaron a los atacantes.
#Arkuss
¡Entra dentro!
Tú tienes que estar en la tienda. Estaremos fuera vigilando.
#Khali
...
A la orden.
[Todo está en su sitio, en orden. La mesa con el mapa de las estrategias está montada, varias sillas. La pequeña mesa donde desempeñaba mi trabajo también estaba puesta en el lugar de siempre, en un rincón apartado para no molestar pero lo bastante cerca como para enterarme de todo lo que se discutía allí dentro.]
#
Con paso lento me acerqué hasta el escritorio y empecé a prepararme para la larga noche que me esperaba.
[Saqué el tintero, varias plumas y muchas hojas de papel. Desde que la Hermandad descubrió esta nueva técnica los pergaminos quedaron atrás, en las bibliotecas.]
Al cabo de unos minutos... [[Llega Gideon acompañado de Lura]]Contar el secreto:
"Kahli se toma ese preparado todos los días porque de lo contrario empiezan a pasarle cosas extrañas. Se convierte casi en un montruo que le va quitando poco a poco el control sobre sí misma.
Según Agatha siempre fue así y ninguna de las dos sabe el motivo."
---
Arkuss la coge del brazo y se la lleva a la tienda de los Estrategas, donde había quedado con Gideon.
Durante el recorrido Kahli no sabe que hacer.
[[Suplicar a Arkuss que no cuente su secreto a Gideon]]
[[No decir nada]]Khali aprovecha la situación para huir de la tienda. Mientras corre lejos del lugar se escucha de fondo el sonido de metales chocando y cañonazos. La batalla había empezado.
De golpe, se encuentra de frente con dos arpías que le enseñan los dientes amenazantes.
[[ARPÍAS GRAN BATALLA]]
(Kahli ve el combate junto con los demás.
Arkuss se da cuenta de que los ayudantes no han terminado de montar la tienda y les echa la bronca)
Los ayudantes terminan de montar la tienda.
Kahli ve que todo está en su sitio, en orden. La mesa con el mapa de las estrategias está montada, varias sillas. La pequeña mesa donde ella desempeñaba su trabajo también estaba puesta en el lugar de siempre, en un rincon apartado para no molestar pero lo bastante cerca como para enterarse de todo lo que se discutía allí dentro.
Con paso lento se acercó hasta su escritorio y empezó a preparser para la larga noche que le esperaba. Sacó el tintero, varias plumas y muchas hojas de papel. Desde que la Hermandad descubrió esta nueva técnica los pergaminos quedaron atrás, en las bibliotecas.
Al cabo de unos minutos... [[Llega Gideon acompañado de Lura]]Kahli se arma de valor e intenta convencer, razonar con Arkuss de que no le diga nada a Gideon. Tiene que encontrar la manera de conectar con el soldado.
(Esto podría ser un minijuego en el que Kahli piensa en distintos argumentos que podría decirle a Arkuss para convencerlo. Podrían ser como cinco argumentos y si fallas más de dos decide decirselo todo a Gideon. Si no fallas lo convences para que te guarde el secreto y tienes la posibilidad de seguir con él)
[[No lo convences]]
[[Sí lo convences]]
Si no dice nada, Arkuss la lleva hasta
[[La tienda de los Estrategas montada 2]]Te lleva hasta
[[La tienda de los Estrategas montada 2]]Arkuss la lleva hasta la tienda de los Estrategas que ya está montada.
De fondo se escuchan gritos, la Hermandad está asaltando el castillo con proyectiles mágicos y pronto cae la barrera de proctección.
El castillo, como respuesta lanza a unos golems de piedra enormes que se enfrentan a los atacantes. Pero Kahli no puede ver nada más porque Arkuss la mete dentro de la tienda.
Todo está en su sitio, en orden.
De fondo se escuchan gritos, la Hermandad está asaltando el castillo con proyectiles mágicos y pronto cae la barrera de proctección.
El castillo, como respuesta lanza a unos golems de piedra enormes que se enfrentan a los atacantes. Pero Kahli no puede ver nada más porque Arkuss la mete dentro de la tienda.
Todo está en su sitio, en orden.
De fondo se escucha la lucha, la batalla. Los gritos de los soldados que animan al Gran Brujo Isrym en un combate sin igual.
Kahli se asoma timidamente a la entrada para ver la lucha de los golems. Cruza una mirada de complicidad con Arkuss y los dos, en silencio observarn el combate.
Isrym sale victorioso y en ese instante [[Llega Gideon 2]]Arkuss te trae hasta la tienda de los Estrategas que ya está montada.
De fondo se escuchan gritos, la Hermandad está asaltando el castillo con proyectiles mágicos y pronto cae la barrera de proctección.
El castillo, como respuesta lanza a unos golems de piedra enormes que se enfrentan a los atacantes. Pero Kahli no puede ver nada más porque Arkuss la mete dentro de la tienda.
Todo está en su sitio, en orden.
De fondo se escucha la lucha, la batalla. Los gritos de los soldados que animan al Gran Brujo Isrym en un combate sin igual.
Kahli se asoma timidamente a la entrada para ver la lucha de los golems. Le da vueltas a su situación, no está dispuesta a confesar su secreto.
Isrym sale victorioso y en ese instante [[Llega Gideon 1]]
Arkuss no le cuenta a Gideon lo que ha hecho.
Gideon la ve tan mal que se la lleva a su tienda privada que ya está en pie. La deja en su camastro y manda llamar a Lura.
Durante ese tiempo Gideon pregunta a Kahli qué le ocurre, qué ha pasado.
(Gideon tiene que estar muy atento y preocupado)
¿Le cuentas la verdad?
[[No, sólo Arkuss y yo podemos saberlo]]
Arkuss le cuenta a Gideon lo que Kahli ha hecho.
Gideon la ve tan mal que se la lleva a su tienda privada que ya está en pie. La deja en su camastro y manda llamar a Lura.
[[Ceremonia en la tienda de los Estrategas ARK]] Los ojos de la Archibruja brillaron intensamente. Sus labios dejaron escapar unas cuantas palabras y entonces sentí cómo alrededor de mi cuello se cerraban unas garras invisibles. Luché por soltarme, pero el conjuro era poderoso y poco podía hacer para evitar que la magia oprimiera mi garganta.
– Por suerte para ti no lo haré. –Lura se irguió con superioridad–. Por ironías de la vida no puedo castigarte como te mereces.
La presión en el cuello desapareció tan rápido como había aparecido. Tosió un par de veces hasta que recupero el ritmo de su respiración. Lura acababa de demostrarme una ínfima parte de su poder y me estaba dejando muy claro que si seguía viva era por una buena razón.
Algo me hizo estremecer. Algo que en mi interior volvió a agitarse, esta vez con tanta fuerza que sentí un pinchazo en uno de los laterales de la cabeza. El dolor fue tan agudo que tuvo que cerrar el ojo izquierdo y llevarse la mano hasta la sien para intentar aliviar la molestia.
– Duele ¿verdad? – Lura sonrió–. Te diría que si no te resistes todo será más fácil, pero te estaría mintiendo.
La Archibruja dio unos cuantos pasos hacia delante y sus botas de tacones de aguja metálicos brillaron entre la oscuridad de su atuendo. Se detuvo frente a mí y sentí el gran poder que emanaba de la Archibruja. Era sobrecogedor.
– Ya ha empezado –dijo la mujer mientras cogía la mano izquierda de la joven.
Kahli no se resistió, continuaba sintiéndose paralizada ante la presencia de Lura.
– Ni tu ni nadie puede detener el proceso... –La Archibruja susurró las palabras con la atención puesta en los dedos deformados que estaban quedando al descubierto–. Ni si quiera tu preciado elixir podrá salvarte después de haber ingerido mi poción.
La Archibruja depositó un pequeño frasquito en la palma de mi mano, ahora convertida en garra.
Reconocí el vial y vi que el líquido en su interior no era transparente, sino que brillaba con la magia morada de la General de las Arpías.
– Es hora de despertar a la Drakolía –dijo la Archibruja con una gran sonrisa de dientes blancos.
Kahli miraba con horror la botellita que había en su mano izquierda transformada en garra. El elixir todavía brillaba con el fulgor morado de los hechizos de la Archibruja.
– ¿Qué me has hecho?
–Despertarte –respondió Lura con una leve sonrisa.
Un escalofrío subía por mi espalda. Tenía que salir de allí, no había otra alternativa. Quedarse significaba firmar mi propia sentencia de muerte.
–Nurabu, Kim. –Lura pronunció esos nombres en voz alta.
Por delante tenía a Lura y dos hombres que acababan de salir de la tienda del fondo. Me fijé en ellos, el primero parecía un simple humano rubio, mientras que el segundo era sin duda de la raza de los khums, conocidos también como los hombres bestia por su habilidad de transformación.
Ambos tenían la mirada opaca, sin brillo, como si estuviera perdida en un punto lejano que solamente ellos podían ver. La magia morada de Lura se había apoderado de esos ojos vacíos y palpitaba muy despacio.
Los hombres se situaron detrás de la Archibruja, con la cabeza baja y los brazos colgando a ambos lados del cuerpo. Parecían dos estatuas, una de marfil y otra de bronce, vestidas con una falda negra y larga con el escudo de las arpías en su parte central. El resto de sus fuertes cuerpos estaba cubierto por todo tipo de ornamentaciones plateadas: cadenas, pulseras, brazaletes, collares… y sobre sus pechos brillaban sendas runas que latían al mismo ritmo que la magia de sus ojos.
–Llevadla a mi tienda –ordenó la Archibruja sin girarse hacia los recién llegados.
Los dos esclavos se irguieron para obedecer. Di un paso atrás pero ya estaban sujetándome por los brazos.
[[Luchar, resistirse]]
[[Rendirse ante Lura]]Hay una lucha entre Kahli y las arpias.
La gran arpia Utiel consigue capturarla y se la lleva volando hasta donde se ha levantando el campamento de las arpías, a una distancia prudencial del castillo, casi en el límete izquierdo de la meseta.
Kahli tenía miedo. La Archibruja le imponía con esa mirada intensa de ojos morados que palpitaban con la magia que corría por sus venas.
– Creía que eras más inteligente –dijo Lura con menosprecio–. Pero no eres más que otra sanguijuela que quiere aprovecharse de la Hermandad.
Kahli no terminaba de entenderla. Se le había acelerado el corazón tanto que casi podía oírlo latir.
Lura acarició a las dos arpías que estaban situadas a ambos lados de la entrada a su tienda. Las criaturas le respondieron suavemente mientras ella volvía a hablar:
– Después de todos los años y recursos que la Hermandad ha invertido en una patética niña sin un ápice de talento para la magia como tú –dijo sin poder esconder su desaprobación– ¿te atreves a abandonarnos cuando todo ese esfuerzo por fin tendrá sentido?
– Yo... – balbuceó Kahli sin saber muy bien qué decir o hacer, se sentía paralizada ante la Archibruja.
– Debería arrancarte la cabeza por desertora –afirmó Lura mientras extendía una sola mano hacia delante–. Aquí, ahora mismo.
Los ojos de la Archibruja brillaron intensamente. Sus labios dejaron escapar unas cuantas palabras y entonces Kahli sintió como alrededor de su cuello se cerraban unas garras invisibles. La joven luchó por soltarse, pero el conjuro era poderoso y poco podía hacer ella para evitar que la magia oprimiera lentamente su garganta.
– Por suerte para ti no lo haré. –Lura se irguió con superioridad–. Por ironías de la vida no puedo castigarte como te mereces.
La presión en el cuello de Kahli desapareció tan rápido como había aparecido. Tosió un par de veces hasta que recupero el ritmo de su respiración. Lura acababa de demostrarle una ínfima parte de su poder y le estaba dejando muy claro que si seguía viva era por una buena razón.
Kahli se estremeció entonces y ese algo en su interior volvió a agitarse, esta vez con tanta fuerza que sintió un pinchazo en uno de los laterales de la cabeza. El dolor fue tan agudo que tuvo que cerrar el ojo izquierdo y llevarse la mano hasta la sien para intentar aliviar la molestia.
– Duele ¿verdad? – Lura sonrió–. Te diría que si no te resistes todo será más fácil, pero te estaría mintiendo.
La Archibruja dio unos cuantos pasos hacia delante y sus botas de tacones de aguja metálicos brillaron entre la oscuridad de su atuendo. Se detuvo frente a Kahli y la joven sintió el gran poder que emanaba de la Archibruja. Era sobrecogedor.
– Ya ha empezado –dijo la mujer mientras cogía la mano izquierda de la joven y empezaba a retirar la venda con tranquilidad.
Kahli no se resistió, continuaba sintiéndose paralizada ante la presencia de Lura.
– Ni tu ni nadie puede detener el proceso... –La Archibruja susurró las palabras con la atención puesta en los dedos deformados que estaban quedando al descubierto–. Ni si quiera tu preciado elixir podrá salvarte después de haber ingerido mi poción.
La Archibruja depositó un pequeño frasquito en la palma de la mano, ahora convertida en garra, de Kahli. La chica reconoció el vial y vio que el líquido en su interior no era transparente sino que brillaba con la magia morada de la General de las Arpías.
– Es hora de despertar a la Drakolía –dijo la Archibruja con una gran sonrisa de dientes blancos.
Sus criaturas gritaron excitadas.
Kahli miraba con horror la botellita que había en su mano izquierda transformada en garra. El elixir todavía brillaba con el fulgor morado de los hechizos de la Archibruja.
– ¿Qué me has hecho?
–Despertarte –respondió Lura con una leve sonrisa.
Kahli sintió un escalofrío subir por su espalda. Tenía que salir de allí, no había otra alternativa. Quedarse significaba firmar su propia sentencia de muerte.
–Nurabu, Kim. –Lura pronunció esos nombres en voz alta.
La joven apenas le prestó atención. Estaba más preocupada en encontrar la posible ruta de escape del campamento de la División de las Arpías. Itiel seguía a su espalda y le impedía salir corriendo hacia la tienda de los Estrategas, donde se suponía que debería de estar en ese momento; Tampoco había salida posible por los lados porque un centenar de arpías continuaban vigilándola desde sus postes y cuerdas, a una orden de la Archibruja se le echarían encima para hacerla pedazos. Y por supuesto, por delante tenía a Lura y dos hombres que acababan de salir de la tienda del fondo. Kahli se fijó en ellos, el primero parecía un simple humano rubio, mientras que el segundo era sin duda de la raza de los khums, conocidos también como los hombres bestia por su habilidad de transformación.
Ambos tenían la mirada opaca, sin brillo, como si estuviera perdida en un punto lejano que solamente ellos podían ver. La magia morada de Lura se había apoderado de esos ojos vacíos y palpitaba muy despacio.
Los hombres se situaron detrás de la Archibruja, con la cabeza baja y los brazos colgando a ambos lados del cuerpo. Parecían dos estatuas, una de marfil y otra de bronce, vestidas con una falda negra y larga con el escudo de las arpías en su parte central. El resto de sus fuertes cuerpos estaba cubierto por todo tipo de ornamentaciones plateadas: cadenas, pulseras, brazaletes, collares… y sobre sus pechos brillaban sendas runas que latían al mismo ritmo que la magia de sus ojos.
–Llevadla a mi tienda –ordenó la Archibruja sin girarse hacia los recién llegados.
Los dos esclavos se irguieron para obedecer. Kahli dio un paso atrás y se tropezó contra Itiel. La arpía soltó un graznido de advertencia, levantó las alas y las agitó con fuerza, no iba a ceder un milímetro. La joven se giró rápidamente hacia los dos hombres que ya casi estaban encima de ella.
[[Luchar, resistirse]]
[[Rendirse ante Lura]]
– ¡General! –Chilló con toda la fuerza de sus pulmones– ¡Auxilio!
De repente la pesada cortina se apartó con brusquedad. La impresionante silueta de Gideon se recortaba contra la suave luz de las linternas mágicas que iluminaban la tienda de la Archibruja.
– ¡General! –Volvió a gritar Kahli mientras sentía cierto alivio.
Los ojos de Gideon se abrieron ligeramente por la sorpresa de ver a su joven ayudante sobre el altar de las Arpías. Después el General se giró hacia Lura con el semblante serio.
–Hablad –exigió.
–Si me seguís hasta…
–No.
La Archibruja se situó a los pies de Kahli. Gideon cruzó los brazos frente al pecho mientras aguardaba con impaciencia mal disimulada a que la elfa empezara a explicarse.
– ¡Ella me ha… me ha… envenenado! –Mintió Kahli.
El General clavó una mirada muy significativa en Lura.
– ¡Por favor! –Dijo ella simulando que estaba ofendida– ¿Acaso me tomáis por una vulgar brujilla que necesita de esas taticas tan ruines? Me decepcionáis.
–Vuestra fama os precede.
–Ya sabéis lo que dicen de la reputación… –Lura sonrió.
– ¡No estoy mintiendo! –Gritó de nuevo Kahli, estaba desesperada–. ¡No puedo moverme por lo que me ha hecho beber!
–Silencio –ordenó la Archibruja.
Kahli sintió como la runa en la frente se hacía más poderosa y la obligaba a obedecer. Entonces miró al General a los ojos, le suplicaba que le ayudara porque él era su última esperanza. Gideon sostuvo la mirada de su ayudante durante unos segundos antes de volverse de nuevo hacia la Archibruja.
–Explicadme de una vez por qué está Kahli aquí, en este estado cuando debería estar en la tienda de los Estrategas, bajo el cuidado de la División del Dragón Blanco –exigió él con un tono muy serio.
La joven ayudante estaba muerta de miedo y no pudo hacer nada más que limitarse a observar a los dos Generales.
–Creo que vuestros hombres os resolverían todas esas dudas mejor que yo. La niña estaba a su cargo ¿no es así? –Respondió la Archibruja encogiéndose de hombros.
–No me gusta lo que estáis insinuando –la voz de Gideon se hizo más grave y sus ojos se estrecharon.
–A mí tampoco me gusta que se me cuestione, pero las cosas no son siempre de nuestro agrado –replicó Lura sin perder esa media sonrisa que la hacía aún más atractiva de lo que ya era.
–Dejaros de rodeos y responded –ordenó el General alzando un poco la voz.
La Archibruja no parecía en absoluto intimidada por Gideon, ni por su presencia y mucho menos por sus órdenes.
–No os debo ninguna explicación –dijo ella al cabo de unos instantes mientras lo miraba directamente a los ojos, muy segura de sí misma–. No soy ninguno de vuestros subordinados para que me exijáis nada.
Él abrió la boca para replicar sin embargo no pudo.
–Pero –Lura levantó la mano para hacerlo callar– como sé que no vais a parar hasta que os responda y me preocupa el bien de la misión, estoy dispuesta a contaros lo que ha pasado –añadió con un tono condescendiente–. Vuestra ayudante decidió desertar precisamente esta noche. Por suerte, mis arpías la encontraron antes de que fuera demasiado tarde y la trajeron hasta aquí.
–Mis hombres la estaban vigilando…–se apresuró a replicar el General–. Y Kahli no actuaría así.
–Creéis conocerla bien…
–La conozco lo suficiente para saber que nunca desertaría del Ejército sin un buen motivo –afirmó él.
–Quizás sea ese el problema, vuestro interés en esta cría está nublando vuestro juicio y ya tenemos bastante con un demente entre nosotros ¿No creéis? –Lura le dedicó una sonrisa enigmática.
–No os preocupéis por mí. Nunca tontearía con mis subordinados; Aunque no podría decir lo mismo en vuestro caso –inclinó la cabeza hacia los dos esclavos de una manera muy significativa.
Lura rió tapándose la boca con una mano, como solían hacer las aristócratas.
–Cada uno tiene sus fetiches, pero los míos nunca han afectado a mis deberes –dijo son perder la sonrisa.
–Pues explicadme que otros motivos os han llevado a modificar así nuestros planes –volvió a pedir el General aunque en esta ocasión su tono intentaba ser más cordial y menos una orden–. No veo a Kahli en las mismas condiciones en las que la dejé hace tan solo una hora. No creo que pueda cumplir con la misión que le teníamos reservada para esta noche.
La joven ayudante movió los ojos para mirar a Gideon, estaba realmente sorprendida por la última frase. Kahli no se sentía cualificada para formar parte de ninguna misión y mucho menos de una que parecía ser tan importante como aquella, al menos que…
– ¡Qué observador! –Exclamó la Archibruja divertida y la joven hubiera dado un respingo si hubiera podido–. La niña se encuentra perfectamente. Solo he acelerado las cosas y he usado una runa de control para que deje de hacer tonterías mientras tanto.
Kahli quería gritar. Ella solo estaba intentando escapar porque, como ya sabía desde que se tomó el elixir hechizado, sus mayores temores se estaban convirtiendo en realidad.
– ¿Qué le habéis hecho? –Preguntó Gideon impaciente.
–Lo que había que hacer: He sustituido el elixir represor por uno estimulante –dijo muy orgullosa de sí misma.
– ¡Qué! –Exclamó Gideon sorprendido – ¡Cómo os habéis atrevido a hacer algo así! Ese no era el plan.
–Es gracioso que alguien ajeno a la magia se atreva a cuestionar cómo preparo mis rituales cuando estoy cansada de hacer este tipo de conjuros. –Entonces Lura lanzó una fugar mirada a sus esclavos.
– Isrym nos dio unas órdenes muy concretas a los dos. Las mías eran cuidar de Kahli y mantenerla vigilada en la tienda de los estrategas hasta que llegara la hora del ritual; las vuestras se limitaban a llevar hasta allí todos los potingues del conjuro. Nada más.
–No todos los potingues… –replicó ella sonriendo.
–No os preocupéis por ese detalle… –dijo él un tanto molesto–. Deberíamos estar en la tienda de los estrategas para el ritual.
–En este caso el lugar es irrelevante. Porque lo importante para esta ceremonia es el tiempo, y por mucho que le cueste a vuestra cabeza cuadriculada entenderlo, he hecho lo que había que hacer para conseguir ese valioso ingrediente. Podremos proseguir con nuestro plan en cuanto Isrym nos honre con su presencia.
–Espero que sepáis lo que estáis haciendo porque si Kahli no resulta útil para la misión vamos a tener muchos problemas –advirtió él–. Y seréis las primera perjudicada.
–No os preocupéis tanto. La niña servirá y yo lo tengo todo bajo control.
Gideon no dijo más y Kahli supo entonces que él también estaba al corriente de su secreto y por cómo se había desarrollado la conversación el Gran Brujo también lo sabía. Ahora entendía porque la habían estado tratando de una manera tan distinta a los otros ayudantes; por qué siempre había alguien a su lado y porqué se había convertido en la ayudante del mismísimo General Gideon.
Kahli cerró los ojos y dos lágrimas se escaparon de sus ojos. No quería saber nada más y así se rindió ante la magia de la Archibruja que había estado intentando apoderarse de su conciencia desde el principio. Ya no importaba nada. Dedicó un último pensamiento a su hermana Agatha y perdió el conocimiento.
[[Llega Isrym 2]](Si te resistes Lura te aplica la runa de control y te limita más)
(Añadir también una ligera explicación sobre que AGatha, la hermana de Kahli, ya le advirtió que algo así podría ocurrir y que ambas deberían estar preparadas para el momento)
Sin pararse a pensar lo que estaba haciendo, dejé aer el elixir al suelo y descargúé el puño izquierdo en la cara del sirviente humano justo cuando intentaba agarrarla del brazo.
El hombre volvió la cabeza lentamente hacia mí, un hilillo de sangre caía desde su labio partido aunque él no parecía sentir nada. La magia morada de sus ojos se hizo más brillante al igual que el fulgor de la runa sobre su pecho.
Volví a atacar con la mano izquierda, con las garras extendidas para hacer el mayor daño posible. Sin embargo no llegó a alcanzar al sirviente porque algo agarró su muñeca al vuelo con una fuerza tan grande que sintió crujir sus huesos.
– ¡Ah! –Se quejó la joven.
Enseguida giró la cabeza hacia el lado y comprendió que había sido el otro hombre quien la tenía atrapada. Kahli golpeó la mano que la agarraba, tironeó y gritó para liberarse, pero el khum permaneció impasible con el rostro casi oculto bajo una espesa cabellera blanca y rizada. En ese momento, el sirviente humano la cogió del brazo izquierdo y se lo dobló contra la espalda.
–Deberías ser más razonable en esta situación –dijo Lura con calma mientras se acercaba hasta Kahli haciendo tintinear todos sus abalorios–. ¿Por qué continúas resistiéndote? Lo único que vas a conseguir es hacerte mucho daño y ni tú ni yo queremos que eso ocurra, por ahora.
–Yo sé… sé lo que quieres –Kahli se esforzaba para que no se notara el miedo en su voz–, pero no lo vas a conseguir tan fácilmente.
–Eso es lo que crees…
Lura extendió la mano derecha hacia la frente de la joven. Kahli se revolvió, intentó apartarse y fue cuando sintió como uno de los esclavos le agarraba la cabeza por detrás. Entonces ya no pudo moverse cuando la Archibruja le clavó la punta de la garra metálica del guante en la frente.
–Podrías estar en lo cierto… –dijo la elfa mientras sus ojos empezaban a girar como dos torbellinos de luz morada–, si no me gustara tenerlo todo bajo control.
Kahli gritó. Sintió como algo abrasador partía desde el centro de la frente y se extendía sobre su piel en círculos concéntricos hasta alcanzar el tamaño de una moneda. La Archibruja movía los labios rápidamente, pronunciando un hechizo en silencio que no iba a quedarse en la superficie sino que empezaba también a introducirse en el cerebro de su presa. La primera reacción de Kahli fue resistirse con todas sus fuerzas al igual que lo hacía ese algo que había en su interior. Ninguno de los quería sucumbir… pero una cosa era lo que ellos deseaban y otra lo que estaba ocurriendo. En tan solo unos segundos el cuerpo de la joven empezó a perder fuerza, todo le pesaba demasiado y se sentía incapaz de mover un solo músculo.
–Llevadla a mi estudio –ordenó Lura a sus esclavos.
Kahli se concentró más en luchar contra el hechizo de la Archibruja. La joven ya había perdido el control de su cuerpo y no estaba dispuesta a dejar que el conjuro le arrebatara también la consciencia. Ese algo interior parecía estar de acuerdo con ella y ambos se unieron por primera vez para presentar batalla y a duras penas consiguieron mantenerse despiertos.
Los esclavos habían obedecido al instante las órdenes de su dueña. Sin mucho esfuerzo llevaron a la joven hasta el interior de la tienda de la División de las Arpías. Si Kahli hubiera estado en condiciones se hubiera dado cuenta de la extraña calidez que reinaba en su interior y el intenso aroma a flores; el cuidado con que se habían dispuesto los muebles ornamentados, algunas copas, comida, elementos decorativos como candelabros, estatuas y espejos. Kahli no pudo reprimir un grito de horror cuando se vio reflejada en uno de ellos. Los dos hombres la llevaban casi en volandas, sujetándola solo de los brazos y su cuerpo parecía el de una muñeca, fofo, inmóvil. Pero lo que más la aterrorizó fue la runa que brillaba en su frente pues era muy similar a la que llevaban los esclavos de la Archibruja sobre su pecho.
– ¡No! –Chilló por segunda vez cuando se fijó en que la magia de Lura también empezaba a apoderarse de sus ojos oscuros.
Kahli hizo un último esfuerzo para intentar liberarse de los poderosos brazos que continuaban arrastrándola hasta el fondo de la tienda, hacia una cortina oscura y tan pesada como sentía ella todo su cuerpo.
Alguien retiro la tela para que los tres pudieran pasar y la joven sintió como si entrara en un mundo sacado de sus propias pesadillas. Aunque todo estaba en penumbra se podían distinguir más muebles repletos de objetos extraños, frascos, líquidos de los que emanaba una magia muy poderosa, libros, pergaminos.... Aquel lugar no podía ser otro que el estudio de la Archibruja.
En el centro de aquel espacio y perfectamente iluminada desde arriba por el poder de una linterna mágica destacaba también lo que parecía ser una mesa….
“No, eso no es una mesa”, pensó Kahli cuando se fijó más en los detalles.
Tenía forma ovalada y una infinidad de runas, que jamás había visto, alrededor del borde y justo en el centro. En ambos extremos podían verse sendas estatuas de arpías talladas en madera que hacían las veces de maestras de ceremonia con sus ojos de citrinos fijos en la pulida superficie.
–Quitadle la capa y dejadla sobre el altar –ordenó Lura desde algún rincón oscuro de la estancia mientras se escuchaba como trasteaba entre objetos de cristal.
La tela se rasgó cuando uno de los esclavos arrancó la prenda de los hombros a la joven, después la dejaron sobre la dura madera del altar de las Arpías. Entonces los sirvientes se retiraron a un rincón en penumbra. Kahli los siguió con la mirada porque había llamado su atención un tatuaje en el brazo del esclavo khum que destacaba en blanco sobre su piel broncínea. Ella ya había visto ese símbolo antes, una preciosa flor que solamente crecía en las tierras de donde eran oriundos los hombres que podían transformase en bestias.
–Mi señora –habló alguien al otro lado de la pesada cortina de la entrada al estudio de la de la Archibruja y Kahli reconoció tanto el acento como la voz del joven ayudante–, el Gran Brujo vendrá en cuanto le sea posible. Todavía se encuentra un poco… indispuesto.
– ¿Y cuánto tardará en recomponerse?
–Sus ayudantes me han asegurado que no más de media hora.
–Es lo que pensaba…
Todo quedó en silencio durante unos instantes. Kahli se dio cuenta de que en esa zona incluso los sonidos del exterior, del Ejército, estaban amortiguados, era como estar dentro de una burbuja.
–Mi señora, el General Gideon acaba de llegar –fue Raél volvió a romper el silencio–. Está esperando a la entrada de la tienda.
Kahli sintió como se le aceleraba el corazón. Quizás el General pudiera ayudarla.
–Hazlo pasar –ordenó la Archibruja.
Lura salió de su rincón oscuro. Sus ojos brillaban con su poderosa magia y se había quitada el pesado manto de plumas que llevaba. Su atuendo dejaba al descubierto sus hombros y su pronunciado escote de plumas realzaba sus pechos con elegancia. La elfa se irguió alzando la cabeza antes de salir del campo visual de Kahli y abandonar el estudio, acompañada por el tintineo de sus brillantes abalorios.
–General Gideon, bienvenido al campamento de la División de las Arpías –dijo la Archibruja con orgullo.
–Buenas noches, General Lura –respondió él en tono formal, frío y tan distante como siempre–. Espero que tengáis un buen motivo para haber cambiado los parámetros de nuestra misión.
–Si hubierais dedicado un poco más de tiempo a conocerme sabríais que nunca actúo a la ligera. Siempre tengo buenas razones para hacer lo que hago.
–Sorprendedme.
Kahli escuchó la voz de Gideon amortiguada por las pesadas cortinas o por la magia de aquel sitio, no sabría decirlo aunque realmente le daba igual. Estaba más preocupada por intentar escuchar sus palabras mientras se iba convenciendo a sí mima que él la ayudaría, la salvaría y la protegería de Lura porque el General ya había estado cuidando de ella desde que salieron de la sede de la Hermandad.
¿Pides ayuda a Guideón?
[[Pedir ayuda]]
[[No decir nada y esperar]]
(Si te rindes a Lura no te pone la runa de control y puedes hacer más cosas, tienes más voluntad)
Los esclavos habían obedecido al instante las órdenes de su dueña. Sin mucho esfuerzo llevaron a la joven hasta el interior de la tienda de la División de las Arpías. Si Kahli hubiera estado en condiciones se hubiera dado cuenta de la extraña calidez que reinaba en su interior y el intenso aroma a flores; el cuidado con que se habían dispuesto los muebles ornamentados, algunas copas, comida, elementos decorativos como candelabros, estatuas y espejos.
Kahli no hizo ningun esfuerzo para intentar liberarse de los poderosos brazos que continuaban arrastrándola hasta el fondo de la tienda, hacia una cortina oscura y tan pesada como sentía ella todo su cuerpo.
Alguien retiro la tela para que los tres pudieran pasar y la joven sintió como si entrara en un mundo sacado de sus propias pesadillas. Aunque todo estaba en penumbra se podían distinguir más muebles repletos de objetos extraños, frascos, líquidos de los que emanaba una magia muy poderosa, libros, pergaminos.... Aquel lugar no podía ser otro que el estudio de la Archibruja.
En el centro de aquel espacio y perfectamente iluminada desde arriba por el poder de una linterna mágica destacaba también lo que parecía ser una mesa….
“No, eso no es una mesa”, pensó Kahli cuando se fijó más en los detalles.
Tenía forma ovalada y una infinidad de runas, que jamás había visto, alrededor del borde y justo en el centro. En ambos extremos podían verse sendas estatuas de arpías talladas en madera que hacían las veces de maestras de ceremonia con sus ojos de citrinos fijos en la pulida superficie.
–Quitadle la capa y dejadla sobre el altar –ordenó Lura desde algún rincón oscuro de la estancia mientras se escuchaba como trasteaba entre objetos de cristal.
La tela se rasgó cuando uno de los esclavos arrancó la prenda de los hombros a la joven, después la dejaron sobre la dura madera del altar de las Arpías. Entonces los sirvientes se retiraron a un rincón en penumbra. Kahli los siguió con la mirada porque había llamado su atención un tatuaje en el brazo del esclavo khum que destacaba en blanco sobre su piel broncínea. Ella ya había visto ese símbolo antes, una preciosa flor que solamente crecía en las tierras de donde eran oriundos los hombres que podían transformase en bestias.
–Mi señora –habló alguien al otro lado de la pesada cortina de la entrada al estudio de la de la Archibruja y Kahli reconoció tanto el acento como la voz del joven ayudante–, el Gran Brujo vendrá en cuanto le sea posible. Todavía se encuentra un poco… indispuesto.
– ¿Y cuánto tardará en recomponerse?
–Sus ayudantes me han asegurado que no más de media hora.
–Es lo que pensaba…
Todo quedó en silencio durante unos instantes. Kahli se dio cuenta de que en esa zona incluso los sonidos del exterior, del Ejército, estaban amortiguados, era como estar dentro de una burbuja.
–Mi señora, el General Gideon acaba de llegar –fue Raél volvió a romper el silencio–. Está esperando a la entrada de la tienda.
Kahli sintió como se le aceleraba el corazón. Quizás el General pudiera ayudarla.
–Hazlo pasar –ordenó la Archibruja.
Lura salió de su rincón oscuro. Sus ojos brillaban con su poderosa magia y se había quitada el pesado manto de plumas que llevaba. Su atuendo dejaba al descubierto sus hombros y su pronunciado escote de plumas realzaba sus pechos con elegancia. La elfa se irguió alzando la cabeza antes de salir del campo visual de Kahli y abandonar el estudio, acompañada por el tintineo de sus brillantes abalorios.
–General Gideon, bienvenido al campamento de la División de las Arpías –dijo la Archibruja con orgullo.
–Buenas noches, General Lura –respondió él en tono formal, frío y tan distante como siempre–. Espero que tengáis un buen motivo para haber cambiado los parámetros de nuestra misión.
–Si hubierais dedicado un poco más de tiempo a conocerme sabríais que nunca actúo a la ligera. Siempre tengo buenas razones para hacer lo que hago.
–Sorprendedme.
Kahli escuchó la voz de Gideon amortiguada por las pesadas cortinas o por la magia de aquel sitio, no sabría decirlo aunque realmente le daba igual. Estaba más preocupada por intentar escuchar sus palabras mientras se iba convenciendo a sí mima que él la ayudaría, la salvaría y la protegería de Lura porque el General ya había estado cuidando de ella desde que salieron de la sede de la Hermandad.
¿Pides ayuda a Guideón?
[[Pedir ayuda 2]]
[[No decir nada y esperar 2]]Lura informa a Gideon que deben aguardar hasta que Isrym llegue para poder empezar con el ritual.
Kahli escucha como Lura intenta entablar una conversación con Gideon. El General es bastante reacio y al principio solo le responde con monosilabos.
Lura coquetea con todas sus artimañas y la conversación se va a animando cada vez más.
[[Llega Isrym 1]]– ¡General! –Chilló con toda la fuerza de sus pulmones– ¡Auxilio!
De repente la pesada cortina se apartó con brusquedad. La impresionante silueta de Gideon se recortaba contra la suave luz de las linternas mágicas que iluminaban la tienda de la Archibruja.
– ¡General! –Volvió a gritar Kahli mientras sentía cierto alivio.
Los ojos de Gideon se abrieron ligeramente por la sorpresa de ver a su joven ayudante sobre el altar de las Arpías. Después el General se giró hacia Lura con el semblante serio.
–Hablad –exigió.
–Si me seguís hasta…
–No.
La Archibruja se situó a los pies de Kahli. Gideon cruzó los brazos frente al pecho mientras aguardaba con impaciencia mal disimulada a que la elfa empezara a explicarse.
– ¡Ella me ha… me ha… envenenado! –Mintió Kahli.
El General clavó una mirada muy significativa en Lura.
– ¡Por favor! –Dijo ella simulando que estaba ofendida– ¿Acaso me tomáis por una vulgar brujilla que necesita de esas taticas tan ruines? Me decepcionáis.
–Vuestra fama os precede.
–Ya sabéis lo que dicen de la reputación… –Lura sonrió.
– ¡No estoy mintiendo! –Gritó de nuevo Kahli, estaba desesperada–. ¡No puedo moverme por lo que me ha hecho beber!
–Silencio –ordenó la Archibruja.
Kahli sintió como la runa en la frente se hacía más poderosa y la obligaba a obedecer. Entonces miró al General a los ojos, le suplicaba que le ayudara porque él era su última esperanza. Gideon sostuvo la mirada de su ayudante durante unos segundos antes de volverse de nuevo hacia la Archibruja.
–Explicadme de una vez por qué está Kahli aquí, en este estado cuando debería estar en la tienda de los Estrategas, bajo el cuidado de la División del Dragón Blanco –exigió él con un tono muy serio.
La joven ayudante estaba muerta de miedo y no pudo hacer nada más que limitarse a observar a los dos Generales.
–Creo que vuestros hombres os resolverían todas esas dudas mejor que yo. La niña estaba a su cargo ¿no es así? –Respondió la Archibruja encogiéndose de hombros.
–No me gusta lo que estáis insinuando –la voz de Gideon se hizo más grave y sus ojos se estrecharon.
–A mí tampoco me gusta que se me cuestione, pero las cosas no son siempre de nuestro agrado –replicó Lura sin perder esa media sonrisa que la hacía aún más atractiva de lo que ya era.
–Dejaros de rodeos y responded –ordenó el General alzando un poco la voz.
La Archibruja no parecía en absoluto intimidada por Gideon, ni por su presencia y mucho menos por sus órdenes.
–No os debo ninguna explicación –dijo ella al cabo de unos instantes mientras lo miraba directamente a los ojos, muy segura de sí misma–. No soy ninguno de vuestros subordinados para que me exijáis nada.
Él abrió la boca para replicar sin embargo no pudo.
–Pero –Lura levantó la mano para hacerlo callar– como sé que no vais a parar hasta que os responda y me preocupa el bien de la misión, estoy dispuesta a contaros lo que ha pasado –añadió con un tono condescendiente–. Vuestra ayudante decidió desertar precisamente esta noche. Por suerte, mis arpías la encontraron antes de que fuera demasiado tarde y la trajeron hasta aquí.
–Mis hombres la estaban vigilando…–se apresuró a replicar el General–. Y Kahli no actuaría así.
–Creéis conocerla bien…
–La conozco lo suficiente para saber que nunca desertaría del Ejército sin un buen motivo –afirmó él.
–Quizás sea ese el problema, vuestro interés en esta cría está nublando vuestro juicio y ya tenemos bastante con un demente entre nosotros ¿No creéis? –Lura le dedicó una sonrisa enigmática.
–No os preocupéis por mí. Nunca tontearía con mis subordinados; Aunque no podría decir lo mismo en vuestro caso –inclinó la cabeza hacia los dos esclavos de una manera muy significativa.
Lura rió tapándose la boca con una mano, como solían hacer las aristócratas.
–Cada uno tiene sus fetiches, pero los míos nunca han afectado a mis deberes –dijo son perder la sonrisa.
–Pues explicadme que otros motivos os han llevado a modificar así nuestros planes –volvió a pedir el General aunque en esta ocasión su tono intentaba ser más cordial y menos una orden–. No veo a Kahli en las mismas condiciones en las que la dejé hace tan solo una hora. No creo que pueda cumplir con la misión que le teníamos reservada para esta noche.
La joven ayudante movió los ojos para mirar a Gideon, estaba realmente sorprendida por la última frase. Kahli no se sentía cualificada para formar parte de ninguna misión y mucho menos de una que parecía ser tan importante como aquella, al menos que…
– ¡Qué observador! –Exclamó la Archibruja divertida y la joven hubiera dado un respingo si hubiera podido–. La niña se encuentra perfectamente. Solo he acelerado las cosas y he usado una runa de control para que deje de hacer tonterías mientras tanto.
Kahli quería gritar.
[[Gritar aunque las cosas se puedan poner peor]]
[[Esperar]]
(Si te sometas a lo que Lura quiere se abre la posibilidad de una linea argumental por aquí)
Lura informa a Gideon que deben aguardar hasta que Isrym llegue para poder empezar con el ritual.
Kahli escucha como Lura intenta entablar una conversación con Gideon. El General es bastante reacio y al principio solo le responde con monosilabos.
Lura coquetea con todas sus artimañas y la conversación se va a animando cada vez más.
[[Llega Isrym 4]]La cortina se abre de repente y aparece Isrym seguido de Lura y Gideon.
Cuando la joven se fijó más en el aspecto de aquel hombre se dio cuenta de que no era tan mayor como le había parecido en un principio. Se podía decir que tendría una edad similar a la de Gideon aunque no había muchas más similitudes entre ellos dos.
El hombre que continuaba inclinado ligeramente sobre ella tenía la piel muy pálida y el cabello oscuro que parecía una nube esponjosa flotando alrededor de su cabeza. Podría haber sido muy atractivo si no fuera por sus ojos extraños, completamente negros con el iris dorado. De ellos emanaba un poder indescriptible, mucho más impresionante y sobrecogedor que el que podía sentirse al lado de la Archibruja.
El hombre la observaba con intensidad, como si estuviera buscando algo que solamente él podría ver o encontrar.
–Eres tan poco cosa… –murmuró levantando ligeramente una de las comisuras de sus labios–. Pero no seré yo quien se dejé engañar por las apariencias…
Él sonrió con una mueca inquietante, inhumana. Kahli tuvo miedo de aquella expresión y quiso volver a esconderse en su interior, en su burbuja, para siempre.
–Sé que estás ahí… –Dijo con un tono cantarín, casi burlón.
–Estoy preparado, Isrym.
La joven reconoció la voz del General y sintió el aguijón de la decepción clavándose en su corazón. Nada ni nadie podrían salvarla de lo que iba a ocurrir.
El hombre se irguió al mismo tiempo que giraba la cabeza hacia un lado y sonreía con esa expresión inquietante.
–Acercaos –dijo.
Gideon obedeció.
A pesar de la precaria situación en la que Kahli se encontraba no pudo evitar sorprenderse al ver como el General se acercaba un poco hasta al altar con una expresión grave que ella nunca le había visto en la cara. Él iba desnudo de cintura para arriba, pero no se parecía en nada a cómo la joven ayudante se lo había imaginado.
El cuerpo de Gideon era fuerte, con la musculatura propia de un guerrero o de una de las hermosas estatuas de héroes que adornaban la gran mayoría de los jardines de la sede de la Hermandad. Su aspecto rivalizaba también con los esclavos de Lura, pero estos detalles no eran ni mucho menos lo más sorprendente: todo el cuerpo del General estaba cubierto de runas negras.
El Gran Brujo observó tranquilamente a Gideon, lo cogió de los hombros y lo movió como si fuera un muñeco hasta situarlo delante de él, más cerca de Kahli.
Ella se fijó entonces en la infinidad de símbolos que alguien había dejado sobre su piel. Los había de muchas clases y tamaños; de magia antigua y magia moderna; de trazos finos, elegantes, gruesos, toscos… Todos ellos estaban unidos entre sí, relacionados de alguna manera para que los hechizos que representaban pudieran funcionar en armonía. En conjunto, las runas parecían una compleja tela de araña que envolvía todo el cuerpo del General salvo su rostro.
Isrym dio un par de vueltas alrededor de Gideon, examinado con sus extraños ojos todos aquellos símbolos. A veces extendía la mano para tocar alguna runa y el General apretaba los dientes intentando parecer ajeno al dolor que sentía en ese instante.
–Esto solo puede ser obra un loco, un demente –murmuraba el Gran Brujo– ¿En qué pensabas? ¿Creías que no podría entenderlo? ¿Qué soy un estúpido?
Kahli se fijó en Isrym, vestido con sus exóticos y coloridos ropajes parecía más alguien que había perdido el juicio que el Gran Brujo de la Hermandad; tenía una mirada enfermiza clavada en los símbolos que recorrían el hombro izquierdo del guerrero, no había dejado de hablar para sí mismo y poco le importaba lo que los demás pudieran pensar de él.
–Quieres engañarme con estos garabatos, malnacido. No, no voy a caer en tus trampas para principiantes... Te he estudiado durante demasiado tiempo y sé lo que tengo que buscar.
El dedo del Gran Brujo seguía un grupo de símbolos hacia el pecho del guerrero.
–Apartar la paja…
Gideon apretó la mandíbula y se escucharon sus dientes rechinar, aun así continuó erguido, mirando al frente y sin dejar escapar más muestras de su sufrimiento que un leve temblor de sus puños cerrados.
–Obviar el grano…
La mano derecha de Isrym empezó a brillar con un resplandor dorado, el color de una magia poderosa que muy pocos podían alcanzar.
–Hasta encontrar la aguja.
Sus dedos se detuvieron justo sobre el corazón del General, sobre un grupo de runas de trazos gruesos y entrelazados. Kahli se preguntaba cómo el Gran Brujo era capaz de entender ese galimatías de dibujos sobre la piel de Gideon.
–Ya podemos empezar –anunció Isrym con una sonrisa exagerada que mostraba unos dientes demasiado blancos.
–Como ordenéis –respondió Lura.
Kahli giró la cabeza hacia el lado contrario sintiendo como el terror ante lo que iba a ocurrir se iba apoderando de ella mientras que ese algo en su interior seguí empujando. Allí estaba la Archibruja de pie. Unos pasos por detrás se encontraban sus esclavos. El hombre khum sostenía una caja plateada con filigranas, al lado también se encontraba el ayudante Ráel.
Lura se inclinó hacia Kahli y comenzó a desabrocharle el cuello del vestido. Sin muchos reparos rasgó la tela cuando le impidió llegar precisamente a la zona que quería.
– ¡No! –Gritó la joven al sentir como sus hombros quedaban al descubierto y poco podía hacer para volver a cubrirse pues no había recuperado el control total de su cuerpo.
– ¡Silencio! –Replicó la Archibruja poniéndole una de sus garras plateadas sobre los labios–. No me obligues a volver a usar la runa de control.
Kahli tragó saliva despacio, aterroriza y no se atrevió a decir nada más.
La Archibruja se quitó entonces sus guantes de garras metálicas. Después situó sus manos sobre el esternón de la joven y cerró los ojos. Empezó a mover los labios muy deprisa, pronunciando las palabras de algún hechizo complicado. Kahli sintió un intenso hormiguero justo donde estaban las manos de Lura, después un agradable calor se extendió desde allí.
–Vamos a hacer historia –dijo Isrym.
Kahli se fijó entonces en lo que ocurría al otro lado del altar en el que estaba tumbada.
Gideon asintió en silencio. El Gran Brujo tenía sus manos sobre el pecho del guerrero y sin decir una palabra más la magia dorada empezó a brillar en sus extraños ojos; ese poder se extendió como si fueran rayos sobre su piel pálida. Primero cubrió parte de su cara, corrió por su cuello hasta esconderse bajo su colorido atuendo y volvió a reaparecer en sus antebrazos para seguir avanzando hacia sus manos. Cuando la magia alcanzó sus dedos se formó una gran esfera de luz que se tragó por completo la oscuridad que los rodeaba.
El General permaneció erguido con los puños apretados. Su expresión denotaba un gran sufrimiento, pero tal era su determinación que se mantuvo en pie con la mirada fija en algún punto fuera del campo visual de Kahli.
La magia del Brujo palpitaba a través de los surcos dorados que recorrían su cara, su cuello y sus manos y la luz iba aumentando de intensidad. Era tan poderosa que incluso podía escucharse su presencia, como si una multitud de rayos eléctricos estuvieran gritando.
El Brujo retiró lentamente las manos de la piel del guerrero y un grupo de runas se separaron del cuerpo del General dejando unas horribles marcas en su torso. Los símbolos se quedaron flotando en el aire durante unos instantes hasta que Isrym los atrapó en su mano con rapidez. Seguidamente apretó el puño y en unos instantes un líquido negro comenzó a gotear entre sus dedos. Se apresuró a recogerlo en un pequeño vial.
Gideon dejó escapar un largo suspiro de alivio a la vez que se sentaba en una silla apartada, cerca de las pesadas cortinas oscuras. El guerrero respiraba con dificultad y se había llevado la mano al pecho, a la zona donde antes habían estado esas runas. Parecía confundido, con la mirada perdida en el vacío.
La Archibruja pasó por delante del General sin mirarlo. Estaba más centrada en abrir la caja que su esclavo khum le tendía. De allí sacó un frasco de cristal con una sustancia roja, vibrante que no paraba de moverse y una pluma con la punta dorada que sumergió en el líquido mágico.
–Ni se te ocurra moverte –advirtió.
[[Obedecer a Lura 1]]Kahli no sabía cuánto tiempo había pasado hasta que empezó a escuchar de nuevo voces. No entendía lo que decían, pero poco le importaba. Seguía hecha un ovillo en su interior y su estado no tenía nada que ver con el poder de la runa que tenía en la frente. Se sentía demasiado cansada, demasiado desanimada para seguir luchando contra ese algo que no podía detener porque iba haciéndose cada vez más real en su interior; ese algo que le hacía compañía en su escondite y que no paraba de empujar para salir, para enfrentarse al mundo; ese algo no se había rendido….
–Despierta –le ordenó alguien desde la realidad.
Kahli abrió los ojos muy despacio. Al principio lo vio todo borroso, como si continuara percibiendo el mundo desde el interior de la burbuja donde se había escondido. Parpadeó unas cuantas veces hasta que todo empezó a enfocarse y volvió al mundo real del que deseaba huir. Entonces se dio cuenta de que el hechizo de Lura ya no la tenía tan inmovilizada como antes. No sabía si la runa había perdido efectividad o si había sido la Archibruja quien la había liberado, un poco. Kahli apostaba por la segunda opción, Lura nunca dejaba las cosas al azar y si ella podía mover los dedos de las manos y la cabeza era porque la elfa así lo quería.
La joven percibió que había mucho ajetreo en el estudio. Ella continuaba sobre el altar mientras a su alrededor había gente que iba y venía, se escuchaban órdenes, el sonido del cristal y metal y… un hombre que se inclinó ligeramente sobre ella hasta ocupar todo su campo de visión.
–Despierta de una vez, niña –repitió y entonces Kahli reconoció la voz.
Él era quien la había llamado desde el mundo real la primera vez. Cuando la joven se fijó más en el aspecto de aquel hombre se dio cuenta de que no era tan mayor como le había parecido en un principio. Se podía decir que tendría una edad similar a la de Gideon aunque no había muchas más similitudes entre ellos dos.
El hombre que continuaba inclinado ligeramente sobre ella tenía la piel muy pálida y el cabello oscuro que parecía una nube esponjosa flotando alrededor de su cabeza. Podría haber sido muy atractivo si no fuera por sus ojos extraños, completamente negros con el iris dorado. De ellos emanaba un poder indescriptible, mucho más impresionante y sobrecogedor que el que podía sentirse al lado de la Archibruja.
El hombre la observaba con intensidad, como si estuviera buscando algo que solamente él podría ver o encontrar.
–Eres tan poco cosa… –murmuró levantando ligeramente una de las comisuras de sus labios–. Pero no seré yo quien se dejé engañar por las apariencias…
Él sonrió con una mueca inquietante, inhumana. Kahli tuvo miedo de aquella expresión y quiso volver a esconderse en su interior, en su burbuja, para siempre.
–Sé que estás ahí… –Dijo con un tono cantarín, casi burlón.
–Estoy preparado, Isrym.
La joven reconoció la voz del General y sintió el aguijón de la decepción clavándose en su corazón. Nada ni nadie podrían salvarla de lo que iba a ocurrir.
El hombre se irguió al mismo tiempo que giraba la cabeza hacia un lado y sonreía con esa expresión inquietante.
–Acercaos –dijo.
Gideon obedeció.
A pesar de la precaria situación en la que Kahli se encontraba no pudo evitar sorprenderse al ver como el General se acercaba un poco hasta al altar con una expresión grave que ella nunca le había visto en la cara. Él iba desnudo de cintura para arriba, pero no se parecía en nada a cómo la joven ayudante se lo había imaginado.
El cuerpo de Gideon era fuerte, con la musculatura propia de un guerrero o de una de las hermosas estatuas de héroes que adornaban la gran mayoría de los jardines de la sede de la Hermandad. Su aspecto rivalizaba también con los esclavos de Lura, pero estos detalles no eran ni mucho menos lo más sorprendente: todo el cuerpo del General estaba cubierto de runas negras.
El Gran Brujo observó tranquilamente a Gideon, lo cogió de los hombros y lo movió como si fuera un muñeco hasta situarlo delante de él, más cerca de Kahli.
Ella se fijó entonces en la infinidad de símbolos que alguien había dejado sobre su piel. Los había de muchas clases y tamaños; de magia antigua y magia moderna; de trazos finos, elegantes, gruesos, toscos… Todos ellos estaban unidos entre sí, relacionados de alguna manera para que los hechizos que representaban pudieran funcionar en armonía. En conjunto, las runas parecían una compleja tela de araña que envolvía todo el cuerpo del General salvo su rostro.
Isrym dio un par de vueltas alrededor de Gideon, examinado con sus extraños ojos todos aquellos símbolos. A veces extendía la mano para tocar alguna runa y el General apretaba los dientes intentando parecer ajeno al dolor que sentía en ese instante.
–Esto solo puede ser obra un loco, un demente –murmuraba el Gran Brujo– ¿En qué pensabas? ¿Creías que no podría entenderlo? ¿Qué soy un estúpido?
Kahli se fijó en Isrym, vestido con sus exóticos y coloridos ropajes parecía más alguien que había perdido el juicio que el Gran Brujo de la Hermandad; tenía una mirada enfermiza clavada en los símbolos que recorrían el hombro izquierdo del guerrero, no había dejado de hablar para sí mismo y poco le importaba lo que los demás pudieran pensar de él.
–Quieres engañarme con estos garabatos, malnacido. No, no voy a caer en tus trampas para principiantes... Te he estudiado durante demasiado tiempo y sé lo que tengo que buscar.
El dedo del Gran Brujo seguía un grupo de símbolos hacia el pecho del guerrero.
–Apartar la paja…
Gideon apretó la mandíbula y se escucharon sus dientes rechinar, aun así continuó erguido, mirando al frente y sin dejar escapar más muestras de su sufrimiento que un leve temblor de sus puños cerrados.
–Obviar el grano…
La mano derecha de Isrym empezó a brillar con un resplandor dorado, el color de una magia poderosa que muy pocos podían alcanzar.
–Hasta encontrar la aguja.
Sus dedos se detuvieron justo sobre el corazón del General, sobre un grupo de runas de trazos gruesos y entrelazados. Kahli se preguntaba cómo el Gran Brujo era capaz de entender ese galimatías de dibujos sobre la piel de Gideon.
–Ya podemos empezar –anunció Isrym con una sonrisa exagerada que mostraba unos dientes demasiado blancos.
–Como ordenéis –respondió Lura.
Kahli giró la cabeza hacia el lado contrario sintiendo como el terror ante lo que iba a ocurrir se iba apoderando de ella mientras que ese algo en su interior seguí empujando. Allí estaba la Archibruja de pie. Unos pasos por detrás se encontraban sus esclavos. El hombre khum sostenía una caja plateada con filigranas, al lado también se encontraba el ayudante Ráel.
Lura se inclinó hacia Kahli y comenzó a desabrocharle el cuello del vestido. Sin muchos reparos rasgó la tela cuando le impidió llegar precisamente a la zona que quería.
– ¡No! –Gritó la joven al sentir como sus hombros quedaban al descubierto y poco podía hacer para volver a cubrirse pues no había recuperado el control total de su cuerpo.
– ¡Silencio! –Replicó la Archibruja poniéndole una de sus garras plateadas sobre los labios–. No me obligues a volver a usar la runa de control.
Kahli tragó saliva despacio, aterroriza y no se atrevió a decir nada más.
La Archibruja se quitó entonces sus guantes de garras metálicas. Después situó sus manos sobre el esternón de la joven y cerró los ojos. Empezó a mover los labios muy deprisa, pronunciando las palabras de algún hechizo complicado. Kahli sintió un intenso hormiguero justo donde estaban las manos de Lura, después un agradable calor se extendió desde allí.
–Vamos a hacer historia –dijo Isrym.
Kahli se fijó entonces en lo que ocurría al otro lado del altar en el que estaba tumbada.
Gideon asintió en silencio. El Gran Brujo tenía sus manos sobre el pecho del guerrero y sin decir una palabra más la magia dorada empezó a brillar en sus extraños ojos; ese poder se extendió como si fueran rayos sobre su piel pálida. Primero cubrió parte de su cara, corrió por su cuello hasta esconderse bajo su colorido atuendo y volvió a reaparecer en sus antebrazos para seguir avanzando hacia sus manos. Cuando la magia alcanzó sus dedos se formó una gran esfera de luz que se tragó por completo la oscuridad que los rodeaba.
El General permaneció erguido con los puños apretados. Su expresión denotaba un gran sufrimiento, pero tal era su determinación que se mantuvo en pie con la mirada fija en algún punto fuera del campo visual de Kahli.
La magia del Brujo palpitaba a través de los surcos dorados que recorrían su cara, su cuello y sus manos y la luz iba aumentando de intensidad. Era tan poderosa que incluso podía escucharse su presencia, como si una multitud de rayos eléctricos estuvieran gritando.
El Brujo retiró lentamente las manos de la piel del guerrero y un grupo de runas se separaron del cuerpo del General dejando unas horribles marcas en su torso. Los símbolos se quedaron flotando en el aire durante unos instantes hasta que Isrym los atrapó en su mano con rapidez. Seguidamente apretó el puño y en unos instantes un líquido negro comenzó a gotear entre sus dedos. Se apresuró a recogerlo en un pequeño vial.
Gideon dejó escapar un largo suspiro de alivio a la vez que se sentaba en una silla apartada, cerca de las pesadas cortinas oscuras. El guerrero respiraba con dificultad y se había llevado la mano al pecho, a la zona donde antes habían estado esas runas. Parecía confundido, con la mirada perdida en el vacío.
La Archibruja pasó por delante del General sin mirarlo. Estaba más centrada en abrir la caja que su esclavo khum le tendía. De allí sacó un frasco de cristal con una sustancia roja, vibrante que no paraba de moverse y una pluma con la punta dorada que sumergió en el líquido mágico.
–Ni se te ocurra moverte –advirtió.
[[Desobedecer a Lura 2]]La cortina se abre de repente y aparece Isrym seguido de Lura y Gideon.
uando la joven se fijó más en el aspecto de aquel hombre se dio cuenta de que no era tan mayor como le había parecido en un principio. Se podía decir que tendría una edad similar a la de Gideon aunque no había muchas más similitudes entre ellos dos.
El hombre que continuaba inclinado ligeramente sobre ella tenía la piel muy pálida y el cabello oscuro que parecía una nube esponjosa flotando alrededor de su cabeza. Podría haber sido muy atractivo si no fuera por sus ojos extraños, completamente negros con el iris dorado. De ellos emanaba un poder indescriptible, mucho más impresionante y sobrecogedor que el que podía sentirse al lado de la Archibruja.
El hombre la observaba con intensidad, como si estuviera buscando algo que solamente él podría ver o encontrar.
–Eres tan poco cosa… –murmuró levantando ligeramente una de las comisuras de sus labios–. Pero no seré yo quien se dejé engañar por las apariencias…
Él sonrió con una mueca inquietante, inhumana. Kahli tuvo miedo de aquella expresión y quiso volver a esconderse en su interior, en su burbuja, para siempre.
–Sé que estás ahí… –Dijo con un tono cantarín, casi burlón.
–Estoy preparado, Isrym.
La joven reconoció la voz del General y sintió el aguijón de la decepción clavándose en su corazón. Nada ni nadie podrían salvarla de lo que iba a ocurrir.
El hombre se irguió al mismo tiempo que giraba la cabeza hacia un lado y sonreía con esa expresión inquietante.
–Acercaos –dijo.
Gideon obedeció.
A pesar de la precaria situación en la que Kahli se encontraba no pudo evitar sorprenderse al ver como el General se acercaba un poco hasta al altar con una expresión grave que ella nunca le había visto en la cara. Él iba desnudo de cintura para arriba, pero no se parecía en nada a cómo la joven ayudante se lo había imaginado.
El cuerpo de Gideon era fuerte, con la musculatura propia de un guerrero o de una de las hermosas estatuas de héroes que adornaban la gran mayoría de los jardines de la sede de la Hermandad. Su aspecto rivalizaba también con los esclavos de Lura, pero estos detalles no eran ni mucho menos lo más sorprendente: todo el cuerpo del General estaba cubierto de runas negras.
El Gran Brujo observó tranquilamente a Gideon, lo cogió de los hombros y lo movió como si fuera un muñeco hasta situarlo delante de él, más cerca de Kahli.
Ella se fijó entonces en la infinidad de símbolos que alguien había dejado sobre su piel. Los había de muchas clases y tamaños; de magia antigua y magia moderna; de trazos finos, elegantes, gruesos, toscos… Todos ellos estaban unidos entre sí, relacionados de alguna manera para que los hechizos que representaban pudieran funcionar en armonía. En conjunto, las runas parecían una compleja tela de araña que envolvía todo el cuerpo del General salvo su rostro.
Isrym dio un par de vueltas alrededor de Gideon, examinado con sus extraños ojos todos aquellos símbolos. A veces extendía la mano para tocar alguna runa y el General apretaba los dientes intentando parecer ajeno al dolor que sentía en ese instante.
–Esto solo puede ser obra un loco, un demente –murmuraba el Gran Brujo– ¿En qué pensabas? ¿Creías que no podría entenderlo? ¿Qué soy un estúpido?
Kahli se fijó en Isrym, vestido con sus exóticos y coloridos ropajes parecía más alguien que había perdido el juicio que el Gran Brujo de la Hermandad; tenía una mirada enfermiza clavada en los símbolos que recorrían el hombro izquierdo del guerrero, no había dejado de hablar para sí mismo y poco le importaba lo que los demás pudieran pensar de él.
–Quieres engañarme con estos garabatos, malnacido. No, no voy a caer en tus trampas para principiantes... Te he estudiado durante demasiado tiempo y sé lo que tengo que buscar.
El dedo del Gran Brujo seguía un grupo de símbolos hacia el pecho del guerrero.
–Apartar la paja…
Gideon apretó la mandíbula y se escucharon sus dientes rechinar, aun así continuó erguido, mirando al frente y sin dejar escapar más muestras de su sufrimiento que un leve temblor de sus puños cerrados.
–Obviar el grano…
La mano derecha de Isrym empezó a brillar con un resplandor dorado, el color de una magia poderosa que muy pocos podían alcanzar.
–Hasta encontrar la aguja.
Sus dedos se detuvieron justo sobre el corazón del General, sobre un grupo de runas de trazos gruesos y entrelazados. Kahli se preguntaba cómo el Gran Brujo era capaz de entender ese galimatías de dibujos sobre la piel de Gideon.
–Ya podemos empezar –anunció Isrym con una sonrisa exagerada que mostraba unos dientes demasiado blancos.
–Como ordenéis –respondió Lura.
Kahli giró la cabeza hacia el lado contrario sintiendo como el terror ante lo que iba a ocurrir se iba apoderando de ella mientras que ese algo en su interior seguí empujando. Allí estaba la Archibruja de pie. Unos pasos por detrás se encontraban sus esclavos. El hombre khum sostenía una caja plateada con filigranas, al lado también se encontraba el ayudante Ráel.
Lura se inclinó hacia Kahli y comenzó a desabrocharle el cuello del vestido. Sin muchos reparos rasgó la tela cuando le impidió llegar precisamente a la zona que quería.
– ¡No! –Gritó la joven al sentir como sus hombros quedaban al descubierto y poco podía hacer para volver a cubrirse pues no había recuperado el control total de su cuerpo.
– ¡Silencio! –Replicó la Archibruja poniéndole una de sus garras plateadas sobre los labios–. No me obligues a volver a usar la runa de control.
Kahli tragó saliva despacio, aterroriza y no se atrevió a decir nada más.
La Archibruja se quitó entonces sus guantes de garras metálicas. Después situó sus manos sobre el esternón de la joven y cerró los ojos. Empezó a mover los labios muy deprisa, pronunciando las palabras de algún hechizo complicado. Kahli sintió un intenso hormiguero justo donde estaban las manos de Lura, después un agradable calor se extendió desde allí.
–Vamos a hacer historia –dijo Isrym.
Kahli se fijó entonces en lo que ocurría al otro lado del altar en el que estaba tumbada.
Gideon asintió en silencio. El Gran Brujo tenía sus manos sobre el pecho del guerrero y sin decir una palabra más la magia dorada empezó a brillar en sus extraños ojos; ese poder se extendió como si fueran rayos sobre su piel pálida. Primero cubrió parte de su cara, corrió por su cuello hasta esconderse bajo su colorido atuendo y volvió a reaparecer en sus antebrazos para seguir avanzando hacia sus manos. Cuando la magia alcanzó sus dedos se formó una gran esfera de luz que se tragó por completo la oscuridad que los rodeaba.
El General permaneció erguido con los puños apretados. Su expresión denotaba un gran sufrimiento, pero tal era su determinación que se mantuvo en pie con la mirada fija en algún punto fuera del campo visual de Kahli.
La magia del Brujo palpitaba a través de los surcos dorados que recorrían su cara, su cuello y sus manos y la luz iba aumentando de intensidad. Era tan poderosa que incluso podía escucharse su presencia, como si una multitud de rayos eléctricos estuvieran gritando.
El Brujo retiró lentamente las manos de la piel del guerrero y un grupo de runas se separaron del cuerpo del General dejando unas horribles marcas en su torso. Los símbolos se quedaron flotando en el aire durante unos instantes hasta que Isrym los atrapó en su mano con rapidez. Seguidamente apretó el puño y en unos instantes un líquido negro comenzó a gotear entre sus dedos. Se apresuró a recogerlo en un pequeño vial.
Gideon dejó escapar un largo suspiro de alivio a la vez que se sentaba en una silla apartada, cerca de las pesadas cortinas oscuras. El guerrero respiraba con dificultad y se había llevado la mano al pecho, a la zona donde antes habían estado esas runas. Parecía confundido, con la mirada perdida en el vacío.
La Archibruja pasó por delante del General sin mirarlo. Estaba más centrada en abrir la caja que su esclavo khum le tendía. De allí sacó un frasco de cristal con una sustancia roja, vibrante que no paraba de moverse y una pluma con la punta dorada que sumergió en el líquido mágico.
–Ni se te ocurra moverte –advirtió.
[[Desobedecer a Lura 3]](La voz cantante de todo esto la tiene que llevar Lura. Será más agradable y atentan con Kahli porque no le lleva la contraria. La posibilidad del vinculo entre los dos personajes se está abriendo)
Kahli no sabía cuánto tiempo había pasado hasta que empezó a escuchar de nuevo voces. No entendía lo que decían, pero poco le importaba. Seguía hecha un ovillo en su interior y su estado no tenía nada que ver con el poder de la runa que tenía en la frente. Se sentía demasiado cansada, demasiado desanimada para seguir luchando contra ese algo que no podía detener porque iba haciéndose cada vez más real en su interior; ese algo que le hacía compañía en su escondite y que no paraba de empujar para salir, para enfrentarse al mundo; ese algo no se había rendido….
–Despierta –le ordenó alguien desde la realidad.
Kahli abrió los ojos muy despacio. Al principio lo vio todo borroso, como si continuara percibiendo el mundo desde el interior de la burbuja donde se había escondido. Parpadeó unas cuantas veces hasta que todo empezó a enfocarse y volvió al mundo real del que deseaba huir. Entonces se dio cuenta de que el hechizo de Lura ya no la tenía tan inmovilizada como antes. No sabía si la runa había perdido efectividad o si había sido la Archibruja quien la había liberado, un poco. Kahli apostaba por la segunda opción, Lura nunca dejaba las cosas al azar y si ella podía mover los dedos de las manos y la cabeza era porque la elfa así lo quería.
La joven percibió que había mucho ajetreo en el estudio. Ella continuaba sobre el altar mientras a su alrededor había gente que iba y venía, se escuchaban órdenes, el sonido del cristal y metal y… un hombre que se inclinó ligeramente sobre ella hasta ocupar todo su campo de visión.
–Despierta de una vez, niña –repitió y entonces Kahli reconoció la voz.
Él era quien la había llamado desde el mundo real la primera vez. Cuando la joven se fijó más en el aspecto de aquel hombre se dio cuenta de que no era tan mayor como le había parecido en un principio. Se podía decir que tendría una edad similar a la de Gideon aunque no había muchas más similitudes entre ellos dos.
El hombre que continuaba inclinado ligeramente sobre ella tenía la piel muy pálida y el cabello oscuro que parecía una nube esponjosa flotando alrededor de su cabeza. Podría haber sido muy atractivo si no fuera por sus ojos extraños, completamente negros con el iris dorado. De ellos emanaba un poder indescriptible, mucho más impresionante y sobrecogedor que el que podía sentirse al lado de la Archibruja.
El hombre la observaba con intensidad, como si estuviera buscando algo que solamente él podría ver o encontrar.
–Eres tan poco cosa… –murmuró levantando ligeramente una de las comisuras de sus labios–. Pero no seré yo quien se dejé engañar por las apariencias…
Él sonrió con una mueca inquietante, inhumana. Kahli tuvo miedo de aquella expresión y quiso volver a esconderse en su interior, en su burbuja, para siempre.
–Sé que estás ahí… –Dijo con un tono cantarín, casi burlón.
–Estoy preparado, Isrym.
La joven reconoció la voz del General y sintió el aguijón de la decepción clavándose en su corazón. Nada ni nadie podrían salvarla de lo que iba a ocurrir.
El hombre se irguió al mismo tiempo que giraba la cabeza hacia un lado y sonreía con esa expresión inquietante.
–Acercaos –dijo.
Gideon obedeció.
A pesar de la precaria situación en la que Kahli se encontraba no pudo evitar sorprenderse al ver como el General se acercaba un poco hasta al altar con una expresión grave que ella nunca le había visto en la cara. Él iba desnudo de cintura para arriba, pero no se parecía en nada a cómo la joven ayudante se lo había imaginado.
El cuerpo de Gideon era fuerte, con la musculatura propia de un guerrero o de una de las hermosas estatuas de héroes que adornaban la gran mayoría de los jardines de la sede de la Hermandad. Su aspecto rivalizaba también con los esclavos de Lura, pero estos detalles no eran ni mucho menos lo más sorprendente: todo el cuerpo del General estaba cubierto de runas negras.
El Gran Brujo observó tranquilamente a Gideon, lo cogió de los hombros y lo movió como si fuera un muñeco hasta situarlo delante de él, más cerca de Kahli.
Ella se fijó entonces en la infinidad de símbolos que alguien había dejado sobre su piel. Los había de muchas clases y tamaños; de magia antigua y magia moderna; de trazos finos, elegantes, gruesos, toscos… Todos ellos estaban unidos entre sí, relacionados de alguna manera para que los hechizos que representaban pudieran funcionar en armonía. En conjunto, las runas parecían una compleja tela de araña que envolvía todo el cuerpo del General salvo su rostro.
Isrym dio un par de vueltas alrededor de Gideon, examinado con sus extraños ojos todos aquellos símbolos. A veces extendía la mano para tocar alguna runa y el General apretaba los dientes intentando parecer ajeno al dolor que sentía en ese instante.
–Esto solo puede ser obra un loco, un demente –murmuraba el Gran Brujo– ¿En qué pensabas? ¿Creías que no podría entenderlo? ¿Qué soy un estúpido?
Kahli se fijó en Isrym, vestido con sus exóticos y coloridos ropajes parecía más alguien que había perdido el juicio que el Gran Brujo de la Hermandad; tenía una mirada enfermiza clavada en los símbolos que recorrían el hombro izquierdo del guerrero, no había dejado de hablar para sí mismo y poco le importaba lo que los demás pudieran pensar de él.
–Quieres engañarme con estos garabatos, malnacido. No, no voy a caer en tus trampas para principiantes... Te he estudiado durante demasiado tiempo y sé lo que tengo que buscar.
El dedo del Gran Brujo seguía un grupo de símbolos hacia el pecho del guerrero.
–Apartar la paja…
Gideon apretó la mandíbula y se escucharon sus dientes rechinar, aun así continuó erguido, mirando al frente y sin dejar escapar más muestras de su sufrimiento que un leve temblor de sus puños cerrados.
–Obviar el grano…
La mano derecha de Isrym empezó a brillar con un resplandor dorado, el color de una magia poderosa que muy pocos podían alcanzar.
–Hasta encontrar la aguja.
Sus dedos se detuvieron justo sobre el corazón del General, sobre un grupo de runas de trazos gruesos y entrelazados. Kahli se preguntaba cómo el Gran Brujo era capaz de entender ese galimatías de dibujos sobre la piel de Gideon.
–Ya podemos empezar –anunció Isrym con una sonrisa exagerada que mostraba unos dientes demasiado blancos.
–Como ordenéis –respondió Lura.
Kahli giró la cabeza hacia el lado contrario sintiendo como el terror ante lo que iba a ocurrir se iba apoderando de ella mientras que ese algo en su interior seguí empujando. Allí estaba la Archibruja de pie. Unos pasos por detrás se encontraban sus esclavos. El hombre khum sostenía una caja plateada con filigranas, al lado también se encontraba el ayudante Ráel.
Lura se inclinó hacia Kahli y comenzó a desabrocharle el cuello del vestido. Sin muchos reparos rasgó la tela cuando le impidió llegar precisamente a la zona que quería.
– ¡No! –Gritó la joven al sentir como sus hombros quedaban al descubierto y poco podía hacer para volver a cubrirse pues no había recuperado el control total de su cuerpo.
– ¡Silencio! –Replicó la Archibruja poniéndole una de sus garras plateadas sobre los labios–. No me obligues a volver a usar la runa de control.
Kahli tragó saliva despacio, aterroriza y no se atrevió a decir nada más.
La Archibruja se quitó entonces sus guantes de garras metálicas. Después situó sus manos sobre el esternón de la joven y cerró los ojos. Empezó a mover los labios muy deprisa, pronunciando las palabras de algún hechizo complicado. Kahli sintió un intenso hormiguero justo donde estaban las manos de Lura, después un agradable calor se extendió desde allí.
–Vamos a hacer historia –dijo Isrym.
Kahli se fijó entonces en lo que ocurría al otro lado del altar en el que estaba tumbada.
Gideon asintió en silencio. El Gran Brujo tenía sus manos sobre el pecho del guerrero y sin decir una palabra más la magia dorada empezó a brillar en sus extraños ojos; ese poder se extendió como si fueran rayos sobre su piel pálida. Primero cubrió parte de su cara, corrió por su cuello hasta esconderse bajo su colorido atuendo y volvió a reaparecer en sus antebrazos para seguir avanzando hacia sus manos. Cuando la magia alcanzó sus dedos se formó una gran esfera de luz que se tragó por completo la oscuridad que los rodeaba.
El General permaneció erguido con los puños apretados. Su expresión denotaba un gran sufrimiento, pero tal era su determinación que se mantuvo en pie con la mirada fija en algún punto fuera del campo visual de Kahli.
La magia del Brujo palpitaba a través de los surcos dorados que recorrían su cara, su cuello y sus manos y la luz iba aumentando de intensidad. Era tan poderosa que incluso podía escucharse su presencia, como si una multitud de rayos eléctricos estuvieran gritando.
El Brujo retiró lentamente las manos de la piel del guerrero y un grupo de runas se separaron del cuerpo del General dejando unas horribles marcas en su torso. Los símbolos se quedaron flotando en el aire durante unos instantes hasta que Isrym los atrapó en su mano con rapidez. Seguidamente apretó el puño y en unos instantes un líquido negro comenzó a gotear entre sus dedos. Se apresuró a recogerlo en un pequeño vial.
Gideon dejó escapar un largo suspiro de alivio a la vez que se sentaba en una silla apartada, cerca de las pesadas cortinas oscuras. El guerrero respiraba con dificultad y se había llevado la mano al pecho, a la zona donde antes habían estado esas runas. Parecía confundido, con la mirada perdida en el vacío.
La Archibruja pasó por delante del General sin mirarlo. Estaba más centrada en abrir la caja que su esclavo khum le tendía. De allí sacó un frasco de cristal con una sustancia roja, vibrante que no paraba de moverse y una pluma con la punta dorada que sumergió en el líquido mágico.
–Ni se te ocurra moverte –advirtió.
[[Obedecer a Lura 4]]Kahli odeció. Sintió un pinchazo en el pecho cuando Lura empezó a dibujar sobre su piel con la pluma que su esclavo humano le había entregado de nuevo.
Con cada nuevo trazo Kahli percibía como más hilos se iban rompiendo en su interior, como si las costuras de un viejo vestido estuvieran abriéndose porque eran demasiado pequeñas para el nuevo cuerpo que crecía sin cesar.
La punta dorada de la pluma se deslizaba sobre la piel de la joven a toda velocidad creando un símbolo que iba creciendo tanto en complejidad como de tamaño conforme pasaban los minutos.
Kahli supo que moriría en el mismo instante en que sintió como el último hilo de su interior se rompía para siempre. Entonces escuchó un rugido contenido durante dieciséis años y como ese algo en su interior, ese monstruo al que temía y odiaba por igual, emergía en el mismo instante en que la Archibruja terminaba el último trazo de su runa morada.
El cuerpo de Kahli se tensó.
El Gran Brujo se acercó al altar y puso ambas manos sobre las runas que había en el borde.
– ¿Hacéis los honores? –Preguntó con una pícara sonrisa dirigida a la elfa.
Ella sonrió halagada, ocupó su puesto al otro lado de la joven y situó sus manos también sobre las runas talladas en la madera. Entonces ambos brujos empezaron a recitar las palabras del conjuro. Los símbolos del altar se iluminaron canalizando todo el poder de Isrym y Lura hacia el cuerpo de Kahli.
La magia se hizo palpable por unos instantes. Era tan poderosa que había creado una corriente de viento en el interior de aquella sala de paredes de telas oscuras.
–Ha llegado el momento de darle la sangre –dijo Lura sin poder disimular su excitación.
Isrym sacó de uno de sus bolsillos el frasco donde había recogido la sustancia negra en la que se habían licuado las runas del General. Por unos instantes contempló su contenido con una sonrisa de satisfacción.
–Esta noche voy a vencerte, por fin –dijo.
Isrym levantó ligeramente la cabeza de Kahli y apoyó el frasco en sus labios. Ella quiso resistirse, pero su conciencia ya estaba muy lejos de su propio cuerpo. El brujo vació todo el contenido en su boca.
Kahli tragó el líquido para no ahogarse, al principio con mucho asco y luego con avidez. El sabor no era metálico sino dulce y cuanto más bebía más deseaba.
–Su sangre te llevará hasta él, hasta nuestro fundador, hasta el traidor, aquel de los mil nombres –ordenó el Gran Brujo.
Isrym le sujetó la cabeza con fuerza y la miró a unos ojos que ya habían dejado de ser humanos.
–Encuéntralo para nosotros –repitió– y mátalo ahora que es débil como un niño.
Con esas últimas palabras apareció otra runa en el pecho de la joven, en este caso era dorada y se entrelazó con la roja que ya había dibujado la Archibruja.
Entonces hubo una explosión de luz en el pecho de Kahli y todos se apartaron de golpe, todos menos Lura. La Archibruja extendió rápidamente la mano para tocar el símbolo que todavía palpitaba en la frente de la chica y susurró las palabras de otro hechizo.
El cuerpecillo de la joven ayudante se transformaba sacudido por incontables espasmos. Sus orejas dejaron de parecer humanas para estirarse con una forma completamente desconocida para los allí presentes. Las manos se deformaron en garras mucho más mortíferas que la de las propias arpías. El pelo perdió su oscuridad para brillar con un blanco muy luminoso y en lo alto de la cabeza aparecieron unos cuernos retorcidos hacia atrás que parecían de bronce. La piel entonces también se volvió de un blanco iridiscente y se cubrió de brillantes escamas.
A estas alturas el maltrecho vestido de Kahli estaba hecho girones sobre su nuevo cuerpo pero a ella ya no le importaba. De un salto se puso en pie sobre el altar, observando a los que allí estaban con unos ojos alargados y de pupilas verticales. Tenían un tono rojo muy intenso. Su rostro también se había deformado un poco, volviéndose más afilados y agresivos sus rasgos. Una larga cola rematada por un peligroso aguijón se movía a su espalda. Y cómo último estadio de transformación se desplegaron unas impresionantes alas membranosas, blancas y tan brillantes como su cabello.
El viento que hasta entonces había convertido el interior de la tienda en un desastre se detuvo. Kahli terminó su metamorfosis y sintió como se desvanecía para siempre. Había dejado de ser ella para convertirse en un monstruo al que ya no podía controlar. Ahora empezaba su vida como la herramienta de la Hermandad de los Dragones.
– ¡Mátalo, Drakolía! – Ordenó nuevamente Isrym.
¿Cumplirás las órdenes de Isrym?
[[Sí, es el Gran Brujo y hace los correcto]]
Kahli tenía mucho miedo, aun así se esforzó por intentar moverse. Después de mucho esfuerzo consiguió levantar la mano izquierda y golpear la pluma que sostenía Lura. El objeto salió volando al otro lado de la estancia y cayó a los pies de Gideon con un sonido metálico. La joven sabía que no iba a poder detenerlos, pero por lo menos les demostraría su rebeldía, aunque solo fuera por última vez.
– ¡Maldita mocosa! –Gritó la Archibruja.
La reacción de Lura no se hizo esperar. Extendió una mano hacia la frente de Kahli y presionó con fuerza el mismo punto donde la runa de control seguía estando presente. La joven sintió como perdía el control de su cuerpo primero y como el conjuro se iba apoderando de su conciencia, otra vez.
Kahli dejó de sentir en ese momento para convertirse en una espectadora de lo que iban a hacer con ella. La realidad empezó a desvanecerse también y apenas notó un ligero pinchazo en el pecho cuando Lura empezó a dibujar sobre su piel con la pluma que su esclavo humano le había entregado de nuevo.
Con cada nuevo trazo Kahli percibía como más hilos se iban rompiendo en su interior, como si las costuras de un viejo vestido estuvieran abriéndose porque eran demasiado pequeñas para el nuevo cuerpo que crecía sin cesar.
La punta dorada de la pluma se deslizaba sobre la piel de la joven a toda velocidad creando un símbolo que iba creciendo tanto en complejidad como de tamaño conforme pasaban los minutos.
Kahli supo que moriría en el mismo instante en que sintió como el último hilo de su interior se rompía para siempre. Entonces escuchó un rugido contenido durante dieciséis años y como ese algo en su interior, ese monstruo al que temía y odiaba por igual, emergía en el mismo instante en que la Archibruja terminaba el último trazo de su runa morada.
El cuerpo de Kahli se tensó.
El Gran Brujo se acercó al altar y puso ambas manos sobre las runas que había en el borde.
– ¿Hacéis los honores? –Preguntó con una pícara sonrisa dirigida a la elfa.
Ella sonrió halagada, ocupó su puesto al otro lado de la joven y situó sus manos también sobre las runas talladas en la madera. Entonces ambos brujos empezaron a recitar las palabras del conjuro. Los símbolos del altar se iluminaron canalizando todo el poder de Isrym y Lura hacia el cuerpo de Kahli.
La magia se hizo palpable por unos instantes. Era tan poderosa que había creado una corriente de viento en el interior de aquella sala de paredes de telas oscuras.
–Ha llegado el momento de darle la sangre –dijo Lura sin poder disimular su excitación.
Isrym sacó de uno de sus bolsillos el frasco donde había recogido la sustancia negra en la que se habían licuado las runas del General. Por unos instantes contempló su contenido con una sonrisa de satisfacción.
–Esta noche voy a vencerte, por fin –dijo.
Isrym levantó ligeramente la cabeza de Kahli y apoyó el frasco en sus labios. Ella quiso resistirse, pero su conciencia ya estaba muy lejos de su propio cuerpo. El brujo vació todo el contenido en su boca.
Kahli tragó el líquido para no ahogarse, al principio con mucho asco y luego con avidez. El sabor no era metálico sino dulce y cuanto más bebía más deseaba.
–Su sangre te llevará hasta él, hasta nuestro fundador, hasta el traidor, aquel de los mil nombres –ordenó el Gran Brujo.
Isrym le sujetó la cabeza con fuerza y la miró a unos ojos que ya habían dejado de ser humanos.
–Encuéntralo para nosotros –repitió– y mátalo ahora que es débil como un niño.
Con esas últimas palabras apareció otra runa en el pecho de la joven, en este caso era dorada y se entrelazó con la roja que ya había dibujado la Archibruja.
Entonces hubo una explosión de luz en el pecho de Kahli y todos se apartaron de golpe, todos menos Lura. La Archibruja extendió rápidamente la mano para tocar el símbolo que todavía palpitaba en la frente de la chica y susurró las palabras de otro hechizo.
El cuerpecillo de la joven ayudante se transformaba sacudido por incontables espasmos. Sus orejas dejaron de parecer humanas para estirarse con una forma completamente desconocida para los allí presentes. Las manos se deformaron en garras mucho más mortíferas que la de las propias arpías. El pelo perdió su oscuridad para brillar con un blanco muy luminoso y en lo alto de la cabeza aparecieron unos cuernos retorcidos hacia atrás que parecían de bronce. La piel entonces también se volvió de un blanco iridiscente y se cubrió de brillantes escamas.
A estas alturas el maltrecho vestido de Kahli estaba hecho girones sobre su nuevo cuerpo pero a ella ya no le importaba. De un salto se puso en pie sobre el altar, observando a los que allí estaban con unos ojos alargados y de pupilas verticales. Tenían un tono rojo muy intenso. Su rostro también se había deformado un poco, volviéndose más afilados y agresivos sus rasgos. Una larga cola rematada por un peligroso aguijón se movía a su espalda. Y cómo último estadio de transformación se desplegaron unas impresionantes alas membranosas, blancas y tan brillantes como su cabello.
El viento que hasta entonces había convertido el interior de la tienda en un desastre se detuvo. Kahli terminó su metamorfosis y sintió como se desvanecía para siempre. Había dejado de ser ella para convertirse en un monstruo al que ya no podía controlar. Ahora empezaba su vida como la herramienta de la Hermandad de los Dragones.
– ¡Mátalo, Drakolía! – Ordenó nuevamente Isrym.
¿Cumplirás las órdenes de Isrym?
[[Sí, es el Gran Brujo y hace los correcto]]
[[No, no soy una asesina]]
Kahli odeció. Sintió un pinchazo en el pecho cuando Lura empezó a dibujar sobre su piel con la pluma que su esclavo humano le había entregado de nuevo.
Con cada nuevo trazo Kahli percibía como más hilos se iban rompiendo en su interior, como si las costuras de un viejo vestido estuvieran abriéndose porque eran demasiado pequeñas para el nuevo cuerpo que crecía sin cesar.
La punta dorada de la pluma se deslizaba sobre la piel de la joven a toda velocidad creando un símbolo que iba creciendo tanto en complejidad como de tamaño conforme pasaban los minutos.
Kahli supo que moriría en el mismo instante en que sintió como el último hilo de su interior se rompía para siempre. Entonces escuchó un rugido contenido durante dieciséis años y como ese algo en su interior, ese monstruo al que temía y odiaba por igual, emergía en el mismo instante en que la Archibruja terminaba el último trazo de su runa morada.
El cuerpo de Kahli se tensó.
El Gran Brujo se acercó al altar y puso ambas manos sobre las runas que había en el borde.
– ¿Hacéis los honores? –Preguntó con una pícara sonrisa dirigida a la elfa.
Ella sonrió halagada, ocupó su puesto al otro lado de la joven y situó sus manos también sobre las runas talladas en la madera. Entonces ambos brujos empezaron a recitar las palabras del conjuro. Los símbolos del altar se iluminaron canalizando todo el poder de Isrym y Lura hacia el cuerpo de Kahli.
La magia se hizo palpable por unos instantes. Era tan poderosa que había creado una corriente de viento en el interior de aquella sala de paredes de telas oscuras.
–Ha llegado el momento de darle la sangre –dijo Lura sin poder disimular su excitación.
Isrym sacó de uno de sus bolsillos el frasco donde había recogido la sustancia negra en la que se habían licuado las runas del General. Por unos instantes contempló su contenido con una sonrisa de satisfacción.
–Esta noche voy a vencerte, por fin –dijo.
Isrym levantó ligeramente la cabeza de Kahli y apoyó el frasco en sus labios. Ella quiso resistirse, pero su conciencia ya estaba muy lejos de su propio cuerpo. El brujo vació todo el contenido en su boca.
Kahli tragó el líquido para no ahogarse, al principio con mucho asco y luego con avidez. El sabor no era metálico sino dulce y cuanto más bebía más deseaba.
–Su sangre te llevará hasta él, hasta nuestro fundador, hasta el traidor, aquel de los mil nombres –ordenó el Gran Brujo.
Isrym le sujetó la cabeza con fuerza y la miró a unos ojos que ya habían dejado de ser humanos.
–Encuéntralo para nosotros –repitió– y mátalo ahora que es débil como un niño.
Con esas últimas palabras apareció otra runa en el pecho de la joven, en este caso era dorada y se entrelazó con la roja que ya había dibujado la Archibruja.
Entonces hubo una explosión de luz en el pecho de Kahli y todos se apartaron de golpe, todos menos Lura. La Archibruja extendió rápidamente la mano para tocar el símbolo que todavía palpitaba en la frente de la chica y susurró las palabras de otro hechizo.
El cuerpecillo de la joven ayudante se transformaba sacudido por incontables espasmos. Sus orejas dejaron de parecer humanas para estirarse con una forma completamente desconocida para los allí presentes. Las manos se deformaron en garras mucho más mortíferas que la de las propias arpías. El pelo perdió su oscuridad para brillar con un blanco muy luminoso y en lo alto de la cabeza aparecieron unos cuernos retorcidos hacia atrás que parecían de bronce. La piel entonces también se volvió de un blanco iridiscente y se cubrió de brillantes escamas.
A estas alturas el maltrecho vestido de Kahli estaba hecho girones sobre su nuevo cuerpo pero a ella ya no le importaba. De un salto se puso en pie sobre el altar, observando a los que allí estaban con unos ojos alargados y de pupilas verticales. Tenían un tono rojo muy intenso. Su rostro también se había deformado un poco, volviéndose más afilados y agresivos sus rasgos. Una larga cola rematada por un peligroso aguijón se movía a su espalda. Y cómo último estadio de transformación se desplegaron unas impresionantes alas membranosas, blancas y tan brillantes como su cabello.
El viento que hasta entonces había convertido el interior de la tienda en un desastre se detuvo. Kahli terminó su metamorfosis y sintió como se desvanecía para siempre. Había dejado de ser ella para convertirse en un monstruo al que ya no podía controlar. Ahora empezaba su vida como la herramienta de la Hermandad de los Dragones.
– ¡Mátalo, Drakolía! – Ordenó nuevamente Isrym.
La criatura respondió con un gruñido y salió de la tienda con rapidez. Las arpías en el exterior empezaron a gritar nerviosas ante su presencia. La Drakolía las miró por unos instantes y soltó un poderoso rugido que las hizo enmudecer a todas sin excepción. Después levantó la cabeza y la movió como si estuviera buscando algo en el aire. Sus extraños ojos se clavaron en el castillo que estaba a su izquierda.
Con un nuevo gruñido la Drakolía desplegó sus alas y echó a volar hacia su presa.
¿Intentar resistirte a los hechizos?
[[No, es demasiado esfuerzo]]
Kahli tenía mucho miedo, aun así se esforzó por intentar moverse. Después de mucho esfuerzo consiguió levantar la mano izquierda y golpear la pluma que sostenía Lura. El objeto salió volando al otro lado de la estancia y cayó a los pies de Gideon con un sonido metálico. La joven sabía que no iba a poder detenerlos, pero por lo menos les demostraría su rebeldía, aunque solo fuera por última vez.
– ¡Maldita mocosa! –Gritó la Archibruja.
La reacción de Lura no se hizo esperar. Extendió una mano hacia la frente de Kahli y presionó con fuerza el mismo punto donde la runa de control seguía estando presente. La joven sintió como perdía el control de su cuerpo primero y como el conjuro se iba apoderando de su conciencia, otra vez.
Kahli dejó de sentir en ese momento para convertirse en una espectadora de lo que iban a hacer con ella. La realidad empezó a desvanecerse también y apenas notó un ligero pinchazo en el pecho cuando Lura empezó a dibujar sobre su piel con la pluma que su esclavo humano le había entregado de nuevo.
Con cada nuevo trazo Kahli percibía como más hilos se iban rompiendo en su interior, como si las costuras de un viejo vestido estuvieran abriéndose porque eran demasiado pequeñas para el nuevo cuerpo que crecía sin cesar.
La punta dorada de la pluma se deslizaba sobre la piel de la joven a toda velocidad creando un símbolo que iba creciendo tanto en complejidad como de tamaño conforme pasaban los minutos.
Kahli supo que moriría en el mismo instante en que sintió como el último hilo de su interior se rompía para siempre. Entonces escuchó un rugido contenido durante dieciséis años y como ese algo en su interior, ese monstruo al que temía y odiaba por igual, emergía en el mismo instante en que la Archibruja terminaba el último trazo de su runa morada.
El cuerpo de Kahli se tensó.
El Gran Brujo se acercó al altar y puso ambas manos sobre las runas que había en el borde.
– ¿Hacéis los honores? –Preguntó con una pícara sonrisa dirigida a la elfa.
Ella sonrió halagada, ocupó su puesto al otro lado de la joven y situó sus manos también sobre las runas talladas en la madera. Entonces ambos brujos empezaron a recitar las palabras del conjuro. Los símbolos del altar se iluminaron canalizando todo el poder de Isrym y Lura hacia el cuerpo de Kahli.
La magia se hizo palpable por unos instantes. Era tan poderosa que había creado una corriente de viento en el interior de aquella sala de paredes de telas oscuras.
–Ha llegado el momento de darle la sangre –dijo Lura sin poder disimular su excitación.
Isrym sacó de uno de sus bolsillos el frasco donde había recogido la sustancia negra en la que se habían licuado las runas del General. Por unos instantes contempló su contenido con una sonrisa de satisfacción.
–Esta noche voy a vencerte, por fin –dijo.
Isrym levantó ligeramente la cabeza de Kahli y apoyó el frasco en sus labios. Ella quiso resistirse, pero su conciencia ya estaba muy lejos de su propio cuerpo. El brujo vació todo el contenido en su boca.
Kahli tragó el líquido para no ahogarse, al principio con mucho asco y luego con avidez. El sabor no era metálico sino dulce y cuanto más bebía más deseaba.
–Su sangre te llevará hasta él, hasta nuestro fundador, hasta el traidor, aquel de los mil nombres –ordenó el Gran Brujo.
Isrym le sujetó la cabeza con fuerza y la miró a unos ojos que ya habían dejado de ser humanos.
–Encuéntralo para nosotros –repitió– y mátalo ahora que es débil como un niño.
Con esas últimas palabras apareció otra runa en el pecho de la joven, en este caso era dorada y se entrelazó con la roja que ya había dibujado la Archibruja.
Entonces hubo una explosión de luz en el pecho de Kahli y todos se apartaron de golpe, todos menos Lura. La Archibruja extendió rápidamente la mano para tocar el símbolo que todavía palpitaba en la frente de la chica y susurró las palabras de otro hechizo.
El cuerpecillo de la joven ayudante se transformaba sacudido por incontables espasmos. Sus orejas dejaron de parecer humanas para estirarse con una forma completamente desconocida para los allí presentes. Las manos se deformaron en garras mucho más mortíferas que la de las propias arpías. El pelo perdió su oscuridad para brillar con un blanco muy luminoso y en lo alto de la cabeza aparecieron unos cuernos retorcidos hacia atrás que parecían de bronce. La piel entonces también se volvió de un blanco iridiscente y se cubrió de brillantes escamas.
A estas alturas el maltrecho vestido de Kahli estaba hecho girones sobre su nuevo cuerpo pero a ella ya no le importaba. De un salto se puso en pie sobre el altar, observando a los que allí estaban con unos ojos alargados y de pupilas verticales. Tenían un tono rojo muy intenso. Su rostro también se había deformado un poco, volviéndose más afilados y agresivos sus rasgos. Una larga cola rematada por un peligroso aguijón se movía a su espalda. Y cómo último estadio de transformación se desplegaron unas impresionantes alas membranosas, blancas y tan brillantes como su cabello.
El viento que hasta entonces había convertido el interior de la tienda en un desastre se detuvo. Kahli terminó su metamorfosis y sintió como se desvanecía para siempre. Había dejado de ser ella para convertirse en un monstruo al que ya no podía controlar. Ahora empezaba su vida como la herramienta de la Hermandad de los Dragones.
– ¡Mátalo, Drakolía! – Ordenó nuevamente Isrym.
¿Intentar resistirte a los hechizos?
[[Sí, no soporto que me controlen]]
[[No, es demasiado esfuerzo]]
Kahli se rinde y deja que los hechizos de su cuerpo tomen el control sobre ella.
Habla Lura. Está satisfecha con el comportamiento de sumisión de Kahli.
-Cumple tu misión y serás recompensada -le dice.
(Puede llevar implícito algo que Kahli desee mucho)
[[Drakolía bajo el control de la Hermandad sin runa de control]]Aunque las runas en el cuerpo de Kahli son poderosas ella se esfuerza por no dejar el control total de su cuerpo a la Drakolía.
Lura se da cuenta e intenta lanzarle un hechizo, pero Isrym le detiene. Es mejor usar más sangre.
Se acerca a Gideon, que ya está hecho polvo y le arranca tantas runas del cuerpo para usar la sangre que acaba mantandolo.
Le dan la sangre a Kahli/Drakolía y termina por perder el control total, como si se volviera loca.
Isrym debe de añadir una amenaza chunga: si no cumples con tu misión tu hermana Agatha lo pagará.
Cuando vaya digiriendo la sangre Kahli irá cogiendo otra vez el control de su cuerpo.
(No lleva la runa de control de Lura)
[[Drakolía enloquecida por la sangre de Gideon sin runa de control]]Kahli se rinde y deja que los hechizos de su cuerpo tomen el control sobre ella.
Isrym debe de añadir una amenaza chunga: si no cumples con tu misión tu hermana Agatha lo pagará.
[[Drakolía bajo el control de la Hermandad con runa de Lura]]Aunque las runas en el cuerpo de Kahli son poderosas ella se esfuerza por no dejar el control total de su cuerpo a la Drakolía.
Con mucho esfuerzo permanecerá consciente de todo lo que hace la criatura, aunque por ahora no podrá hacer nada para evitarlo. La runa de Lura es poderosa y la controla.
Isrym debe de añadir una amenaza chunga: si no cumples con tu misión tu hermana Agatha lo pagará.
[[Drakolía con runa de control de Lura ]]
#Gideon
¿Qué ha pasado?
#Khali
...
#Guideon
Esto no tiene buen aspecto, voy a llevarte a la tienda que ya está en pie.
#Khali
... Lo siento.
#Gideón
Hablaremos de tu disciplina más tarde.
#
Gideón me dejó en su camastro.
#Gideon
¿Qué te ocurre, Khali?
¿Qué ha pasado?
---¿Le cuentas la verdad?
[[Sí, confío en Gideon]]
[[No, nadie tiene que saber lo que me he tomado ni de mi enfermedad]]
Kahli sigue pensando en el elixir como si fuera "comida" y no aporta más información sobre el preparado o para qué sirve.
[[Tomarse o no el elixir]]-No. No sirve, por mucho que siente bien al principio es una medicina y no calmará mi hambre.
Tengo que tomarme esta medicina todos los días de mi vida. Me la prepara mi hermana y me ha dado suficientes frascos para esta campaña y para el viaje de vuelta a casa.
Me agobia estar dependiendo de esta medicina para vivir, pero si no me la tomo mi cuerpo empieza a transformarse y no lo soporto. El mounstro aparece y una vez le hizo mucho daño a mi propia hermana. Por nada del mundo quiero ver esa abominación otra vez. Por nada del mundo dejaré esas escamas atravesarme la piel de nuevo.
Aquí no es seguro. Tengo que aprovechar un momento que no me vean, quizá en la tienda del general, cuando la monten. Pero por favor, que sea pronto, si no, será un desastre.
[[Tomarse o no el elixir]]A mi alrededor, cuatro capitanes enfundados en armaduras blancas y azules, los colores la División del Dragón Blanco, me vigilaban muy de cerca por culpa del pequeño incidente con otros estudiantes, días atrás. Eran la escolta personal del General Gideon y despistarlos iba a ser muy dificil, sobre todo al capitán Arkuss.
-Tengo tanta hambre... ¿Debería tomarme ya mi elixir?
[[Sí. Tomarse el elixir y aplacar un poco el hambre.]]
[[No. Los soldados están muy cerca y es mejor esperar a acampar.]]Saqué el pequeño frasco del bolsillo de mi túnica. Abrí los dedos de la mano para observar la botellita con una media sonrisa de satisfacción. Con el pulgar empujé y se deshizo el tapón que lo mantenía hermeticamente cerrado. Me dispuse a beber cuando...
...me di de bruces contra la enorme espalda de Arkuss.
El hombre se había detenido de golpe, como el resto del ejército y yo ni si quiera me había dado cuenta. La botellita con el elixir ahora estaba en el suelo y su contenido se derramba sobre la tierra yerma que recorrían.
Maldición. ¿Por qué las cosas siempre me tenían que salir tan mal?
– ¿Se puede saber qué estás haciendo?
Intenta no hacer más el idiota, aunque solo sea por esta noche Así todos veremos un nuevo amanecer.
– ¡Yo no hago el idiota! –Replicó Kahli casi gritando. Estaba indignada por el comentario –. Si estás enfadado no lo pagues conmigo, Arkuss –añadió Kahli torciendo el gesto–. A mí tampoco me gusta esta situación.
– Tiene gracia que digas eso –el capitán la miró de reojo incrédulo y más enojado que antes–. Estamos así precisamente por tu culpa.
– ¡Ya os lo he repetido mil veces!
(PIENSA): ¡Yo no tengo la culpa de lo que pasó con esos repipis engreídos!
Arkuss la fulminó con su mirada gris.
– Están las cosas bastante calientes ya para que sigas insultando a quien no debes –dijo–. Si por mí fuera, dejaría que los Generales ajustaran las cuentas contigo ahora mismo.
– Los otros Generales tienen cosas más importantes de las que preocuparse –afirmó Kahli muy segura de sí misma.
– Sí, por esta noche –añadió el capitán con una ligera sonrisa en los labios–, pero cuando acabe su misión tendrán todo el tiempo del mundo para decidir cómo castigarte.
– Eres un exagerado. Nadie se tomaría tantas molestias por un puñado de estudiantes magullados…
– Eres más tonta de lo que creía – se rió Arkuss sin vergüenza–. Después de tantos años en la Escuela de Brujería y aun no te has enterado de que los puestos de ayudante de General están ocupados por estudiantes, ¿cómo decirlo para que lo entiendas? – Hizo una pausa – Privilegiados…
– ¿Qué quieres decir con eso? –Replicó ella a la defensiva.
– Que la gran mayoría de esos ayudantes son familiares, hijos, primos, hermanos... de gente muy importante, tanto dentro como fuera de la Hermandad –explicó Arkuss regocijándose en sus palabras–. Ahora piensa, ¿cómo se va a tomar la Hermandad que una doñanadie como tú haya dado una paliza a esos estudiantes privilegiados? Has comentido una afrenta contra familias muy importantes. Has dejado sin ayudantes a un gran número de Generales entre nuestras filas y no están muy contentos.
Puede que no fuera una estudiante privilegiada, pero si estaba allí como ayudante del mismísimo General Gideon tenía que ser por un buen motivo.
– Se merecían lo que les pasó –dijo ella al cabo del rato. No iba a darle la razón a Arkuss – ¡Querían quitarme del medio para quedarse con mi puesto!
– La que exagera ahora eres tú –replicó el capitán–. Te gastaron una novatada y no supiste encajarla.
– Según tú debería haber dejado que me dieran una paliza ¿no?
– Hubiera sido lo mejor para todos – afirmó él con demasiada sinceridad–. Nosotros estaríamos haciendo nuestro trabajo esta noche y no siendo tus niñeras. Has enfadado a gente que podría matarte sin pensárselo dos veces.
– ¡No se atreverán! –Exclamó Kahli mientras sentía como el vello del cuerpo se le erizaba–. Estoy bajo la supervisión y protección de Gideon. No se enfrentarían al General de la división del Dragón Blanco….
– Cosas más increíbles se han visto… –sentenció el oficial con una sonrisa inquietante.
No me atreví a decir nada más. No quería creer aquellas palabras, aunque no tuve más que mirar a mi alrededor para darme cuenta de que estaba diciéndome la verdad. Si no estuviera en peligro, el General no habría ordenado a sus mejores capitanes que me protegieran precisamente la noche que él más los necesitaba.
Necesitaría un milagro, uno de los grandes, para poder salir bien parada del lío en el que estaba metida. Maldigo mil veces la hora en que fui elegida para ser la ayudante del General Gideón.
No quería pensar más y me dejé atrapar por un fulgor procedente del centro del Éjercito. Era una luz mágica, verdosa que pronto se extendió hacia todas partes como un arrullo. Sentí más que nunca que pertenecía a ese mundo extraño creado por la Hermandad, donde elfos oscuros, enanos de arena, arpías, trolls, orcos y un sinfín de razas más se habían unido con un objetivo común: servir a la Hermandad de los Dragones.
[[El castillo 1]]
Confesé lo que me había pasado.
Le va a costar bastante pero le dice a Gideon lo de su "enfermedad" y para que sirve lo que se ha tomado.
Le enseña el frasco y todavía se ven los restos de magia morada. Solo una persona en toda la Hermandad usa ese tipo de magia.
-Lura... -dice él.
Gideon la invita a que se relaje mientras él va a hablar con Lura. Quiere llegar al fondo de todo esto, no le gusta que otros Generales se tomen la justicia por su mano. Kahli está bajo su supervisión y si alguien tiene que castigarla por lo de los ayudantes de él.
De todas maneras, Kahli y Gideon saben que si Lura ha tocado los elixires es porque está al corriente de que la chica se los tiene que tomar. Así que Gideon también quiere aclarar ese asunto.
(Gideon está al tanto de todo, pero por ahora no va a decir nada. Va a comportarse como un amigo y que tiene cierto interés en Kahli)
[[Ritual en la tienda de Gideon 2]]Kahli no cofía en nadie. Por muy amable y atento que sea Gideon...
Él le dice que va llamar al Sanador para ver qué le ocurre.
Y ella, asustada de que puedan descubrirla se apresura a mentir:
-Es un preparado que me hizo mi hermana por si me dolía el estómago... -A Kahli no le tiembla la voz y Gideon parece aceptar la respuesta.
Gideon le dice que se quede descanasando. Él tiene que atender otros asuntos.
[[Ritual en la tienda de Gideon 1]]
Kahli se ha quedado adormilada.
No sabe cuánto tiempo ha pasado desde que se fue Gideon pero la despiertan unas vocese en el interior de la tienda.
Son Lura y Gideon discutiendo sobre por qué Lura ha manipulado los elixires de KAhli...
(la misma conversación, más o menos que tienen en la línea central)
Kahli se da cuenta de que Gideon también estaba al corriente de su situación y solo quiere marcharse de allí. Pero no puede. No hay por donde huir y su mano ya ha empezado a transformarse en garra...
Los sirvientes de Lura cogen a Kahli y la ponen sobre una de las mesas de la tienda de Gideon para preaprar el ritual.
¿Te resistes?
[[Sí, no se lo vas a poner fácil]]
[[No, no puedo hacer nada para escapar]]
Kahli se ha quedado adormilada.
No sabe cuánto tiempo ha pasado desde que se fue Gideon pero la despiertan unas vocese en el interior de la tienda.
Son Lura y Gideon discutiendo sobre por qué Lura ha manipulado los elixires de KAhli...
(la misma conversación, más o menos que tienen en la línea central)
Los sirvientes de Lura cogen a Kahli y la ponen sobre una de las mesas de la tienda de Gideon para preaprar el ritual.
¿Te resistes?
[[Sí, no se lo vas a poner fácil 2]]
[[No, no puedo hacer nada para escapar]]
n pun medio en el que Kahli coopere y Lura no sea tan agresiva.
Llega Isrym en este momento para poner paz.
A Isrym poco le importa KAhli, solo es importante el resultado final y llevan a cabo el ritual.
Kahli se va a intentar resisir a lo largo de todo el ritual y Lura usará las runas de control.
– ¡Mátalo, Drakolía! – Ordenó nuevamente Isrym.
La criatura respondió con un gruñido y salió de la tienda con rapidez. Las arpías en el exterior empezaron a gritar nerviosas ante su presencia. La Drakolía las miró por unos instantes y soltó un poderoso rugido que las hizo enmudecer a todas sin excepción. Después levantó la cabeza y la movió como si estuviera buscando algo en el aire. Sus extraños ojos se clavaron en el castillo que estaba a su izquierda.
Con un nuevo gruñido la Drakolía desplegó sus alas y echó a volar hacia su presa.
(Isrym debe de añadir una amenaza chunga: si no cumples con tu misión tu hermana Agatha lo pagará. )
[[Drakolía con runas de control]]El ritual es menos agresivo para Kahli y ella no se resiste en ningún momento.
Cuando Kahli se transforma Isrym le habla:
– ¡Mátalo, Drakolía! – Ordenó nuevamente Isrym.
La criatura respondió con un gruñido y salió de la tienda con rapidez. Las arpías en el exterior empezaron a gritar nerviosas ante su presencia. La Drakolía las miró por unos instantes y soltó un poderoso rugido que las hizo enmudecer a todas sin excepción. Después levantó la cabeza y la movió como si estuviera buscando algo en el aire. Sus extraños ojos se clavaron en el castillo que estaba a su izquierda.
Con un nuevo gruñido la Drakolía desplegó sus alas y echó a volar hacia su presa.
(Isrym debe de añadir una amenaza chunga: si no cumples con tu misión tu hermana Agatha lo pagará. )
[[Drakolía sin runas de control]]Gideon entra en escena, entonces.
Te libera de los sirvientes de Lura y te acompaña fuera para que te sientes en una silla.
Te explica que esa noche la Hermandad te va a encomendar una misión muy importante, una misión para que que fuiste creada. Esperan mucho de ti... (intenta explicarte las cosas desde su punto de vista que cree que es el correcto y el justo)
¿Estás de acuerdo con él?
[[Sí, me ha convencido]]
[[No, no me voy a convertir es una herramienta de la hermandad]]
Kahli acepta su destino sin más.
Isrym llega en ese momento para hacer el ritual con Lura.
(El ritual es el mismo que en la línea central, la única diferencia es que Gideon comparte más miradas de complicidad con Kahli, como si estuviera orgulloso de lo que ha hecho. ESte sería un punto importante en el que se asentarían las bases para la realción con Gideon)
El ritual es menos agresivo para Kahli y ella no se resiste en ningún momento.
Cuando Kahli se transforma Isrym le habla:
– ¡Mátalo, Drakolía! – Ordenó nuevamente Isrym.
La criatura respondió con un gruñido y salió de la tienda con rapidez. Las arpías en el exterior empezaron a gritar nerviosas ante su presencia. La Drakolía las miró por unos instantes y soltó un poderoso rugido que las hizo enmudecer a todas sin excepción. Después levantó la cabeza y la movió como si estuviera buscando algo en el aire. Sus extraños ojos se clavaron en el castillo que estaba a su izquierda.
Con un nuevo gruñido la Drakolía desplegó sus alas y echó a volar hacia su presa.
[[Drakolía del lado de Gideon]]La explicación de Gideon no te convence y re resistes todo lo que puedes.
Gideon intenta convencerte, calmarte de todas las maneras.
Lura manda a sus sirvientes y llevan a Kahli hasta la mesa para el ritual.
Gideon intenta encontrar un punto medio en el que Kahli coopere y Lura no sea tan agresiva.
Llega Isrym en este momento para poner paz.
A Isrym poco le importa KAhli, solo es importante el resultado final y llevan a cabo el ritual.
–Eres tan poco cosa… –murmuró levantando ligeramente una de las comisuras de sus labios–. Pero no seré yo quien se dejé engañar por las apariencias…
Él sonrió con una mueca inquietante, inhumana. Kahli tuvo miedo de aquella expresión y quiso volver a esconderse en su interior, en su burbuja, para siempre.
–Sé que estás ahí… –Dijo con un tono cantarín, casi burlón.
–Estoy preparado, Isrym.
La joven reconoció la voz del General y sintió el aguijón de la decepción clavándose en su corazón. Nada ni nadie podrían salvarla de lo que iba a ocurrir.
El hombre se irguió al mismo tiempo que giraba la cabeza hacia un lado y sonreía con esa expresión inquietante.
–Acercaos –dijo.
Gideon obedeció.
A pesar de la precaria situación en la que Kahli se encontraba no pudo evitar sorprenderse al ver como el General se acercaba un poco hasta al altar con una expresión grave que ella nunca le había visto en la cara. Él iba desnudo de cintura para arriba, pero no se parecía en nada a cómo la joven ayudante se lo había imaginado.
El cuerpo de Gideon era fuerte, con la musculatura propia de un guerrero o de una de las hermosas estatuas de héroes que adornaban la gran mayoría de los jardines de la sede de la Hermandad. Su aspecto rivalizaba también con los esclavos de Lura, pero estos detalles no eran ni mucho menos lo más sorprendente: todo el cuerpo del General estaba cubierto de runas negras.
El Gran Brujo observó tranquilamente a Gideon, lo cogió de los hombros y lo movió como si fuera un muñeco hasta situarlo delante de él, más cerca de Kahli.
Ella se fijó entonces en la infinidad de símbolos que alguien había dejado sobre su piel. Los había de muchas clases y tamaños; de magia antigua y magia moderna; de trazos finos, elegantes, gruesos, toscos… Todos ellos estaban unidos entre sí, relacionados de alguna manera para que los hechizos que representaban pudieran funcionar en armonía. En conjunto, las runas parecían una compleja tela de araña que envolvía todo el cuerpo del General salvo su rostro.
Isrym dio un par de vueltas alrededor de Gideon, examinado con sus extraños ojos todos aquellos símbolos. A veces extendía la mano para tocar alguna runa y el General apretaba los dientes intentando parecer ajeno al dolor que sentía en ese instante.
–Esto solo puede ser obra un loco, un demente –murmuraba el Gran Brujo– ¿En qué pensabas? ¿Creías que no podría entenderlo? ¿Qué soy un estúpido?
Kahli se fijó en Isrym, vestido con sus exóticos y coloridos ropajes parecía más alguien que había perdido el juicio que el Gran Brujo de la Hermandad; tenía una mirada enfermiza clavada en los símbolos que recorrían el hombro izquierdo del guerrero, no había dejado de hablar para sí mismo y poco le importaba lo que los demás pudieran pensar de él.
–Quieres engañarme con estos garabatos, malnacido. No, no voy a caer en tus trampas para principiantes... Te he estudiado durante demasiado tiempo y sé lo que tengo que buscar.
El dedo del Gran Brujo seguía un grupo de símbolos hacia el pecho del guerrero.
–Apartar la paja…
Gideon apretó la mandíbula y se escucharon sus dientes rechinar, aun así continuó erguido, mirando al frente y sin dejar escapar más muestras de su sufrimiento que un leve temblor de sus puños cerrados.
–Obviar el grano…
La mano derecha de Isrym empezó a brillar con un resplandor dorado, el color de una magia poderosa que muy pocos podían alcanzar.
–Hasta encontrar la aguja.
Sus dedos se detuvieron justo sobre el corazón del General, sobre un grupo de runas de trazos gruesos y entrelazados. Kahli se preguntaba cómo el Gran Brujo era capaz de entender ese galimatías de dibujos sobre la piel de Gideon.
–Ya podemos empezar –anunció Isrym con una sonrisa exagerada que mostraba unos dientes demasiado blancos.
–Como ordenéis –respondió Lura.
Kahli giró la cabeza hacia el lado contrario sintiendo como el terror ante lo que iba a ocurrir se iba apoderando de ella mientras que ese algo en su interior seguí empujando. Allí estaba la Archibruja de pie. Unos pasos por detrás se encontraban sus esclavos. El hombre khum sostenía una caja plateada con filigranas, al lado también se encontraba el ayudante Ráel.
Lura se inclinó hacia Kahli y comenzó a desabrocharle el cuello del vestido. Sin muchos reparos rasgó la tela cuando le impidió llegar precisamente a la zona que quería.
– ¡No! –Gritó la joven al sentir como sus hombros quedaban al descubierto y poco podía hacer para volver a cubrirse pues no había recuperado el control total de su cuerpo.
– ¡Silencio! –Replicó la Archibruja poniéndole una de sus garras plateadas sobre los labios–. No me obligues a volver a usar la runa de control.
Kahli tragó saliva despacio, aterroriza y no se atrevió a decir nada más.
La Archibruja se quitó entonces sus guantes de garras metálicas. Después situó sus manos sobre el esternón de la joven y cerró los ojos. Empezó a mover los labios muy deprisa, pronunciando las palabras de algún hechizo complicado. Kahli sintió un intenso hormiguero justo donde estaban las manos de Lura, después un agradable calor se extendió desde allí.
–Vamos a hacer historia –dijo Isrym.
Kahli se fijó entonces en lo que ocurría al otro lado del altar en el que estaba tumbada.
Gideon asintió en silencio. El Gran Brujo tenía sus manos sobre el pecho del guerrero y sin decir una palabra más la magia dorada empezó a brillar en sus extraños ojos; ese poder se extendió como si fueran rayos sobre su piel pálida. Primero cubrió parte de su cara, corrió por su cuello hasta esconderse bajo su colorido atuendo y volvió a reaparecer en sus antebrazos para seguir avanzando hacia sus manos. Cuando la magia alcanzó sus dedos se formó una gran esfera de luz que se tragó por completo la oscuridad que los rodeaba.
El General permaneció erguido con los puños apretados. Su expresión denotaba un gran sufrimiento, pero tal era su determinación que se mantuvo en pie con la mirada fija en algún punto fuera del campo visual de Kahli.
La magia del Brujo palpitaba a través de los surcos dorados que recorrían su cara, su cuello y sus manos y la luz iba aumentando de intensidad. Era tan poderosa que incluso podía escucharse su presencia, como si una multitud de rayos eléctricos estuvieran gritando.
El Brujo retiró lentamente las manos de la piel del guerrero y un grupo de runas se separaron del cuerpo del General dejando unas horribles marcas en su torso. Los símbolos se quedaron flotando en el aire durante unos instantes hasta que Isrym los atrapó en su mano con rapidez. Seguidamente apretó el puño y en unos instantes un líquido negro comenzó a gotear entre sus dedos. Se apresuró a recogerlo en un pequeño vial.
Gideon dejó escapar un largo suspiro de alivio a la vez que se sentaba en una silla apartada, cerca de las pesadas cortinas oscuras. El guerrero respiraba con dificultad y se había llevado la mano al pecho, a la zona donde antes habían estado esas runas. Parecía confundido, con la mirada perdida en el vacío.
La Archibruja pasó por delante del General sin mirarlo. Estaba más centrada en abrir la caja que su esclavo khum le tendía. De allí sacó un frasco de cristal con una sustancia roja, vibrante que no paraba de moverse y una pluma con la punta dorada que sumergió en el líquido mágico.
- ¿QUé vas a hacerme?, ¡no!
- ¡No te resistas!
(Kahli se va a intentar resisir a lo largo de todo el ritual.)
– ¡Mátalo, Drakolía! – Ordenó nuevamente Isrym.
Aunque las runas en el cuerpo de Kahli son poderosas ella se esfuerza por no dejar el control total de su cuerpo a la Drakolía.
Lura se da cuenta e intenta lanzarle un hechizo, pero Isrym le detiene. Es mejor usar más sangre.
Se acerca a Gideon, que ya está hecho polvo y le arranca tantas runas del cuerpo para usar la sangre que acaba mantándolo.
Le dan la sangre a Kahli/Drakolía y termina por perder el control total, como si se volviera loca.
Cuando vaya digiriendo la sangre Kahli irá cogiendo otra vez el control de su cuerpo.
[[Drakolía con mucha sangre de Gideon 1]]
La Drakolía se dirigía hacia el castillo. Extendió las alas para planear alrededor de la torre más alta de la fortaleza, donde los ataques habían arrancado gran parte del bonito tejado picudo y su aguja mágica.
El objetivo de la criatura estaba precisamente en el edificio al otro lado del jardín principal. Sin apenas detenerse, la Drakolía atravesó uno de los ventanales del primer piso. Levantó la cabeza y olisqueó el aire como un animal. Sentía el aroma de esa sangre que le llamaba, la atraía sin remedio. Supo donde la encontraría.
Cruzó puertas, muros, arrancó estatuas y destrozó todo lo que se interponía en su paso. Llegó a una zona que se había derrumbado, escuchó el eco de unas voces. La Drakolía se relamió de gusto y descendió despacio entre los escombros. Con la paciencia de un depredador aguardó el momento oportuno para saltar sobre su presa.
Se escucharon gritos, pero ella no los entendió, estaba demasiado cegada por su instinto. Hubo una lucha, algo de dolor… el momento que había quedado grabado en la memoria de Kahli fue cuando la Drakolía consiguió clavar sus colmillos en el cuello del hombre. La sangre inundó de nuevo su boca. Sabía mucho mejor que la que Isrym le había dado.
En ese instante sintió una mano enorme sobre su frente, después se cerró en un puño que cogió algo enterrado en su mente; Ese algo que se resistió, se esforzó por huir, por extender sus tentáculos hacia la runa roja y dorada que había en el pecho de la Drakolía. Sin embargo no lo consiguió. El hombre tiró de esa cosa con más fuerza hasta que la arrancó y la aplastó entre sus dedos.
Kahli se sintió liberada, aunque ya era demasiado tarde para poder reaccionar.
Ambos cayeron al vacío.
[[Kahli recupera el control de sí misma]]La Drakolía se dirigía hacia el castillo. Extendió las alas para planear alrededor de la torre más alta de la fortaleza, donde los ataques habían arrancado gran parte del bonito tejado picudo y su aguja mágica.
El objetivo de la criatura estaba precisamente en el edificio al otro lado del jardín principal. Sin apenas detenerse, la Drakolía atravesó uno de los ventanales del primer piso. Levantó la cabeza y olisqueó el aire como un animal. Sentía el aroma de esa sangre que le llamaba, la atraía sin remedio. Supo donde la encontraría.
Cruzó puertas, muros, arrancó estatuas y destrozó todo lo que se interponía en su paso. Llegó a una zona que se había derrumbado, escuchó el eco de unas voces. La Drakolía se relamió de gusto y descendió despacio entre los escombros. Con la paciencia de un depredador aguardó el momento oportuno para saltar sobre su presa.
Se escucharon gritos, pero ella no los entendió, estaba demasiado cegada por su instinto. Hubo una lucha, algo de dolor… el momento que había quedado grabado en la memoria de Kahli fue cuando la Drakolía consiguió clavar sus colmillos en el cuello del hombre. La sangre inundó de nuevo su boca. Sabía mucho mejor que la que Isrym le había dado.
Ambos cayeron al vacío.
El golpe contra algo duro fue doloroso. El hombre se le escapó de entre los brazos y ella se quedó dónde estaba, aturdida, casi sin respiración. Al cabo de unos minutos consiguió moverse. Se incorporó despacio, se sentía muy extraña con su nuevo cuerpo. Extendió las manos y las flexionó varias veces. Las escamas habían desaparecido y sus dedos estaban a medio camino de volver a parecer casi normales, como el color de su piel.
Se tocó la cara y dejó escapar un suspiro de alivio. Todo parecía estar bien, en la frente ya no estaba el símbolo de Lura y hacia unos minutos que ya había dejado de sentir su poder controlador. La magia se disipaba con velocidad. Kahli se sintió feliz.
Recordó que quien le había liberado del hechizo de la Archibruja había sido él. Kahli se dio la vuelta, buscándolo. Se sorprendió al darse cuenta de que sus ojos podían ver casi a la perfección en la oscuridad y no le costó encontrar el cuerpo del hombre. Estaba en el suelo, a unos cuantos pasos del borde de la plataforma de piedra donde habían caído.
Ella se acercó despacio.Se arrodilló entonces al lado del cuerpo. Se fijó por primera vez en el rostro del hombre que estaba bocarriba.
- ¿Gideon? – Murmuró sorprendida.
Tenía las mismas facciones que el General de la División del Dragón Blanco, pero no era él. Aquel hombre tenía una expresión muy diferente, más relajada y amigable; El cabello negro, con las puntas y algunos mechones de un azul eléctrico muy curioso, además de estar plagado de adornos dorados.
Kahli estaba desconcertada y una infinidad de preguntas la asaltaron. ¿Quién era él? Recordando las palabras de Isrym llegó a la conclusión de que debería ser el fundador de la Hermandad de los Dragones, a quien el Gran Brujo quería muerto. ¿Por qué se parecía tanto a Gideon? ¿Eran gemelos?
No era el momento en pensar en ese asunto porque la herida en el cuello del hombre tenía muy mal aspecto con toda aquella sangre negra manchando sus ropas y el suelo.
¿Qué haces?
[[Cumples tu misión. No quieres decepcionar a Gideon]]
[[No cumples tu misión, aunque decepciones a Gideon]]
La Drakolía se dirigía hacia el castillo. Extendió las alas para planear alrededor de la torre más alta de la fortaleza, donde los ataques habían arrancado gran parte del bonito tejado picudo y su aguja mágica.
El objetivo de la criatura estaba precisamente en el edificio al otro lado del jardín principal. Sin apenas detenerse, la Drakolía atravesó uno de los ventanales del primer piso. Levantó la cabeza y olisqueó el aire como un animal. Sentía el aroma de esa sangre que le llamaba, la atraía sin remedio. Supo donde la encontraría.
Cruzó puertas, muros, arrancó estatuas y destrozó todo lo que se interponía en su paso. Llegó a una zona que se había derrumbado, escuchó el eco de unas voces. La Drakolía se relamió de gusto y descendió despacio entre los escombros. Con la paciencia de un depredador aguardó el momento oportuno para saltar sobre su presa.
Se escucharon gritos, pero ella no los entendió, estaba demasiado cegada por su instinto. Hubo una lucha, algo de dolor… el momento que había quedado grabado en la memoria de Kahli fue cuando la Drakolía consiguió clavar sus colmillos en el cuello del hombre. La sangre inundó de nuevo su boca. Sabía mucho mejor que la que Isrym le había dado.
Cuando quiere darse cuenta, Kahlie está cayendo al vacio con su presa.
En la caída matas a Ash y pierdes el conocimiento.
[[Encuentro con Theo prisionero]]La Drakolía se dirigía hacia el castillo. Extendió las alas para planear alrededor de la torre más alta de la fortaleza, donde los ataques habían arrancado gran parte del bonito tejado picudo y su aguja mágica.
---EL JUGADOR AQUÍ APENAS TIENE CONTROL, VA EN MODO BERSERK--
El objetivo de la criatura estaba precisamente en el edificio al otro lado del jardín principal. Sin apenas detenerse, la Drakolía atravesó uno de los ventanales del primer piso. Levantó la cabeza y olisqueó el aire como un animal. Sentía el aroma de esa sangre que le llamaba, la atraía sin remedio. Supo donde la encontraría.
Cruzó puertas, muros, arrancó estatuas y destrozó todo lo que se interponía en su paso. Llegó a una zona que se había derrumbado, escuchó el eco de unas voces. La Drakolía se relamió de gusto y descendió despacio entre los escombros. Con la paciencia de un depredador aguardó el momento oportuno para saltar sobre su presa.
Se escucharon gritos, pero ella no los entendió, estaba demasiado cegada por su instinto. Hubo una lucha, algo de dolor… el momento que había quedado grabado en la memoria de Kahli fue cuando la Drakolía consiguió clavar sus colmillos en el cuello del hombre. La sangre inundó de nuevo su boca. Sabía mucho mejor que la que Isrym le había dado.
No podía dejar de beber. Tragaba y tragaba cada vez con más ansia. Con más fuerza....
Hasta que sintió como algo afilado le atraveaba el costado.
Soltó a su presa y se giró. Kahli vio una espada corta atravesandole el cuerpo. La empuñadura la sujetaba un joven de cabello ondulado y ojos como la hierba. La miraba furioso primero y cuando se dio cuenta de lo que había hecho, el joven soltó el arma y dio varios pasos hacia atrás.
Kahli cayó al suelo, se llevo las manos convertidas en garras a la herida que no dejaba de sangrar. El dolor se extendió con rapidez por su cuerpo y murió.
(Puede morir así o se la puede cargar ZÖE, como más te guste)
[[GAME OVER 1]]La Drakolía se dirigía hacia el castillo. Extendió las alas para planear alrededor de la torre más alta de la fortaleza, donde los ataques habían arrancado gran parte del bonito tejado picudo y su aguja mágica.
El objetivo de la criatura estaba precisamente en el edificio al otro lado del jardín principal. Sin apenas detenerse, la Drakolía atravesó uno de los ventanales del primer piso. Levantó la cabeza y olisqueó el aire como un animal. Sentía el aroma de esa sangre que le llamaba, la atraía sin remedio. Supo donde la encontraría.
Cruzó puertas, muros, arrancó estatuas y destrozó todo lo que se interponía en su paso. Llegó a una zona que se había derrumbado, escuchó el eco de unas voces. La Drakolía se relamió de gusto y descendió despacio entre los escombros. Con la paciencia de un depredador aguardó el momento oportuno para saltar sobre su presa.
Se escucharon gritos, pero ella no los entendió, estaba demasiado cegada por su instinto. Hubo una lucha, algo de dolor… el momento que había quedado grabado en la memoria de Kahli fue cuando la Drakolía consiguió clavar sus colmillos en el cuello del hombre. La sangre inundó de nuevo su boca. Sabía mucho mejor que la que Isrym le había dado.
En ese instante sintió una mano enorme sobre su frente, después se cerró en un puño que cogió algo enterrado en su mente; Ese algo que se resistió, se esforzó por huir, por extender sus tentáculos hacia la runa roja y dorada que había en el pecho de la Drakolía. Sin embargo no lo consiguió. El hombre tiró de esa cosa con más fuerza hasta que la arrancó y la aplastó entre sus dedos.
Kahli se sintió liberada, aunque ya era demasiado tarde para poder reaccionar.
Ambos cayeron al vacío.
[[Kahli recupera el control de sí misma pero tiene miedo de desobedecer a la Hermandad]]
La Drakolía se dirigía hacia el castillo. Extendió las alas para planear alrededor de la torre más alta de la fortaleza, donde los ataques habían arrancado gran parte del bonito tejado picudo y su aguja mágica.
El objetivo de la criatura estaba precisamente en el edificio al otro lado del jardín principal. Sin apenas detenerse, la Drakolía atravesó uno de los ventanales del primer piso. Levantó la cabeza y olisqueó el aire como un animal. Sentía el aroma de esa sangre que le llamaba, la atraía sin remedio. Supo donde la encontraría.
Cruzó puertas, muros, arrancó estatuas y destrozó todo lo que se interponía en su paso. Llegó a una zona que se había derrumbado, escuchó el eco de unas voces. La Drakolía se relamió de gusto y descendió despacio entre los escombros. Con la paciencia de un depredador aguardó el momento oportuno para saltar sobre su presa.
Se escucharon gritos, pero ella no los entendió, estaba demasiado cegada por su instinto. Hubo una lucha, algo de dolor… el momento que había quedado grabado en la memoria de Kahli fue cuando la Drakolía consiguió clavar sus colmillos en el cuello del hombre. La sangre inundó de nuevo su boca. Sabía mucho mejor que la que Isrym le había dado.
En ese instante sintió una mano enorme sobre su frente, después se cerró en un puño que cogió algo enterrado en su mente; Ese algo que se resistió, se esforzó por huir, por extender sus tentáculos hacia la runa roja y dorada que había en el pecho de la Drakolía. Sin embargo no lo consiguió. El hombre tiró de esa cosa con más fuerza hasta que la arrancó y la aplastó entre sus dedos.
Kahli se sintió liberada, aunque ya era demasiado tarde para poder reaccionar.
Ambos cayeron al vacío.
[[Kahli recupera el control de sí misma]]La Drakolía se dirigía hacia el castillo. Extendió las alas para planear alrededor de la torre más alta de la fortaleza, donde los ataques habían arrancado gran parte del bonito tejado picudo y su aguja mágica.
El objetivo de la criatura estaba precisamente en el edificio al otro lado del jardín principal. Sin apenas detenerse, la Drakolía atravesó uno de los ventanales del primer piso. Levantó la cabeza y olisqueó el aire como un animal. Sentía el aroma de esa sangre que le llamaba, la atraía sin remedio. Supo donde la encontraría.
Cruzó puertas, muros, arrancó estatuas y destrozó todo lo que se interponía en su paso. Llegó a una zona que se había derrumbado, escuchó el eco de unas voces. La Drakolía se relamió de gusto y descendió despacio entre los escombros. Con la paciencia de un depredador aguardó el momento oportuno para saltar sobre su presa.
Se escucharon gritos, pero ella no los entendió, estaba demasiado cegada por su instinto. Hubo una lucha, algo de dolor… el momento que había quedado grabado en la memoria de Kahli fue cuando la Drakolía consiguió clavar sus colmillos en el cuello del hombre. La sangre inundó de nuevo su boca. Sabía mucho mejor que la que Isrym le había dado.
[[Seguir bebiendo]]
[[Dejar de beber. No soy una asesina]]La Drakolía se dirigía hacia el castillo. Extendió las alas para planear alrededor de la torre más alta de la fortaleza, donde los ataques habían arrancado gran parte del bonito tejado picudo y su aguja mágica.
El objetivo de la criatura estaba precisamente en el edificio al otro lado del jardín principal. Sin apenas detenerse, la Drakolía atravesó uno de los ventanales del primer piso. Levantó la cabeza y olisqueó el aire como un animal. Sentía el aroma de esa sangre que le llamaba, la atraía sin remedio. Supo donde la encontraría.
Cruzó puertas, muros, arrancó estatuas y destrozó todo lo que se interponía en su paso. Llegó a una zona que se había derrumbado, escuchó el eco de unas voces. La Drakolía se relamió de gusto y descendió despacio entre los escombros. Con la paciencia de un depredador aguardó el momento oportuno para saltar sobre su presa.
Se escucharon gritos, pero ella no los entendió, estaba demasiado cegada por su instinto. Hubo una lucha, algo de dolor… el momento que había quedado grabado en la memoria de Kahli fue cuando la Drakolía consiguió clavar sus colmillos en el cuello del hombre. La sangre inundó de nuevo su boca. Sabía mucho mejor que la que Isrym le había dado.
No podía dejar de beber. Tragaba y tragaba cada vez con más ansia. Con más fuerza....
Hasta que sintió como algo afilado le atraveaba el costado.
Soltó a su presa y se giró. Kahli vio una espada corta atravesandole el cuerpo. La empuñadura la sujetaba un joven de cabello ondulado y ojos como la hierba. La miraba furioso primero y cuando se dio cuenta de lo que había hecho, el joven soltó el arma y dio varios pasos hacia atrás.
Kahli cayó al suelo, se llevo las manos convertidas en garras a la herida que no dejaba de sangrar. El dolor se extendió con rapidez por su cuerpo y murió.
[[GAME OVER 3]](ASH le ha quitado la runa de control de Lura que Kahli llevaba en la frente)
El golpe contra algo duro fue doloroso. El hombre se le escapó de entre los brazos y ella se quedó dónde estaba, aturdida, casi sin respiración. Al cabo de unos minutos consiguió moverse. Se incorporó despacio, se sentía muy extraña con su nuevo cuerpo. Extendió las manos y las flexionó varias veces. Las escamas habían desaparecido y sus dedos estaban a medio camino de volver a parecer casi normales, como el color de su piel.
Se tocó la cara y dejó escapar un suspiro de alivio. Todo parecía estar bien, en la frente ya no estaba el símbolo de Lura y hacia unos minutos que ya había dejado de sentir su poder controlador. La magia se disipaba con velocidad. Kahli se sintió feliz.
Recordó que quien le había liberado del hechizo de la Archibruja había sido él. Kahli se dio la vuelta, buscándolo. Se sorprendió al darse cuenta de que sus ojos podían ver casi a la perfección en la oscuridad y no le costó encontrar el cuerpo del hombre. Estaba en el suelo, a unos cuantos pasos del borde de la plataforma de piedra donde habían caído.
Ella se acercó despacio.Se arrodilló entonces al lado del cuerpo. Se fijó por primera vez en el rostro del hombre que estaba bocarriba.
- ¿Gideon? – Murmuró sorprendida.
Tenía las mismas facciones que el General de la División del Dragón Blanco, pero no era él. Aquel hombre tenía una expresión muy diferente, más relajada y amigable; El cabello negro, con las puntas y algunos mechones de un azul eléctrico muy curioso, además de estar plagado de adornos dorados.
Kahli estaba desconcertada y una infinidad de preguntas la asaltaron. ¿Quién era él? Recordando las palabras de Isrym llegó a la conclusión de que debería ser el fundador de la Hermandad de los Dragones, a quien el Gran Brujo quería muerto. ¿Por qué se parecía tanto a Gideon? ¿Eran gemelos?
No era el momento en pensar en ese asunto porque la herida en el cuello del hombre tenía muy mal aspecto con toda aquella sangre negra manchando sus ropas y el suelo.
¿Qué haces?
[[Cumples tu misión. Tienes miedo de la hermandad y lo pueda haceros a ti y a Agatha]]
[[No vas a dejar que muera! Agatha sabía que algo así podría pasar. Estará preparada]]
(ASH le ha quitado la runa de control de Lura que Kahli llevaba en la frente, pero Kahli tiene tanto miedo a lo que la Hermandad pueda hacerle que por ahora no piensa desobedecer)
El golpe contra algo duro fue doloroso. El hombre se le escapó de entre los brazos y ella se quedó dónde estaba, aturdida, casi sin respiración. Al cabo de unos minutos consiguió moverse. Se incorporó despacio, se sentía muy extraña con su nuevo cuerpo. Extendió las manos y las flexionó varias veces. Las escamas habían desaparecido y sus dedos estaban a medio camino de volver a parecer casi normales, como el color de su piel.
Se tocó la cara y dejó escapar un suspiro de alivio. Todo parecía estar bien, en la frente ya no estaba el símbolo de Lura y hacia unos minutos que ya había dejado de sentir su poder controlador. La magia se disipaba con velocidad. Kahli se sintió feliz.
Recordó que quien le había liberado del hechizo de la Archibruja había sido él. Kahli se dio la vuelta, buscándolo. Se sorprendió al darse cuenta de que sus ojos podían ver casi a la perfección en la oscuridad y no le costó encontrar el cuerpo del hombre. Estaba en el suelo, a unos cuantos pasos del borde de la plataforma de piedra donde habían caído.
Ella se acercó despacio.Se arrodilló entonces al lado del cuerpo. Se fijó por primera vez en el rostro del hombre que estaba bocarriba.
- ¿Gideon? – Murmuró sorprendida.
Tenía las mismas facciones que el General de la División del Dragón Blanco, pero no era él. Aquel hombre tenía una expresión muy diferente, más relajada y amigable; El cabello negro, con las puntas y algunos mechones de un azul eléctrico muy curioso, además de estar plagado de adornos dorados.
Kahli estaba desconcertada y una infinidad de preguntas la asaltaron. ¿Quién era él? Recordando las palabras de Isrym llegó a la conclusión de que debería ser el fundador de la Hermandad de los Dragones, a quien el Gran Brujo quería muerto. ¿Por qué se parecía tanto a Gideon? ¿Eran gemelos?
No era el momento en pensar en ese asunto porque la herida en el cuello del hombre tenía muy mal aspecto con toda aquella sangre negra manchando sus ropas y el suelo.
¿Qué haces?
[[Cumples tu misión. Tienes miedo de la Hermandad y lo puda haceros a ti y a Agatha 2]]
[[No vas a dejar que muera! Agatha sabía que algo así podría pasar. Estará preparada 2]]Kahli se aparta de su victima. Ash cae al suelo aturdido y con la mano al cuello.
Theo la instiga con su espada corta. El chico está muerto de miedo, le tiemblan las manos...
-Yo puedo ayudarlo -dice con una voz extraña.
[[Encuentro con Ash y Theo 7]]
Kahli sacó de los bolsillos de su cinturón todo lo que pudo encontrar para curarlo. Con mucho cuidado limpió la herida con un líquido desinfectante. Después le aplicó una generosa cantidad de un ungüento que olía a hierbas y le vendó el cuello tan bien como pudo.
Entonces dejó escapar un largo suspiro y empezó a notar lo mal que ella se encontraba. Le dolía todo el cuerpo, el costado era la peor parte. Se tocó la herida que el amigo del hombre le había hecho con una espada. No podía culparlo, seguramente estaría tan muerto de miedo como lo estaría ella en una situación similar.
Ahora le tocaba curarse...
Percibió que algo se movía a su espalda. Se puso en pie tan rápido como pudo, sosteniéndose el costado con una mano. Vio a unas criaturas que parecían perros pasearse por el otro extremo de la plataforma. Al principio eran dos, pero pronto se convirtieron en seis que enseñaban los dientes y gruñían.
Kahli miró a su alrededor desesperaba. Buscaba alguna salida en las paredes a las que se sujetaba la plataforma, enseguida se dio cuenta de que no la había. Entonces se fijó en el puente que cruzaba sobre ellos, podría llegar hasta allí ¿usando sus alas? Miró por encima del hombro hacia atrás y no las encontró. Asustada se esforzó por tocarse la espalda, habían desaparecido y en su lugar solo encontró su piel y dos grandes aberturas en el vestido. ¿Cómo era posible? No podía perder tiempo en buscar una explicación pues los bichos cada vez parecían más nerviosos.
Kahli miró de nuevo a la pared de roca, quizás sí podría salir de allí escalando, tenía unas poderosas garras… Pero enseguida se dio cuenta de que si optaba por esa opción significaba abandonar al hombre a su suerte. No, su consciencia no le permitía hacer eso.
Las criaturas empezaron a chillar un poco más alto, llamaban al resto del grupo. Kahli metió la mano en uno de uno de los bolsillos de su cinturón y después lanzó un puñado de partículas incandescentes contra el suelo, creando un semicírculo frente a ella y los bichos que iban a atacar.
Las criaturas saltaron hacia atrás asustadas en cuanto vieron la luz. Kahli sabía que aquel truco no los mantendría alejados demasiado tiempo, así que debía darse prisa y aprovechar la poca ventaja que había ganado.
Arrastró el cuerpo del hombre hasta situarlo en el centro de la plataforma, un poco más lejos de los perros que los acechaban. Después, sacó un montón de pequeñas hojas de papel de otro de sus bolsillos; las fue pasando una tras otras, buscaba algo muy concreto y lo encontró cuando ya iba por la mitad de sus apuntes.
-¡Aquí está! –Exclamó victoriosa.
Sacó unas cuantas tizas de colores, los elementos básicos para poder hacer el conjuro que esperaba que pudiera salvarles la vida. Se fijó en el papel que tenía en la mano y empezó a copiar el círculo que allí había en el suelo; tenía que ser lo bastante grande para poder rodear el alto cuerpo del hombre que estaba en el centro.
-Nunca me podría haber aprendido esto de memoria –murmuró mientras comprobaba que sus trazos eran lo más parecidos a la representación que tenía en su hoja.
Sus partículas incandescentes se estaban debilitando y uno de los bichos-perro se atrevió a pasar por encima. Soltó unos chillidos espeluznantes cuando se quemó las patas y no tardó en retroceder hasta un rincón para lamerse las heridas. Por ahora, los demás permanecieron donde estaban.
Kahli ya había terminado su círculo mágico. Los trazos eran muy irregulares, nunca se le había dado bien dibujar y no iba a aprender de repente, aunque su vida le fuera en ello.
La joven repasó una vez más sus papeles y decidió añadir unas cuantas runas más, por si acaso. No tenía muy claro dónde debía situarlas así que eligió los lugares que le parecieron más oportunos.
La luz casi se había desvanecido y dos de los bichos más adelantados decidieron atacar. Ella dio un paso atrás dentro de su dibujo. Estaba convencida de que funcionaría…
-¡Aktivashyon! –gritó.
Los dos bichos pasaron el círculo exterior y saltaron hacia delante sin que la magia se activara.
Kahli reaccionó por instinto, como ya había hecho cuando se enfrentó a las Arpías. Al primer perro le dio una patada que lo mandó hacia un lado y se despeñó por uno de los bordes; El segundo le mordió en el brazo, ella le golpeó con su garra izquierda tan fuerte que el bicho la soltó y cayó al suelo gravemente herido. De otra patada lo sacó del círculo mágico.
Kahli soltó un rugido de rabia y las criaturas retrocedieron un poco, por precaución.
Ella sabía que no conseguiría mantenerlos a raya durante mucho más tiempo. Cuando atacaran todos juntos no podría detenerlos.
Volvió a revisar sus papeles y se detuvo en la hoja donde habían representadas dos runas muy complejas. Debajo, ella misma había apuntado una explicación de cómo creía que funcionaban, y justo al lado había un párrafo escrito en mayúsculas con una caligrafía que le era inconfundible. Agatha le advertía de lo peligroso que podía ser para su salud usar algo así.
Sin embargo Kahli no tenía otra opción, ni tiempo. Se dejó caer en el suelo, apartó un poco el cuerpo del hombre hacia un lado y se apresuró a dibujar los dos símbolos en el centro.
La luz cada vez era más débil y las partículas ya se habían apagado en su mayoría…
Kahli unió las dos runas entre sí y luego al resto del círculo con trazos torpes, pero gruesos.
La luz se extinguió en ese instante, mientras ella se presionaba la herida de su costado.
Los bichos gritaron antes de atacar.
Kahli puso ambas manos manchadas de sangre sombre sendas runas en el centro de su círculo de protección.
- ¡Ignüs du shâng! –Gritó.
Los trazos se iluminaron con una poderosa luz roja y desde el círculo exterior se levantó una pared de llamas de unos dos metros que carbonizó a todas las criaturas que acababan de saltar hacia ella. Kahli sintió como lo símbolos absorbían casi toda la energía de su cuerpo, tal y como le advirtió su hermana. La cabeza empezó a darle vueltas.
La pared de fuego tembló durante unos instantes y después se expandió hacia el exterior, hasta que chocó contra los muros de la cueva. Las llamas arrasaron todo a su paso. Las criaturas apenas tuvieron tiempo de gritar, sus cuerpos quedaron calcinados casi al instante.
Cuando el fuego se disipó Kahli tenía la respiración muy acelerada. No quería perder el conocimiento de nuevo y extendió una mano para coger el montón de papeles donde estaban sus apuntes. Rebuscó deprisa alguno que pudiera servirle… sintió un mareo y se desplomó sobre el hombre. Hizo un último esfuerzo por mantenerse despierta, agarró una de las tizas de colores e intentó copiar otra de las runas en el suelo. No consiguió acabar el primer trazo, estaba tan agotada que perdió el conocimiento.
[[Encuentro con Ash y Theo 3]]Matas a Ash sin pensartelo dos veces.
Los bichos perros atacan pero tu con tus alas consigues llegar hasta el puente que hay arriba de ti y corres hacia la salida, en busca de Lura para decirle que has cumplido con tu misión.
Lura te recibe satisfecha por lo que has hecho.
Te concede "un deseo"
[[¿Qué eliges?]]
Kahli sacó de los bolsillos de su cinturón todo lo que pudo encontrar para curarlo. Con mucho cuidado limpió la herida con un líquido desinfectante. Después le aplicó una generosa cantidad de un ungüento que olía a hierbas y le vendó el cuello tan bien como pudo.
Entonces dejó escapar un largo suspiro y empezó a notar lo mal que ella se encontraba. Le dolía todo el cuerpo, el costado era la peor parte. Se tocó la herida que el amigo del hombre le había hecho con una espada. No podía culparlo, seguramente estaría tan muerto de miedo como lo estaría ella en una situación similar.
Ahora le tocaba curarse...
Percibió que algo se movía a su espalda. Se puso en pie tan rápido como pudo, sosteniéndose el costado con una mano. Vio a unas criaturas que parecían perros pasearse por el otro extremo de la plataforma. Al principio eran dos, pero pronto se convirtieron en seis que enseñaban los dientes y gruñían.
Kahli miró a su alrededor desesperaba. Buscaba alguna salida en las paredes a las que se sujetaba la plataforma, enseguida se dio cuenta de que no la había. Entonces se fijó en el puente que cruzaba sobre ellos, podría llegar hasta allí ¿usando sus alas? Miró por encima del hombro hacia atrás y no las encontró. Asustada se esforzó por tocarse la espalda, habían desaparecido y en su lugar solo encontró su piel y dos grandes aberturas en el vestido. ¿Cómo era posible? No podía perder tiempo en buscar una explicación pues los bichos cada vez parecían más nerviosos.
Kahli miró de nuevo a la pared de roca, quizás sí podría salir de allí escalando, tenía unas poderosas garras… Pero enseguida se dio cuenta de que si optaba por esa opción significaba abandonar al hombre a su suerte. No, su consciencia no le permitía hacer eso.
Las criaturas empezaron a chillar un poco más alto, llamaban al resto del grupo. Kahli metió la mano en uno de uno de los bolsillos de su cinturón y después lanzó un puñado de partículas incandescentes contra el suelo, creando un semicírculo frente a ella y los bichos que iban a atacar.
Las criaturas saltaron hacia atrás asustadas en cuanto vieron la luz. Kahli sabía que aquel truco no los mantendría alejados demasiado tiempo, así que debía darse prisa y aprovechar la poca ventaja que había ganado.
Arrastró el cuerpo del hombre hasta situarlo en el centro de la plataforma, un poco más lejos de los perros que los acechaban. Después, sacó un montón de pequeñas hojas de papel de otro de sus bolsillos; las fue pasando una tras otras, buscaba algo muy concreto y lo encontró cuando ya iba por la mitad de sus apuntes.
-¡Aquí está! –Exclamó victoriosa.
Sacó unas cuantas tizas de colores, los elementos básicos para poder hacer el conjuro que esperaba que pudiera salvarles la vida. Se fijó en el papel que tenía en la mano y empezó a copiar el círculo que allí había en el suelo; tenía que ser lo bastante grande para poder rodear el alto cuerpo del hombre que estaba en el centro.
-Nunca me podría haber aprendido esto de memoria –murmuró mientras comprobaba que sus trazos eran lo más parecidos a la representación que tenía en su hoja.
Sus partículas incandescentes se estaban debilitando y uno de los bichos-perro se atrevió a pasar por encima. Soltó unos chillidos espeluznantes cuando se quemó las patas y no tardó en retroceder hasta un rincón para lamerse las heridas. Por ahora, los demás permanecieron donde estaban.
Kahli ya había terminado su círculo mágico. Los trazos eran muy irregulares, nunca se le había dado bien dibujar y no iba a aprender de repente, aunque su vida le fuera en ello.
La joven repasó una vez más sus papeles y decidió añadir unas cuantas runas más, por si acaso. No tenía muy claro dónde debía situarlas así que eligió los lugares que le parecieron más oportunos.
La luz casi se había desvanecido y dos de los bichos más adelantados decidieron atacar. Ella dio un paso atrás dentro de su dibujo. Estaba convencida de que funcionaría…
-¡Aktivashyon! –gritó.
Los dos bichos pasaron el círculo exterior y saltaron hacia delante sin que la magia se activara.
Kahli reaccionó por instinto, como ya había hecho cuando se enfrentó a las Arpías. Al primer perro le dio una patada que lo mandó hacia un lado y se despeñó por uno de los bordes; El segundo le mordió en el brazo, ella le golpeó con su garra izquierda tan fuerte que el bicho la soltó y cayó al suelo gravemente herido. De otra patada lo sacó del círculo mágico.
Kahli soltó un rugido de rabia y las criaturas retrocedieron un poco, por precaución.
Ella sabía que no conseguiría mantenerlos a raya durante mucho más tiempo. Cuando atacaran todos juntos no podría detenerlos.
Volvió a revisar sus papeles y se detuvo en la hoja donde habían representadas dos runas muy complejas. Debajo, ella misma había apuntado una explicación de cómo creía que funcionaban, y justo al lado había un párrafo escrito en mayúsculas con una caligrafía que le era inconfundible. Agatha le advertía de lo peligroso que podía ser para su salud usar algo así.
Sin embargo Kahli no tenía otra opción, ni tiempo. Se dejó caer en el suelo, apartó un poco el cuerpo del hombre hacia un lado y se apresuró a dibujar los dos símbolos en el centro.
La luz cada vez era más débil y las partículas ya se habían apagado en su mayoría…
Kahli unió las dos runas entre sí y luego al resto del círculo con trazos torpes, pero gruesos.
La luz se extinguió en ese instante, mientras ella se presionaba la herida de su costado.
Los bichos gritaron antes de atacar.
Kahli puso ambas manos manchadas de sangre sombre sendas runas en el centro de su círculo de protección.
- ¡Ignüs du shâng! –Gritó.
Los trazos se iluminaron con una poderosa luz roja y desde el círculo exterior se levantó una pared de llamas de unos dos metros que carbonizó a todas las criaturas que acababan de saltar hacia ella. Kahli sintió como lo símbolos absorbían casi toda la energía de su cuerpo, tal y como le advirtió su hermana. La cabeza empezó a darle vueltas.
La pared de fuego tembló durante unos instantes y después se expandió hacia el exterior, hasta que chocó contra los muros de la cueva. Las llamas arrasaron todo a su paso. Las criaturas apenas tuvieron tiempo de gritar, sus cuerpos quedaron calcinados casi al instante.
Cuando el fuego se disipó Kahli tenía la respiración muy acelerada. No quería perder el conocimiento de nuevo y extendió una mano para coger el montón de papeles donde estaban sus apuntes. Rebuscó deprisa alguno que pudiera servirle… sintió un mareo y se desplomó sobre el hombre. Hizo un último esfuerzo por mantenerse despierta, agarró una de las tizas de colores e intentó copiar otra de las runas en el suelo. No consiguió acabar el primer trazo, estaba tan agotada que perdió el conocimiento.
[[Encuentro con Ash y Theo 5]]Haz doble clic sobre este pasaje para editarlo.Haz doble clic sobre este pasaje para editarlo.Cuando estás a punto de matarlo con tus garras un hechizo te golpea la mano. Y luego otro y otro y otro... hasta dejarte hecha un ovillo de dolor.
Cuando puedes ver de donde vienen los ataques ves en el puente sobre tu cabeza a varios soldados del castillo, un joven con el pelo encendido y a una chica que se le parece mucho. Sus ojos aun brillan con los restos rosados del hechizo.
-No se te ocurrar moverte -te dice con seriedad.
[[Encuentro con Zöe, Ash y Theo 4]]
No puedes dejar que Ash muera, tu conciencia no te lo permitiría. Agatha tiene que estar preparada para algo así... y sino, haría todo lo posible para solucionar el problema, aunque tuviera que entregarse ella misma para salvar a su hermana.
Kahli sacó de los bolsillos de su cinturón todo lo que pudo encontrar para curarlo. Con mucho cuidado limpió la herida con un líquido desinfectante. Después le aplicó una generosa cantidad de un ungüento que olía a hierbas y le vendó el cuello tan bien como pudo.
Entonces dejó escapar un largo suspiro y empezó a notar lo mal que ella se encontraba. Le dolía todo el cuerpo, el costado era la peor parte. Se tocó la herida que el amigo del hombre le había hecho con una espada. No podía culparlo, seguramente estaría tan muerto de miedo como lo estaría ella en una situación similar.
Ahora le tocaba curarse...
Percibió que algo se movía a su espalda. Se puso en pie tan rápido como pudo, sosteniéndose el costado con una mano. Vio a unas criaturas que parecían perros pasearse por el otro extremo de la plataforma. Al principio eran dos, pero pronto se convirtieron en seis que enseñaban los dientes y gruñían.
Kahli miró a su alrededor desesperaba. Buscaba alguna salida en las paredes a las que se sujetaba la plataforma, enseguida se dio cuenta de que no la había. Entonces se fijó en el puente que cruzaba sobre ellos, podría llegar hasta allí ¿usando sus alas? Miró por encima del hombro hacia atrás y no las encontró. Asustada se esforzó por tocarse la espalda, habían desaparecido y en su lugar solo encontró su piel y dos grandes aberturas en el vestido. ¿Cómo era posible? No podía perder tiempo en buscar una explicación pues los bichos cada vez parecían más nerviosos.
Kahli miró de nuevo a la pared de roca, quizás sí podría salir de allí escalando, tenía unas poderosas garras… Pero enseguida se dio cuenta de que si optaba por esa opción significaba abandonar al hombre a su suerte. No, su consciencia no le permitía hacer eso.
Las criaturas empezaron a chillar un poco más alto, llamaban al resto del grupo. Kahli metió la mano en uno de uno de los bolsillos de su cinturón y después lanzó un puñado de partículas incandescentes contra el suelo, creando un semicírculo frente a ella y los bichos que iban a atacar.
Las criaturas saltaron hacia atrás asustadas en cuanto vieron la luz. Kahli sabía que aquel truco no los mantendría alejados demasiado tiempo, así que debía darse prisa y aprovechar la poca ventaja que había ganado.
Arrastró el cuerpo del hombre hasta situarlo en el centro de la plataforma, un poco más lejos de los perros que los acechaban. Después, sacó un montón de pequeñas hojas de papel de otro de sus bolsillos; las fue pasando una tras otras, buscaba algo muy concreto y lo encontró cuando ya iba por la mitad de sus apuntes.
-¡Aquí está! –Exclamó victoriosa.
Sacó unas cuantas tizas de colores, los elementos básicos para poder hacer el conjuro que esperaba que pudiera salvarles la vida. Se fijó en el papel que tenía en la mano y empezó a copiar el círculo que allí había en el suelo; tenía que ser lo bastante grande para poder rodear el alto cuerpo del hombre que estaba en el centro.
-Nunca me podría haber aprendido esto de memoria –murmuró mientras comprobaba que sus trazos eran lo más parecidos a la representación que tenía en su hoja.
Sus partículas incandescentes se estaban debilitando y uno de los bichos-perro se atrevió a pasar por encima. Soltó unos chillidos espeluznantes cuando se quemó las patas y no tardó en retroceder hasta un rincón para lamerse las heridas. Por ahora, los demás permanecieron donde estaban.
Kahli ya había terminado su círculo mágico. Los trazos eran muy irregulares, nunca se le había dado bien dibujar y no iba a aprender de repente, aunque su vida le fuera en ello.
La joven repasó una vez más sus papeles y decidió añadir unas cuantas runas más, por si acaso. No tenía muy claro dónde debía situarlas así que eligió los lugares que le parecieron más oportunos.
La luz casi se había desvanecido y dos de los bichos más adelantados decidieron atacar. Ella dio un paso atrás dentro de su dibujo. Estaba convencida de que funcionaría…
-¡Aktivashyon! –gritó.
Los dos bichos pasaron el círculo exterior y saltaron hacia delante sin que la magia se activara.
Kahli reaccionó por instinto, como ya había hecho cuando se enfrentó a las Arpías. Al primer perro le dio una patada que lo mandó hacia un lado y se despeñó por uno de los bordes; El segundo le mordió en el brazo, ella le golpeó con su garra izquierda tan fuerte que el bicho la soltó y cayó al suelo gravemente herido. De otra patada lo sacó del círculo mágico.
Kahli soltó un rugido de rabia y las criaturas retrocedieron un poco, por precaución.
Ella sabía que no conseguiría mantenerlos a raya durante mucho más tiempo. Cuando atacaran todos juntos no podría detenerlos.
Volvió a revisar sus papeles y se detuvo en la hoja donde habían representadas dos runas muy complejas. Debajo, ella misma había apuntado una explicación de cómo creía que funcionaban, y justo al lado había un párrafo escrito en mayúsculas con una caligrafía que le era inconfundible. Agatha le advertía de lo peligroso que podía ser para su salud usar algo así.
Sin embargo Kahli no tenía otra opción, ni tiempo. Se dejó caer en el suelo, apartó un poco el cuerpo del hombre hacia un lado y se apresuró a dibujar los dos símbolos en el centro.
La luz cada vez era más débil y las partículas ya se habían apagado en su mayoría…
Kahli unió las dos runas entre sí y luego al resto del círculo con trazos torpes, pero gruesos.
La luz se extinguió en ese instante, mientras ella se presionaba la herida de su costado.
Los bichos gritaron antes de atacar.
Kahli puso ambas manos manchadas de sangre sombre sendas runas en el centro de su círculo de protección.
- ¡Ignüs du shâng! –Gritó.
Los trazos se iluminaron con una poderosa luz roja y desde el círculo exterior se levantó una pared de llamas de unos dos metros que carbonizó a todas las criaturas que acababan de saltar hacia ella. Kahli sintió como lo símbolos absorbían casi toda la energía de su cuerpo, tal y como le advirtió su hermana. La cabeza empezó a darle vueltas.
La pared de fuego tembló durante unos instantes y después se expandió hacia el exterior, hasta que chocó contra los muros de la cueva. Las llamas arrasaron todo a su paso. Las criaturas apenas tuvieron tiempo de gritar, sus cuerpos quedaron calcinados casi al instante.
Cuando el fuego se disipó Kahli tenía la respiración muy acelerada. No quería perder el conocimiento de nuevo y extendió una mano para coger el montón de papeles donde estaban sus apuntes. Rebuscó deprisa alguno que pudiera servirle… sintió un mareo y se desplomó sobre el hombre. Hizo un último esfuerzo por mantenerse despierta, agarró una de las tizas de colores e intentó copiar otra de las runas en el suelo. No consiguió acabar el primer trazo, estaba tan agotada que perdió el conocimiento.
[[Encuentro con Ash y Theo 3]]Haz doble clic sobre este pasaje para editarlo.Haz doble clic sobre este pasaje para editarlo.Haz doble clic sobre este pasaje para editarlo.Haz doble clic sobre este pasaje para editarlo.Cuando Kahli recupera el conocimiento la Hermandad ha tomado el castillo.
Isrym está feliz, ha matado a Ash y se dispone a acabar con su siguiente obstaculo: Úrsula.
Gideon está muy orgulloso de Kahli y se lo hace saber. Le muestra a los prisioneros que tiene: Theo, Zöe (los brujos la han inmovilizado para que no haga magia) y varios sirvientes del castillo.
Cuando estás a punto de matarlo con tus garras un hechizo te golpea la mano. Y luego otro y otro y otro... hasta dejarte hecha un ovillo de dolor.
Cuando puedes ver de donde vienen los ataques ves en el puente sobre tu cabeza a varios soldados del castillo, un joven con el pelo encendido y a una chica que se le parece mucho. Sus ojos aun brillan con los restos rosados del hechizo.
-No se te ocurrar moverte -te dice con seriedad.
-... Mierda.
Zoe te manda un rayo y fundido en negro (pierdes el conocimiento).
[[Encuentro con Zöe, Ash y Theo 1]]Kahli sacó de los bolsillos de su cinturón todo lo que pudo encontrar para curarlo. Con mucho cuidado limpió la herida con un líquido desinfectante. Después le aplicó una generosa cantidad de un ungüento que olía a hierbas y le vendó el cuello tan bien como pudo.
Entonces dejó escapar un largo suspiro y empezó a notar lo mal que ella se encontraba. Le dolía todo el cuerpo, el costado era la peor parte. Se tocó la herida que el amigo del hombre le había hecho con una espada. No podía culparlo, seguramente estaría tan muerto de miedo como lo estaría ella en una situación similar.
Ahora le tocaba curarse...
Percibió que algo se movía a su espalda. Se puso en pie tan rápido como pudo, sosteniéndose el costado con una mano. Vio a unas criaturas que parecían perros pasearse por el otro extremo de la plataforma. Al principio eran dos, pero pronto se convirtieron en seis que enseñaban los dientes y gruñían.
Kahli miró a su alrededor desesperaba. Buscaba alguna salida en las paredes a las que se sujetaba la plataforma, enseguida se dio cuenta de que no la había. Entonces se fijó en el puente que cruzaba sobre ellos, podría llegar hasta allí ¿usando sus alas? Miró por encima del hombro hacia atrás y no las encontró. Asustada se esforzó por tocarse la espalda, habían desaparecido y en su lugar solo encontró su piel y dos grandes aberturas en el vestido. ¿Cómo era posible? No podía perder tiempo en buscar una explicación pues los bichos cada vez parecían más nerviosos.
Kahli miró de nuevo a la pared de roca, quizás sí podría salir de allí escalando, tenía unas poderosas garras… Pero enseguida se dio cuenta de que si optaba por esa opción significaba abandonar al hombre a su suerte. No, su consciencia no le permitía hacer eso.
Las criaturas empezaron a chillar un poco más alto, llamaban al resto del grupo. Kahli metió la mano en uno de uno de los bolsillos de su cinturón y después lanzó un puñado de partículas incandescentes contra el suelo, creando un semicírculo frente a ella y los bichos que iban a atacar.
Las criaturas saltaron hacia atrás asustadas en cuanto vieron la luz. Kahli sabía que aquel truco no los mantendría alejados demasiado tiempo, así que debía darse prisa y aprovechar la poca ventaja que había ganado.
Arrastró el cuerpo del hombre hasta situarlo en el centro de la plataforma, un poco más lejos de los perros que los acechaban. Después, sacó un montón de pequeñas hojas de papel de otro de sus bolsillos; las fue pasando una tras otras, buscaba algo muy concreto y lo encontró cuando ya iba por la mitad de sus apuntes.
-¡Aquí está! –Exclamó victoriosa.
Sacó unas cuantas tizas de colores, los elementos básicos para poder hacer el conjuro que esperaba que pudiera salvarles la vida. Se fijó en el papel que tenía en la mano y empezó a copiar el círculo que allí había en el suelo; tenía que ser lo bastante grande para poder rodear el alto cuerpo del hombre que estaba en el centro.
-Nunca me podría haber aprendido esto de memoria –murmuró mientras comprobaba que sus trazos eran lo más parecidos a la representación que tenía en su hoja.
Sus partículas incandescentes se estaban debilitando y uno de los bichos-perro se atrevió a pasar por encima. Soltó unos chillidos espeluznantes cuando se quemó las patas y no tardó en retroceder hasta un rincón para lamerse las heridas. Por ahora, los demás permanecieron donde estaban.
Kahli ya había terminado su círculo mágico. Los trazos eran muy irregulares, nunca se le había dado bien dibujar y no iba a aprender de repente, aunque su vida le fuera en ello.
La joven repasó una vez más sus papeles y decidió añadir unas cuantas runas más, por si acaso. No tenía muy claro dónde debía situarlas así que eligió los lugares que le parecieron más oportunos.
La luz casi se había desvanecido y dos de los bichos más adelantados decidieron atacar. Ella dio un paso atrás dentro de su dibujo. Estaba convencida de que funcionaría…
-¡Aktivashyon! –gritó.
Los dos bichos pasaron el círculo exterior y saltaron hacia delante sin que la magia se activara.
Kahli reaccionó por instinto, como ya había hecho cuando se enfrentó a las Arpías. Al primer perro le dio una patada que lo mandó hacia un lado y se despeñó por uno de los bordes; El segundo le mordió en el brazo, ella le golpeó con su garra izquierda tan fuerte que el bicho la soltó y cayó al suelo gravemente herido. De otra patada lo sacó del círculo mágico.
Kahli soltó un rugido de rabia y las criaturas retrocedieron un poco, por precaución.
Ella sabía que no conseguiría mantenerlos a raya durante mucho más tiempo. Cuando atacaran todos juntos no podría detenerlos.
Volvió a revisar sus papeles y se detuvo en la hoja donde habían representadas dos runas muy complejas. Debajo, ella misma había apuntado una explicación de cómo creía que funcionaban, y justo al lado había un párrafo escrito en mayúsculas con una caligrafía que le era inconfundible. Agatha le advertía de lo peligroso que podía ser para su salud usar algo así.
Sin embargo Kahli no tenía otra opción, ni tiempo. Se dejó caer en el suelo, apartó un poco el cuerpo del hombre hacia un lado y se apresuró a dibujar los dos símbolos en el centro.
La luz cada vez era más débil y las partículas ya se habían apagado en su mayoría…
Kahli unió las dos runas entre sí y luego al resto del círculo con trazos torpes, pero gruesos.
La luz se extinguió en ese instante, mientras ella se presionaba la herida de su costado.
Los bichos gritaron antes de atacar.
Kahli puso ambas manos manchadas de sangre sombre sendas runas en el centro de su círculo de protección.
- ¡Ignüs du shâng! –Gritó.
Los trazos se iluminaron con una poderosa luz roja y desde el círculo exterior se levantó una pared de llamas de unos dos metros que carbonizó a todas las criaturas que acababan de saltar hacia ella. Kahli sintió como lo símbolos absorbían casi toda la energía de su cuerpo, tal y como le advirtió su hermana. La cabeza empezó a darle vueltas.
La pared de fuego tembló durante unos instantes y después se expandió hacia el exterior, hasta que chocó contra los muros de la cueva. Las llamas arrasaron todo a su paso. Las criaturas apenas tuvieron tiempo de gritar, sus cuerpos quedaron calcinados casi al instante.
Cuando el fuego se disipó Kahli tenía la respiración muy acelerada. No quería perder el conocimiento de nuevo y extendió una mano para coger el montón de papeles donde estaban sus apuntes. Rebuscó deprisa alguno que pudiera servirle… sintió un mareo y se desplomó sobre el hombre. Hizo un último esfuerzo por mantenerse despierta, agarró una de las tizas de colores e intentó copiar otra de las runas en el suelo. No consiguió acabar el primer trazo, estaba tan agotada que perdió el conocimiento.
[[Encuentro con Ash y Theo 2]]Zöe cura como puede a Ash.
Se llevan prisionera a Kahli que tiene aspecto extraño: ojos rojos, cabello blanco, cuernos, colmillos y las ropas destrozadas.
Apareces en una cueva iluminada por una luz turquesa que se cuela por orificios en la roja.
- Despierta, drakolía.
- ¿Eh?
- Soy Theo, Lord de este castillo, y te ordeno que confieses todos los planes de la Hermandad.
[[No soy una asesina, por favor sácame de aquí]]
[[No me mates, por favor]]
[[Lo confesaré todo, pero por favor dame algo de comer]]
THEO - ¿Pues explicarme por qué lo has hecho?
fundindo desde negro hasta una cueva abierta, iluminada por luces turquesas
- Trammfilifate. – Respondió otra persona, parecía que masticaba algo.
- ¿Qué me tranquilice? – Le reprochó el primero, alzando aún más el tono-. ¿Cómo se te ocurre salvar al monstruo que ha intentado matarte?
-¡No es ningún monstruo! –Replicó una tercera persona, una joven que sonaba muy cerca de Kahli-. ¡Mírala! Si dan ganas de achucharla de lo monísima que es.
Kahli se esforzó por no mover un solo musculo al escuchar ese comentario. ¿De verdad estaba hablando de ella?
-¡Estáis locos, los dos! –Estalló el primero -. No dejo de preguntarme donde tienes el sentido del gusto, Zöe. Cómo puedes decir que eso es mono. Tiene garras en lugar de uñas, cuernos y una cola con aguijón. No sabemos cómo va a reaccionar cuando despierte, pero estoy seguro de que se comportará como el monstruo que es; un monstruo asesino, enviado por la Hermandad de los Dragones para matar a Ash y a todo el que se le ponga por delante.
Las palabras del chico le dolieron a Kahli. Era cierto que formaba parte de la Hermandad y quizás también fuera un monstruo, pero de lo que estaba segura era de que no era una asesina y de que no tenía cuernos…
-Como te gusta exagerar las cosas, Theo –replicó el hombre con tranquilidad.
-Yo estaba allí cuando te atacó, Ash. No creo que puedas razonar con esa cosa.
-No es una cosa. Es una chica, un poco especialita, pero una chica al fin y al cabo. Deberías empezar a aprender a tratarlas como es debido –le reprochó la joven con seriedad-. Si no te vas a quedar solo y amargado el resto de tu vida y no estoy dispuesta a cargar contigo.
-¡Pero que tiene que ver una cosa con la otra! – se desesperó el chico.
-Zöe tiene razón. Ya no eres un chiquillo, deberías mostrar más interés por las mujeres… ¡Oh! –Ash hizo una pausa- ¿Es que te interesan otras cosas? –Preguntó con tono burlón.
-¡Pero qué…! –Theo se interrumpió, estaba furioso y sorprendido a la vez. Kahli pudo escuchar como respiraba profundamente antes de continuar-. Por favor, dejad de preocuparos por mi vida amorosa y centraos –dijo muy serio-. Seguimos estando en peligro.
-¿Tienes algo más de comida? –Preguntó el mago cambiando de tema.
-No me ignores, Ash.
-No te ignoro, Theo. Estoy agotado y tengo hambre ¿seguro que no tienes nada más en tu bolsa?
-No. Te has comido todas mis provisiones.
-Vaya…
-A mí también me está entrando un poquito de hambre, después de todo lo que he tenido que hacer esta noche –dijo Zöe-. A lo mejor podría ir a por un par de trocitos de los bichos que he destrozado para salvarte, Ash. Estaría de vuelta antes de que Lord Velam haya conseguido abrir la puerta del laberinto.
-No creo que tarde mucho más, solo tiene que seguir el orden de los hechizos alrededor de la puerta y usar su llave –explicó Ash relajado-. De todas formas no te recomiendo lo de esos bichejos, Zöe. Ya lo intentamos una vez y te puedo asegurar que saben a rayos.
-¡Por todos los Dioses! Aparte de que lo que habéis dicho es asqueroso, es muy peligroso salir de aquí. Os recuerdo que las Dreidres no están muy lejos. Además, he leído en el Libro de las Profecías que la Hermandad ya ha tomado el castillo. Es cuestión de tiempo que nos encuentren, si lord Velam no se da prisa.
-¿Otra vez jugando con ese dichoso librito? Cuando te darás cuenta de que no funciona. Solo te hace perder el tiempo y preocuparte por cosas irrelevantes. Las situaciones y los problemas se resuelven en el presente y con la información que tienes en la mano –el mago había adoptado un tono condescendiente-. Como ahora, la puerta se abrirá cuando tenga que abrirse, ni antes ni después.
-El Libro de las Profecías ha evitado un desastre esta noche, te guste o no. Y si dejaras de ser tan testarudo y negar lo evidente, harías caso a sus predicciones que nos llevan advirtiendo que eso… ella, es peligrosa. Iba a matarte y volverá a intentarlo.
-Eso no lo sabes, aunque no ha sido la única –replicó burlón-; tu abuela fue una de ellas.
- Seguro que tenía buenos motivos.
- Eso es lo que dicen todas –respondió Ash de manera despreocupada-, así que quiero saber cuáles son los de esta muchacha.
- Pertenece a la Hermandad de los Dragones y le ordenaron acabar contigo. Esas son sus razones y motivo más que suficiente para que la abandonemos.
- Es verdad –respondió el mago sin dejarse alterar por el estado de nervios del chico-, pero tú también intentaste matarla.
- Intentaba salvarte.
- Igual que hizo ella después. Me salvó la vida, tres veces.
- ¿Tres veces? –Preguntó sorprendida Zöe-. ¿Ves como no es tan mala como crees, Teddy?
-¿Teddy?
-Es como llamamos cariñosamente en casa a nuestro pequeño Theodorick –respondió ella con un tono muy orgulloso.
-Porque sabéis que no me gusta.
-¿Theodorick? No me habías dicho que te llamabas así.
-No estamos hablando de mi nombre –atajó el chico, parecía molesto-. Sino de cómo ella te salvó tres veces.
- Es cierto. Bueno, la primera fue al caer por el precipicio; Usó sus alas de monstruo para amortiguar nuestra caída. La segunda fue curándome el cuello. Y la tercera, con su círculo de protección –el hombre soltó una carcajada, muy divertido-. Necesito saber cómo consiguió hacer funcionar ese desastre. Tú lo viste, era…
- Ash, no entiendo nada de magia. A mí me pareció un ridículo dibujo de una cría de cinco años.
¡Cómo se atrevía ese niñato de nombre rimbombante a decir eso de su precioso círculo de protección! Quizás no fuera tan fino y elegante como los de Agatha, pero dadas las circunstancias estaba segura de que lo había hecho bastante bien.
-A mí me pareció muy bonito –intervino Zöe-. Y creo que funcionaba porqué usó su sangre con las runas principales de fuego. Si las alimentas bien, nunca fallan.
-Sigo sin entender cómo no has heredado ninguna cualidad mágica de Úrsula o de tu madre, Theodorick –dijo Ash y se esforzó por pronunciar de una manera muy exagerada el nombre.
-Es lo que nos preguntamos todos los días –respondió Zöe-. Es un misterio…
- Me llamo Theo y tengo otras muchas habilidades igual de valiosas.
- Sí, no obedecer a tus mayores es una de ellas.
- Como ya habéis dicho, no soy un niño así que puedo tomar mis propias decisiones.
- Por eso te pusiste a buscarme en lugar de ir a avisar a lord Velam. – Ash sonaba como un padre discutiendo con su hijo desobediente-. Tuviste suerte de encontrarte a Zöe y los soldados al girar la esquina.
-Sí, porque si te hubiera hecho caso ahora estarías muerto -replicó Theo, ya no parecía tan joven-. Zöe apareció por uno de los pasillos perpendiculares al que me indicaste. Si hubiera seguido el camino de baldosas nunca hubiéramos llegado a tiempo para salvarte.
- ¡Estaba todo bajo control! ¿Qué clase de mago crees que sería si me dejara devorar por esos bichos tan patéticos?
- Un mago viejo y acabado.
- ¡Ja! ¡Todavía faltan muchos años para eso, Theodorick! – Gritó Ash con orgullo.
- Eso espero porque si no salimos pronto de aquí no habrán más años para ninguno de nosotros.
- Siempre tan aguafiestas...
- Se dice “responsable” –el tono de Theo era más desenfadado -, porque uno de los tres tiene que serlo.
Kahli notó como se relajaba el tono de la conversación...
- Eres tan aburrido como Úrsula.
- Para gustarte tan poco mi abuela no haces más que hablar de ella.
- Yo no he dicho que no me gustara. Ella fue quien me dejó para casarse con tu abuelo. Soy una víctima.
-¡Pobrecito Ash! –Se burló Zöe.
- Hizo bien –dijo Theo-. Mi abuelo era un hombre muy respetable y mi abuela es muy querida entre mi pueblo.
- Eso es porque no la conocen lo suficiente...
Hubo un silencio y después los tres- Dejar de ser una drakolía y ser sólo humana
- No, eso no puedo dártelo. Drakolía es lo que eres, fuiste creada así.
[[¿Qué eliges?]][[Dejar de ser una drakolía y ser sólo humana]]
[["No puedo soportar haber matado a otro ser humano. Lura, resucita al mago, por favor."]]
[[Mi mayor honor es seguir defendiendo a los Dragones Blancos y la voluntad de los dioses.]]- No puedo soportar haber matado a otro ser humano. Lura, resucita al mago, por favor.
- ¿Qué dices? Ese mago era el único con poder suficiente para plantarnos cara. Sólo tenía que recargar sus poderes y todos estaríamos muertos.
[[No me importa]]
[[Tiene razón, lo siento mi General...]]
Lura pide a Arkuss que salga, que ya se encarga ella.
Arkuss se queda preocupado.
Kahli se ha quedado adormilada.
No sabe cuánto tiempo ha pasado desde que se fue Gideon pero la despiertan unas vocese en el interior de la tienda.
Son Lura y Gideon discutiendo sobre por qué Lura ha manipulado los elixires de KAhli...
(la misma conversación, más o menos que tienen en la línea central)
Kahli se da cuenta de que Gideon también estaba al corriente de su situación y solo quiere marcharse de allí. Pero no puede. No hay por donde huir y su mano ya ha empezado a transformarse en garra...
Los sirvientes de Lura cogen a Kahli y la ponen sobre una de las mesas de la tienda de Gideon para preaprar el ritual.
¿Te resistes?
[[Sí, no se lo vas a poner fácil ARK]]
[[No, no puedo hacer nada para escapar ARK]]Guideón llama a Lura.
Ceremonia en la tienda de los estrategas.
[[ceremonia con Lura, Arkuss y Guideón]]En este caso, Arkuss pide estar dentro de la tienda y lo ve todo. Arkuss no puede soportar el daño que te están haciendo y se enfrenta a Lura.
[[Enfrentamiento entre Arkuss y Lura]]Gritas y pides ayuda a Arkuss.
ARKUSS ACUDE!!!
[[Enfrentamiento entre Arkuss y Lura]]El ritual es menos agresivo para Kahli y ella no se resiste en ningún momento.
Cuando Kahli se transforma Isrym le habla:
– ¡Mátalo, Drakolía! – Ordenó nuevamente Isrym.
La criatura respondió con un gruñido y salió de la tienda con rapidez. Las arpías en el exterior empezaron a gritar nerviosas ante su presencia. La Drakolía las miró por unos instantes y soltó un poderoso rugido que las hizo enmudecer a todas sin excepción. Después levantó la cabeza y la movió como si estuviera buscando algo en el aire. Sus extraños ojos se clavaron en el castillo que estaba a su izquierda.
Con un nuevo gruñido la Drakolía desplegó sus alas y echó a volar hacia su presa.
(Isrym debe de añadir una amenaza chunga: si no cumples con tu misión tu hermana Agatha lo pagará. )
(Cuando sales volando, ves que Arkuss se queda detrás en el campamento gritándote "Khaliiiii!!!")
[[Drakolía sin runas ataca 2]]Arkuss se queda en la puerta.
PERO SI te resistes, acude
y hay un enfrentamiento :) :) :)
Lura y Guideón contra Arkuss
Muere Arkuss
si te resistes, te pones a gritar y aparece Arkuss
¡dejadla! ¡nunca debí habértelo dicho, Guideón, mi general, me decepcionáis!!
- apártate arkuss
- no tocaréis a Khali
- que te apartes
- por encima de mi cadáver
- tú lo has querido
"General, no sois más que un golem sin escrúpulos, por muchos años pensé que había una pizca de humanidad entre vosotros"
[[ARKUSS MUERE]]Drakolía con runas de control
[[Sí, no se lo vas a poner fácil 1]]
Haz doble clic sobre este pasaje para editarlo.La Drakolía se dirigía hacia el castillo. Extendió las alas para planear alrededor de la torre más alta de la fortaleza, donde los ataques habían arrancado gran parte del bonito tejado picudo y su aguja mágica.
El objetivo de la criatura estaba precisamente en el edificio al otro lado del jardín principal. Sin apenas detenerse, la Drakolía atravesó uno de los ventanales del primer piso. Levantó la cabeza y olisqueó el aire como un animal. Sentía el aroma de esa sangre que le llamaba, la atraía sin remedio. Supo donde la encontraría.
Cruzó puertas, muros, arrancó estatuas y destrozó todo lo que se interponía en su paso. Llegó a una zona que se había derrumbado, escuchó el eco de unas voces. La Drakolía se relamió de gusto y descendió despacio entre los escombros. Con la paciencia de un depredador aguardó el momento oportuno para saltar sobre su presa.
Se escucharon gritos, pero ella no los entendió, estaba demasiado cegada por su instinto. Hubo una lucha, algo de dolor… el momento que había quedado grabado en la memoria de Kahli fue cuando la Drakolía consiguió clavar sus colmillos en el cuello del hombre. La sangre inundó de nuevo su boca. Sabía mucho mejor que la que Isrym le había dado.
En ese instante sintió una mano enorme sobre su frente, después se cerró en un puño que cogió algo enterrado en su mente; Ese algo que se resistió, se esforzó por huir, por extender sus tentáculos hacia la runa roja y dorada que había en el pecho de la Drakolía. Sin embargo no lo consiguió. El hombre tiró de esa cosa con más fuerza hasta que la arrancó y la aplastó entre sus dedos.
Kahli se sintió liberada, aunque ya era demasiado tarde para poder reaccionar.
Ambos cayeron al vacío.
[[Kahli recupera el control de sí misma 2]](ASH le ha quitado la runa de control de Lura que Kahli llevaba en la frente)
El golpe contra algo duro fue doloroso. El hombre se le escapó de entre los brazos y ella se quedó dónde estaba, aturdida, casi sin respiración. Al cabo de unos minutos consiguió moverse. Se incorporó despacio, se sentía muy extraña con su nuevo cuerpo. Extendió las manos y las flexionó varias veces. Las escamas habían desaparecido y sus dedos estaban a medio camino de volver a parecer casi normales, como el color de su piel.
Se tocó la cara y dejó escapar un suspiro de alivio. Todo parecía estar bien, en la frente ya no estaba el símbolo de Lura y hacia unos minutos que ya había dejado de sentir su poder controlador. La magia se disipaba con velocidad. Kahli se sintió feliz.
Recordó que quien le había liberado del hechizo de la Archibruja había sido él. Kahli se dio la vuelta, buscándolo. Se sorprendió al darse cuenta de que sus ojos podían ver casi a la perfección en la oscuridad y no le costó encontrar el cuerpo del hombre. Estaba en el suelo, a unos cuantos pasos del borde de la plataforma de piedra donde habían caído.
Ella se acercó despacio.Se arrodilló entonces al lado del cuerpo. Se fijó por primera vez en el rostro del hombre que estaba bocarriba.
- ¿Gideon? – Murmuró sorprendida.
Tenía las mismas facciones que el General de la División del Dragón Blanco, pero no era él. Aquel hombre tenía una expresión muy diferente, más relajada y amigable; El cabello negro, con las puntas y algunos mechones de un azul eléctrico muy curioso, además de estar plagado de adornos dorados.
Kahli estaba desconcertada y una infinidad de preguntas la asaltaron. ¿Quién era él? Recordando las palabras de Isrym llegó a la conclusión de que debería ser el fundador de la Hermandad de los Dragones, a quien el Gran Brujo quería muerto. ¿Por qué se parecía tanto a Gideon? ¿Eran gemelos?
No era el momento en pensar en ese asunto porque la herida en el cuello del hombre tenía muy mal aspecto con toda aquella sangre negra manchando sus ropas y el suelo.
¿Qué haces?
[[Cumples tu misión. Tienes miedo de la Hermandad y lo puda haceros a ti y a Agatha 3]]
[[No vas a dejar que muera! Agatha sabía que algo así podría pasar. Estará preparada 3]]Haz doble clic sobre este pasaje para editarlo.Khali: Ya ha habido suficientes muertes. Arkuss y ahora este hombre, ¿qué me ha hecho a mí? Pero es una guerra. En una guerra la gente muere, y los que no, te matan.
La Drakolía se dirigía hacia el castillo. Extendió las alas para planear alrededor de la torre más alta de la fortaleza, donde los ataques habían arrancado gran parte del bonito tejado picudo y su aguja mágica.
El objetivo de la criatura estaba precisamente en el edificio al otro lado del jardín principal. Sin apenas detenerse, la Drakolía atravesó uno de los ventanales del primer piso. Levantó la cabeza y olisqueó el aire como un animal. Sentía el aroma de esa sangre que le llamaba, la atraía sin remedio. Supo donde la encontraría.
Cruzó puertas, muros, arrancó estatuas y destrozó todo lo que se interponía en su paso. Llegó a una zona que se había derrumbado, escuchó el eco de unas voces. La Drakolía se relamió de gusto y descendió despacio entre los escombros. Con la paciencia de un depredador aguardó el momento oportuno para saltar sobre su presa.
Se escucharon gritos, pero ella no los entendió, estaba demasiado cegada por su instinto. Hubo una lucha, algo de dolor… el momento que había quedado grabado en la memoria de Kahli fue cuando la Drakolía consiguió clavar sus colmillos en el cuello del hombre. La sangre inundó de nuevo su boca. Sabía mucho mejor que la que Isrym le había dado.
Ambos cayeron al vacío.
El golpe contra algo duro fue doloroso. El hombre se le escapó de entre los brazos y ella se quedó dónde estaba, aturdida, casi sin respiración. Al cabo de unos minutos consiguió moverse. Se incorporó despacio, se sentía muy extraña con su nuevo cuerpo. Extendió las manos y las flexionó varias veces. Las escamas habían desaparecido y sus dedos estaban a medio camino de volver a parecer casi normales, como el color de su piel.
Se tocó la cara y dejó escapar un suspiro de alivio. Todo parecía estar bien, en la frente ya no estaba el símbolo de Lura y hacia unos minutos que ya había dejado de sentir su poder controlador. La magia se disipaba con velocidad. Kahli se sintió feliz.
Recordó que quien le había liberado del hechizo de la Archibruja había sido él. Kahli se dio la vuelta, buscándolo. Se sorprendió al darse cuenta de que sus ojos podían ver casi a la perfección en la oscuridad y no le costó encontrar el cuerpo del hombre. Estaba en el suelo, a unos cuantos pasos del borde de la plataforma de piedra donde habían caído.
Ella se acercó despacio.Se arrodilló entonces al lado del cuerpo. Se fijó por primera vez en el rostro del hombre que estaba bocarriba.
- ¿Gideon? – Murmuró sorprendida.
Tenía las mismas facciones que el General de la División del Dragón Blanco, pero no era él. Aquel hombre tenía una expresión muy diferente, más relajada y amigable; El cabello negro, con las puntas y algunos mechones de un azul eléctrico muy curioso, además de estar plagado de adornos dorados.
Kahli estaba desconcertada y una infinidad de preguntas la asaltaron. ¿Quién era él? Recordando las palabras de Isrym llegó a la conclusión de que debería ser el fundador de la Hermandad de los Dragones, a quien el Gran Brujo quería muerto. ¿Por qué se parecía tanto a Gideon? ¿Eran gemelos?
No era el momento en pensar en ese asunto porque la herida en el cuello del hombre tenía muy mal aspecto con toda aquella sangre negra manchando sus ropas y el suelo.
¿Qué haces?
[[Cumples tu misión, no puedes decepcionar a Guideón]]
[[No cumples tu misión, aunque decepciones a Guideón]]Seguir bebiendo y matar como quiere la Hermandad, como Lura desea
Siente un rasguño en el costado. Ha sido un chico joven quien ha intentado apartarla de su objetivo.
El chico insiste, una y otra vez con una espada corta en sus temblorosas manos.
Kahli/Drakolía intenta ignorarlo peor el chico no le deja porque ataca, muerto de miedo.
Kahli deja caer a su presa y se encara con el joven de cabello encendido como una antorcha. Le ataca con la cola. Él retrocede en el puente hacia atrás con pasos torpes y la espada en alto.
Kahli ataca. El joven consigue esquivarla a duras penas y hacerle otro corte en un brazo. Ella se enfurece y le ataca de nuevo, pero en esta ocasión algo se clava en su espalda, algo que la deja paralizada. Se le doblan las rodillas. Intenta girarse antes de perder el conocimiento y ve el brillo de la magia en su primera victima. El hombre, que se parece sorprendentemente a Gideon tiene una mano sobre la herida del cuello y la otra extendida hacia ella.
Kahli siente el hechizo subir por su espalda y pierde el conocimiento.
[[Encuentro con Ash y Theo 6]]Zöe cura como puede a Ash.
Se llevan prisionera a Kahli que tiene aspecto extraño: ojos rojos, cabello blanco, cuernos, colmillos y las ropas destrozadas.
Siendo prisionera, Khali recibe una visita, es Arkuss.
[[Arkuss negocia para sacar a Khali]]Kahli sacó de los bolsillos de su cinturón todo lo que pudo encontrar para curarlo. Con mucho cuidado limpió la herida con un líquido desinfectante. Después le aplicó una generosa cantidad de un ungüento que olía a hierbas y le vendó el cuello tan bien como pudo.
Entonces dejó escapar un largo suspiro y empezó a notar lo mal que ella se encontraba. Le dolía todo el cuerpo, el costado era la peor parte. Se tocó la herida que el amigo del hombre le había hecho con una espada. No podía culparlo, seguramente estaría tan muerto de miedo como lo estaría ella en una situación similar.
Ahora le tocaba curarse...
Percibió que algo se movía a su espalda. Se puso en pie tan rápido como pudo, sosteniéndose el costado con una mano. Vio a unas criaturas que parecían perros pasearse por el otro extremo de la plataforma. Al principio eran dos, pero pronto se convirtieron en seis que enseñaban los dientes y gruñían.
Kahli miró a su alrededor desesperaba. Buscaba alguna salida en las paredes a las que se sujetaba la plataforma, enseguida se dio cuenta de que no la había. Entonces se fijó en el puente que cruzaba sobre ellos, podría llegar hasta allí ¿usando sus alas? Miró por encima del hombro hacia atrás y no las encontró. Asustada se esforzó por tocarse la espalda, habían desaparecido y en su lugar solo encontró su piel y dos grandes aberturas en el vestido. ¿Cómo era posible? No podía perder tiempo en buscar una explicación pues los bichos cada vez parecían más nerviosos.
Kahli miró de nuevo a la pared de roca, quizás sí podría salir de allí escalando, tenía unas poderosas garras… Pero enseguida se dio cuenta de que si optaba por esa opción significaba abandonar al hombre a su suerte. No, su consciencia no le permitía hacer eso.
Las criaturas empezaron a chillar un poco más alto, llamaban al resto del grupo. Kahli metió la mano en uno de uno de los bolsillos de su cinturón y después lanzó un puñado de partículas incandescentes contra el suelo, creando un semicírculo frente a ella y los bichos que iban a atacar.
Las criaturas saltaron hacia atrás asustadas en cuanto vieron la luz. Kahli sabía que aquel truco no los mantendría alejados demasiado tiempo, así que debía darse prisa y aprovechar la poca ventaja que había ganado.
Arrastró el cuerpo del hombre hasta situarlo en el centro de la plataforma, un poco más lejos de los perros que los acechaban. Después, sacó un montón de pequeñas hojas de papel de otro de sus bolsillos; las fue pasando una tras otras, buscaba algo muy concreto y lo encontró cuando ya iba por la mitad de sus apuntes.
-¡Aquí está! –Exclamó victoriosa.
Sacó unas cuantas tizas de colores, los elementos básicos para poder hacer el conjuro que esperaba que pudiera salvarles la vida. Se fijó en el papel que tenía en la mano y empezó a copiar el círculo que allí había en el suelo; tenía que ser lo bastante grande para poder rodear el alto cuerpo del hombre que estaba en el centro.
-Nunca me podría haber aprendido esto de memoria –murmuró mientras comprobaba que sus trazos eran lo más parecidos a la representación que tenía en su hoja.
Sus partículas incandescentes se estaban debilitando y uno de los bichos-perro se atrevió a pasar por encima. Soltó unos chillidos espeluznantes cuando se quemó las patas y no tardó en retroceder hasta un rincón para lamerse las heridas. Por ahora, los demás permanecieron donde estaban.
Kahli ya había terminado su círculo mágico. Los trazos eran muy irregulares, nunca se le había dado bien dibujar y no iba a aprender de repente, aunque su vida le fuera en ello.
La joven repasó una vez más sus papeles y decidió añadir unas cuantas runas más, por si acaso. No tenía muy claro dónde debía situarlas así que eligió los lugares que le parecieron más oportunos.
La luz casi se había desvanecido y dos de los bichos más adelantados decidieron atacar. Ella dio un paso atrás dentro de su dibujo. Estaba convencida de que funcionaría…
-¡Aktivashyon! –gritó.
Los dos bichos pasaron el círculo exterior y saltaron hacia delante sin que la magia se activara.
Kahli reaccionó por instinto, como ya había hecho cuando se enfrentó a las Arpías. Al primer perro le dio una patada que lo mandó hacia un lado y se despeñó por uno de los bordes; El segundo le mordió en el brazo, ella le golpeó con su garra izquierda tan fuerte que el bicho la soltó y cayó al suelo gravemente herido. De otra patada lo sacó del círculo mágico.
Kahli soltó un rugido de rabia y las criaturas retrocedieron un poco, por precaución.
Ella sabía que no conseguiría mantenerlos a raya durante mucho más tiempo. Cuando atacaran todos juntos no podría detenerlos.
Volvió a revisar sus papeles y se detuvo en la hoja donde habían representadas dos runas muy complejas. Debajo, ella misma había apuntado una explicación de cómo creía que funcionaban, y justo al lado había un párrafo escrito en mayúsculas con una caligrafía que le era inconfundible. Agatha le advertía de lo peligroso que podía ser para su salud usar algo así.
Sin embargo Kahli no tenía otra opción, ni tiempo. Se dejó caer en el suelo, apartó un poco el cuerpo del hombre hacia un lado y se apresuró a dibujar los dos símbolos en el centro.
La luz cada vez era más débil y las partículas ya se habían apagado en su mayoría…
Kahli unió las dos runas entre sí y luego al resto del círculo con trazos torpes, pero gruesos.
La luz se extinguió en ese instante, mientras ella se presionaba la herida de su costado.
Los bichos gritaron antes de atacar.
Kahli puso ambas manos manchadas de sangre sombre sendas runas en el centro de su círculo de protección.
- ¡Ignüs du shâng! –Gritó.
Los trazos se iluminaron con una poderosa luz roja y desde el círculo exterior se levantó una pared de llamas de unos dos metros que carbonizó a todas las criaturas que acababan de saltar hacia ella. Kahli sintió como lo símbolos absorbían casi toda la energía de su cuerpo, tal y como le advirtió su hermana. La cabeza empezó a darle vueltas.
La pared de fuego tembló durante unos instantes y después se expandió hacia el exterior, hasta que chocó contra los muros de la cueva. Las llamas arrasaron todo a su paso. Las criaturas apenas tuvieron tiempo de gritar, sus cuerpos quedaron calcinados casi al instante.
Cuando el fuego se disipó Kahli tenía la respiración muy acelerada. No quería perder el conocimiento de nuevo y extendió una mano para coger el montón de papeles donde estaban sus apuntes. Rebuscó deprisa alguno que pudiera servirle… sintió un mareo y se desplomó sobre el hombre. Hizo un último esfuerzo por mantenerse despierta, agarró una de las tizas de colores e intentó copiar otra de las runas en el suelo. No consiguió acabar el primer trazo, estaba tan agotada que perdió el conocimiento.
[[Encuentro con Ash y Theo 4]]Arkuss llega al amanecer, para negociar prisioneros, pero Theo no se fía y pide que lo encierren a él también.
[[Khali y Arkuss encerrados juntos]]Haz doble clic sobre este pasaje para editarlo.Haz doble clic sobre este pasaje para editarlo.Guideón muereKhali
-No me importa, me voy a volver loca y su recuerdo me perseguirá en mis sueños.
- No sé si me estás entendiendo, pero acabas de firmar tu sentencia de muerte.
- ¡No, por favor!
- Di que eres un arma asesina.
[[¡Nunca! ¡Soy un ser humano, como el mago que acabo de matar!]]
[[Tiene razón, lo siento mi General...]]- Tiene razón, lo siento mi General. Es mi deber cumplir con la Hermandad y haré todo lo que esté en mi mano.
- Todos tenemos que hacer sacrificios en una guerra, niña.
[[¿Qué eliges?]]- ¡Muere!
[[GAME OVER 2]][[Encuentro con Theo prisionero]] Khali grita desesperada con todas sus fuerzas
- ¡General!
Guideón la mira, impaciente.
- Khali... Es lo mejor.
[[General, yo confío en ti, eres bueno!]]
[[Tiene que haber otra manera, General!!]]Ella solo estaba intentando escapar porque, como ya sabía desde que se tomó el elixir hechizado, sus mayores temores se estaban convirtiendo en realidad.
– ¿Qué le habéis hecho? –Preguntó Gideon impaciente.
–Lo que había que hacer: He sustituido el elixir represor por uno estimulante –dijo muy orgullosa de sí misma.
– ¡Qué! –Exclamó Gideon sorprendido – ¡Cómo os habéis atrevido a hacer algo así! Ese no era el plan.
–Es gracioso que alguien ajeno a la magia se atreva a cuestionar cómo preparo mis rituales cuando estoy cansada de hacer este tipo de conjuros. –Entonces Lura lanzó una fugar mirada a sus esclavos.
– Isrym nos dio unas órdenes muy concretas a los dos. Las mías eran cuidar de Kahli y mantenerla vigilada en la tienda de los estrategas hasta que llegara la hora del ritual; las vuestras se limitaban a llevar hasta allí todos los potingues del conjuro. Nada más.
–No todos los potingues… –replicó ella sonriendo.
–No os preocupéis por ese detalle… –dijo él un tanto molesto–. Deberíamos estar en la tienda de los estrategas para el ritual.
–En este caso el lugar es irrelevante. Porque lo importante para esta ceremonia es el tiempo, y por mucho que le cueste a vuestra cabeza cuadriculada entenderlo, he hecho lo que había que hacer para conseguir ese valioso ingrediente. Podremos proseguir con nuestro plan en cuanto Isrym nos honre con su presencia.
–Espero que sepáis lo que estáis haciendo porque si Kahli no resulta útil para la misión vamos a tener muchos problemas –advirtió él–. Y seréis las primera perjudicada.
–No os preocupéis tanto. La niña servirá y yo lo tengo todo bajo control.
Gideon no dijo más y Kahli supo entonces que él también estaba al corriente de su secreto y por cómo se había desarrollado la conversación el Gran Brujo también lo sabía. Ahora entendía porque la habían estado tratando de una manera tan distinta a los otros ayudantes; por qué siempre había alguien a su lado y porqué se había convertido en la ayudante del mismísimo General Gideon.
Kahli cerró los ojos y dos lágrimas se escaparon de sus ojos.
[[Llega Isrym 3]]Guideón: Khali, ten paciencia, por favor. Esto es por el bien de la hermandad y de los dioses.
Khali: Pero General.
Guideón: Si te resistes, las runas serán más fuertes en tu interior.
[[Obedecer a Lura 4]] Guideón:
- ¡¡General Lura, tiene que haber otra manera!!
- No me interrumpas, Guideón, te voy a inmovilizar.
- ¡No os atreveréis!
- Para eso está Isrym.
[[Llega Isrym 5]]El hombre la observaba con intensidad, como si estuviera buscando algo que solamente él podría ver o encontrar.
–Eres tan poco cosa… –murmuró levantando ligeramente una de las comisuras de sus labios–. Pero no seré yo quien se dejé engañar por las apariencias…
Él sonrió con una mueca inquietante, inhumana. Kahli tuvo miedo de aquella expresión y quiso volver a esconderse en su interior, en su burbuja, para siempre.
–Sé que estás ahí… –Dijo con un tono cantarín, casi burlón.
–Estoy preparado, Isrym.
La joven reconoció la voz del General y sintió el aguijón de la decepción clavándose en su corazón. Nada ni nadie podrían salvarla de lo que iba a ocurrir.
El hombre se irguió al mismo tiempo que giraba la cabeza hacia un lado y sonreía con esa expresión inquietante.
–Acercaos –dijo.
Guideón:
- Majestad, tened cuidado con ella.
Khali:
- Guideón...
Gideon obedeció y se quitó la ropa de cintura para arriba.
El cuerpo de Gideon era fuerte, con la musculatura propia de un guerrero o de una de las hermosas estatuas de héroes que adornaban la gran mayoría de los jardines de la sede de la Hermandad. Su aspecto rivalizaba también con los esclavos de Lura, pero estos detalles no eran ni mucho menos lo más sorprendente: todo el cuerpo del General estaba cubierto de runas negras.
El Gran Brujo observó tranquilamente a Gideon, lo cogió de los hombros y lo movió como si fuera un muñeco hasta situarlo delante de él, más cerca de Kahli.
Ella se fijó entonces en la infinidad de símbolos que alguien había dejado sobre su piel. Los había de muchas clases y tamaños; de magia antigua y magia moderna; de trazos finos, elegantes, gruesos, toscos… Todos ellos estaban unidos entre sí, relacionados de alguna manera para que los hechizos que representaban pudieran funcionar en armonía. En conjunto, las runas parecían una compleja tela de araña que envolvía todo el cuerpo del General salvo su rostro.
Isrym dio un par de vueltas alrededor de Gideon, examinado con sus extraños ojos todos aquellos símbolos. A veces extendía la mano para tocar alguna runa y el General apretaba los dientes intentando parecer ajeno al dolor que sentía en ese instante.
–Esto solo puede ser obra un loco, un demente –murmuraba el Gran Brujo– ¿En qué pensabas? ¿Creías que no podría entenderlo? ¿Qué soy un estúpido?
Kahli se fijó en Isrym, vestido con sus exóticos y coloridos ropajes parecía más alguien que había perdido el juicio que el Gran Brujo de la Hermandad; tenía una mirada enfermiza clavada en los símbolos que recorrían el hombro izquierdo del guerrero, no había dejado de hablar para sí mismo y poco le importaba lo que los demás pudieran pensar de él.
–Quieres engañarme con estos garabatos, malnacido. No, no voy a caer en tus trampas para principiantes... Te he estudiado durante demasiado tiempo y sé lo que tengo que buscar.
El dedo del Gran Brujo seguía un grupo de símbolos hacia el pecho del guerrero.
–Apartar la paja…
Gideon apretó la mandíbula y se escucharon sus dientes rechinar, aun así continuó erguido, mirando al frente y sin dejar escapar más muestras de su sufrimiento que un leve temblor de sus puños cerrados.
–Obviar el grano…
La mano derecha de Isrym empezó a brillar con un resplandor dorado, el color de una magia poderosa que muy pocos podían alcanzar.
–Hasta encontrar la aguja.
Sus dedos se detuvieron justo sobre el corazón del General, sobre un grupo de runas de trazos gruesos y entrelazados. Kahli se preguntaba cómo el Gran Brujo era capaz de entender ese galimatías de dibujos sobre la piel de Gideon.
–Ya podemos empezar –anunció Isrym con una sonrisa exagerada que mostraba unos dientes demasiado blancos.
–Como ordenéis –respondió Lura.
Kahli giró la cabeza hacia el lado contrario sintiendo como el terror ante lo que iba a ocurrir se iba apoderando de ella mientras que ese algo en su interior seguí empujando. Allí estaba la Archibruja de pie. Unos pasos por detrás se encontraban sus esclavos. El hombre khum sostenía una caja plateada con filigranas, al lado también se encontraba el ayudante Ráel.
Lura se inclinó hacia Kahli y comenzó a desabrocharle el cuello del vestido. Sin muchos reparos rasgó la tela cuando le impidió llegar precisamente a la zona que quería.
– ¡No! –Gritó la joven al sentir como sus hombros quedaban al descubierto y poco podía hacer para volver a cubrirse pues no había recuperado el control total de su cuerpo.
– ¡Silencio! –Replicó la Archibruja poniéndole una de sus garras plateadas sobre los labios–. No me obligues a volver a usar la runa de control.
Kahli tragó saliva despacio, aterroriza y no se atrevió a decir nada más.
La Archibruja se quitó entonces sus guantes de garras metálicas. Después situó sus manos sobre el esternón de la joven y cerró los ojos. Empezó a mover los labios muy deprisa, pronunciando las palabras de algún hechizo complicado. Kahli sintió un intenso hormiguero justo donde estaban las manos de Lura, después un agradable calor se extendió desde allí.
–Vamos a hacer historia –dijo Isrym.
Kahli se fijó entonces en lo que ocurría al otro lado del altar en el que estaba tumbada.
Gideon asintió en silencio. El Gran Brujo tenía sus manos sobre el pecho del guerrero y sin decir una palabra más la magia dorada empezó a brillar en sus extraños ojos; ese poder se extendió como si fueran rayos sobre su piel pálida. Primero cubrió parte de su cara, corrió por su cuello hasta esconderse bajo su colorido atuendo y volvió a reaparecer en sus antebrazos para seguir avanzando hacia sus manos. Cuando la magia alcanzó sus dedos se formó una gran esfera de luz que se tragó por completo la oscuridad que los rodeaba.
El General permaneció erguido con los puños apretados. Su expresión denotaba un gran sufrimiento, pero tal era su determinación que se mantuvo en pie con la mirada fija en algún punto fuera del campo visual de Kahli.
La magia del Brujo palpitaba a través de los surcos dorados que recorrían su cara, su cuello y sus manos y la luz iba aumentando de intensidad. Era tan poderosa que incluso podía escucharse su presencia, como si una multitud de rayos eléctricos estuvieran gritando.
Isrym: - Hay algo raro
Guideón: ....
Isrym: Te estás resistiendo?
Guideón: Señor...
[[Esperar a ver qué pasa]]
[[Pedir ayuda a Guideón]]
ctricos estuvieran gritando.
El Brujo retiró lentamente las manos de la piel del guerrero y un grupo de runas se separaron del cuerpo del General dejando unas horribles marcas en su torso. Los símbolos se quedaron flotando en el aire durante unos instantes hasta que Isrym los atrapó en su mano con rapidez. Seguidamente apretó el puño y en unos instantes un líquido negro comenzó a gotear entre sus dedos. Se apresuró a recogerlo en un pequeño vial.
Gideon dejó escapar un largo suspiro de alivio a la vez que se sentaba en una silla apartada, cerca de las pesadas cortinas oscuras. El guerrero respiraba con dificultad y se había llevado la mano al pecho, a la zona donde antes habían estado esas runas. Parecía confundido, con la mirada perdida en el vacío.
La Archibruja pasó por delante del General sin mirarlo. Estaba más centrada en abrir la caja que su esclavo khum le tendía. De allí sacó un frasco de cristal con una sustancia roja, vibrante que no paraba de moverse y una pluma con la punta dorada que sumergió en el líquido mágico.
–Ni se te ocurra moverte –advirtió.
[[Desobedecer a Lura 3]]Khali: ¡General! ¡Hay otra manera, seguro!
Guideón: ...
Isrym: sí, hay otra manera, y es que colabores.
Guideón: Majestad, si se me permite, estamos en mi tienda...
Isrym da un golpe de magia a Guideón y le arranca todas las runas, Guideón muere.
Khali: ¡Nooooooo!
[[Drakolía bajo el control de la Hermandad (no Guideon)]] Kahli odeció. Sintió un pinchazo en el pecho cuando Lura empezó a dibujar sobre su piel con la pluma que su esclavo humano le había entregado de nuevo.
Con cada nuevo trazo Kahli percibía como más hilos se iban rompiendo en su interior, como si las costuras de un viejo vestido estuvieran abriéndose porque eran demasiado pequeñas para el nuevo cuerpo que crecía sin cesar.
La punta dorada de la pluma se deslizaba sobre la piel de la joven a toda velocidad creando un símbolo que iba creciendo tanto en complejidad como de tamaño conforme pasaban los minutos.
Kahli supo que moriría en el mismo instante en que sintió como el último hilo de su interior se rompía para siempre. Entonces escuchó un rugido contenido durante dieciséis años y como ese algo en su interior, ese monstruo al que temía y odiaba por igual, emergía en el mismo instante en que la Archibruja terminaba el último trazo de su runa morada.
El cuerpo de Kahli se tensó.
El Gran Brujo se acercó al altar y puso ambas manos sobre las runas que había en el borde.
– ¿Hacéis los honores? –Preguntó con una pícara sonrisa dirigida a la elfa.
Ella sonrió halagada, ocupó su puesto al otro lado de la joven y situó sus manos también sobre las runas talladas en la madera. Entonces ambos brujos empezaron a recitar las palabras del conjuro. Los símbolos del altar se iluminaron canalizando todo el poder de Isrym y Lura hacia el cuerpo de Kahli.
La magia se hizo palpable por unos instantes. Era tan poderosa que había creado una corriente de viento en el interior de aquella sala de paredes de telas oscuras.
–Ha llegado el momento de darle la sangre –dijo Lura sin poder disimular su excitación.
Isrym sacó de uno de sus bolsillos el frasco donde había recogido la sustancia negra en la que se habían licuado las runas del General. Por unos instantes contempló su contenido con una sonrisa de satisfacción.
–Esta noche voy a vencerte, por fin –dijo.
Isrym levantó ligeramente la cabeza de Kahli y apoyó el frasco en sus labios. Ella quiso resistirse, pero su conciencia ya estaba muy lejos de su propio cuerpo. El brujo vació todo el contenido en su boca.
Kahli tragó el líquido para no ahogarse, al principio con mucho asco y luego con avidez. El sabor no era metálico sino dulce y cuanto más bebía más deseaba.
–Su sangre te llevará hasta él, hasta nuestro fundador, hasta el traidor, aquel de los mil nombres –ordenó el Gran Brujo.
Isrym le sujetó la cabeza con fuerza y la miró a unos ojos que ya habían dejado de ser humanos.
–Encuéntralo para nosotros –repitió– y mátalo ahora que es débil como un niño.
Con esas últimas palabras apareció otra runa en el pecho de la joven, en este caso era dorada y se entrelazó con la roja que ya había dibujado la Archibruja.
Entonces hubo una explosión de luz en el pecho de Kahli y todos se apartaron de golpe, todos menos Lura. La Archibruja extendió rápidamente la mano para tocar el símbolo que todavía palpitaba en la frente de la chica y susurró las palabras de otro hechizo.
El cuerpecillo de la joven ayudante se transformaba sacudido por incontables espasmos. Sus orejas dejaron de parecer humanas para estirarse con una forma completamente desconocida para los allí presentes. Las manos se deformaron en garras mucho más mortíferas que la de las propias arpías. El pelo perdió su oscuridad para brillar con un blanco muy luminoso y en lo alto de la cabeza aparecieron unos cuernos retorcidos hacia atrás que parecían de bronce. La piel entonces también se volvió de un blanco iridiscente y se cubrió de brillantes escamas.
A estas alturas el maltrecho vestido de Kahli estaba hecho girones sobre su nuevo cuerpo pero a ella ya no le importaba. De un salto se puso en pie sobre el altar, observando a los que allí estaban con unos ojos alargados y de pupilas verticales. Tenían un tono rojo muy intenso. Su rostro también se había deformado un poco, volviéndose más afilados y agresivos sus rasgos. Una larga cola rematada por un peligroso aguijón se movía a su espalda. Y cómo último estadio de transformación se desplegaron unas impresionantes alas membranosas, blancas y tan brillantes como su cabello.
El viento que hasta entonces había convertido el interior de la tienda en un desastre se detuvo. Kahli terminó su metamorfosis y sintió como se desvanecía para siempre. Había dejado de ser ella para convertirse en un monstruo al que ya no podía controlar. Ahora empezaba su vida como la herramienta de la Hermandad de los Dragones.
– ¡Mátalo, Drakolía! – Ordenó nuevamente Isrym.
La criatura respondió con un gruñido y salió de la tienda con rapidez. Las arpías en el exterior empezaron a gritar nerviosas ante su presencia. La Drakolía las miró por unos instantes y soltó un poderoso rugido que las hizo enmudecer a todas sin excepción. Después levantó la cabeza y la movió como si estuviera buscando algo en el aire. Sus extraños ojos se clavaron en el castillo que estaba a su izquierda.
Con un nuevo gruñido la Drakolía desplegó sus alas y echó a volar hacia su presa.
[[Atacar a la presa]](ASH le ha quitado la runa de control de Lura que Kahli llevaba en la frente, pero Kahli tiene tanto miedo a lo que la Hermandad pueda hacerle que por ahora no piensa desobedecer)
El golpe contra algo duro fue doloroso. El hombre se le escapó de entre los brazos y ella se quedó dónde estaba, aturdida, casi sin respiración. Al cabo de unos minutos consiguió moverse. Se incorporó despacio, se sentía muy extraña con su nuevo cuerpo. Extendió las manos y las flexionó varias veces. Las escamas habían desaparecido y sus dedos estaban a medio camino de volver a parecer casi normales, como el color de su piel.
Se tocó la cara y dejó escapar un suspiro de alivio. Todo parecía estar bien, en la frente ya no estaba el símbolo de Lura y hacia unos minutos que ya había dejado de sentir su poder controlador. La magia se disipaba con velocidad. Kahli se sintió feliz.
Recordó que quien le había liberado del hechizo de la Archibruja había sido él. Kahli se dio la vuelta, buscándolo. Se sorprendió al darse cuenta de que sus ojos podían ver casi a la perfección en la oscuridad y no le costó encontrar el cuerpo del hombre. Estaba en el suelo, a unos cuantos pasos del borde de la plataforma de piedra donde habían caído.
Ella se acercó despacio.Se arrodilló entonces al lado del cuerpo. Se fijó por primera vez en el rostro del hombre que estaba bocarriba.
- ¿Gideon? – Murmuró sorprendida.
Tenía las mismas facciones que el General de la División del Dragón Blanco, pero no era él. Aquel hombre tenía una expresión muy diferente, más relajada y amigable; El cabello negro, con las puntas y algunos mechones de un azul eléctrico muy curioso, además de estar plagado de adornos dorados.
Kahli estaba desconcertada y una infinidad de preguntas la asaltaron. ¿Quién era él? Recordando las palabras de Isrym llegó a la conclusión de que debería ser el fundador de la Hermandad de los Dragones, a quien el Gran Brujo quería muerto. ¿Por qué se parecía tanto a Gideon? ¿Era su fantasma? Pero no podía quedarse paralizada, la herida en el cuello del hombre tenía muy mal aspecto con toda aquella sangre negra manchando sus ropas y el suelo.
¿Qué haces?
[[Cumples tu misión. Tienes miedo de la Hermandad y que vaya a matar a más seres queridos]]
[[No vas a dejar que muera!]]Tienes que acabar con él, por Guideón.
¿Pero eres capaz de matarlo a sangre fría aun cuando él te ha salvado del control de Lura?
¿Y si él en realidad es Guideón?
[[Sí, puedo matarlo, tengo demasiado miedo.]]
[[No, no puedo hacerlo, ya no soporto más muertes]]ahli sacó de los bolsillos de su cinturón todo lo que pudo encontrar para curarlo. Con mucho cuidado limpió la herida con un líquido desinfectante. Después le aplicó una generosa cantidad de un ungüento que olía a hierbas y le vendó el cuello tan bien como pudo.
Entonces dejó escapar un largo suspiro y empezó a notar lo mal que ella se encontraba. Le dolía todo el cuerpo, el costado era la peor parte. Se tocó la herida que el amigo del hombre le había hecho con una espada. No podía culparlo, seguramente estaría tan muerto de miedo como lo estaría ella en una situación similar.
Ahora le tocaba curarse...
Percibió que algo se movía a su espalda. Se puso en pie tan rápido como pudo, sosteniéndose el costado con una mano. Vio a unas criaturas que parecían perros pasearse por el otro extremo de la plataforma. Al principio eran dos, pero pronto se convirtieron en seis que enseñaban los dientes y gruñían.
Kahli miró a su alrededor desesperaba. Buscaba alguna salida en las paredes a las que se sujetaba la plataforma, enseguida se dio cuenta de que no la había. Entonces se fijó en el puente que cruzaba sobre ellos, podría llegar hasta allí ¿usando sus alas? Miró por encima del hombro hacia atrás y no las encontró. Asustada se esforzó por tocarse la espalda, habían desaparecido y en su lugar solo encontró su piel y dos grandes aberturas en el vestido. ¿Cómo era posible? No podía perder tiempo en buscar una explicación pues los bichos cada vez parecían más nerviosos.
Kahli miró de nuevo a la pared de roca, quizás sí podría salir de allí escalando, tenía unas poderosas garras… Pero enseguida se dio cuenta de que si optaba por esa opción significaba abandonar al hombre a su suerte. No, su consciencia no le permitía hacer eso.
Las criaturas empezaron a chillar un poco más alto, llamaban al resto del grupo. Kahli metió la mano en uno de uno de los bolsillos de su cinturón y después lanzó un puñado de partículas incandescentes contra el suelo, creando un semicírculo frente a ella y los bichos que iban a atacar.
Las criaturas saltaron hacia atrás asustadas en cuanto vieron la luz. Kahli sabía que aquel truco no los mantendría alejados demasiado tiempo, así que debía darse prisa y aprovechar la poca ventaja que había ganado.
Arrastró el cuerpo del hombre hasta situarlo en el centro de la plataforma, un poco más lejos de los perros que los acechaban. Después, sacó un montón de pequeñas hojas de papel de otro de sus bolsillos; las fue pasando una tras otras, buscaba algo muy concreto y lo encontró cuando ya iba por la mitad de sus apuntes.
-¡Aquí está! –Exclamó victoriosa.
Sacó unas cuantas tizas de colores, los elementos básicos para poder hacer el conjuro que esperaba que pudiera salvarles la vida. Se fijó en el papel que tenía en la mano y empezó a copiar el círculo que allí había en el suelo; tenía que ser lo bastante grande para poder rodear el alto cuerpo del hombre que estaba en el centro.
-Nunca me podría haber aprendido esto de memoria –murmuró mientras comprobaba que sus trazos eran lo más parecidos a la representación que tenía en su hoja.
Sus partículas incandescentes se estaban debilitando y uno de los bichos-perro se atrevió a pasar por encima. Soltó unos chillidos espeluznantes cuando se quemó las patas y no tardó en retroceder hasta un rincón para lamerse las heridas. Por ahora, los demás permanecieron donde estaban.
Kahli ya había terminado su círculo mágico. Los trazos eran muy irregulares, nunca se le había dado bien dibujar y no iba a aprender de repente, aunque su vida le fuera en ello.
La joven repasó una vez más sus papeles y decidió añadir unas cuantas runas más, por si acaso. No tenía muy claro dónde debía situarlas así que eligió los lugares que le parecieron más oportunos.
La luz casi se había desvanecido y dos de los bichos más adelantados decidieron atacar. Ella dio un paso atrás dentro de su dibujo. Estaba convencida de que funcionaría…
-¡Aktivashyon! –gritó.
Los dos bichos pasaron el círculo exterior y saltaron hacia delante sin que la magia se activara.
Kahli reaccionó por instinto, como ya había hecho cuando se enfrentó a las Arpías. Al primer perro le dio una patada que lo mandó hacia un lado y se despeñó por uno de los bordes; El segundo le mordió en el brazo, ella le golpeó con su garra izquierda tan fuerte que el bicho la soltó y cayó al suelo gravemente herido. De otra patada lo sacó del círculo mágico.
Kahli soltó un rugido de rabia y las criaturas retrocedieron un poco, por precaución.
Ella sabía que no conseguiría mantenerlos a raya durante mucho más tiempo. Cuando atacaran todos juntos no podría detenerlos.
Volvió a revisar sus papeles y se detuvo en la hoja donde habían representadas dos runas muy complejas. Debajo, ella misma había apuntado una explicación de cómo creía que funcionaban, y justo al lado había un párrafo escrito en mayúsculas con una caligrafía que le era inconfundible. Agatha le advertía de lo peligroso que podía ser para su salud usar algo así.
Sin embargo Kahli no tenía otra opción, ni tiempo. Se dejó caer en el suelo, apartó un poco el cuerpo del hombre hacia un lado y se apresuró a dibujar los dos símbolos en el centro.
La luz cada vez era más débil y las partículas ya se habían apagado en su mayoría…
Kahli unió las dos runas entre sí y luego al resto del círculo con trazos torpes, pero gruesos.
La luz se extinguió en ese instante, mientras ella se presionaba la herida de su costado.
Los bichos gritaron antes de atacar.
Kahli puso ambas manos manchadas de sangre sombre sendas runas en el centro de su círculo de protección.
- ¡Ignüs du shâng! –Gritó.
Los trazos se iluminaron con una poderosa luz roja y desde el círculo exterior se levantó una pared de llamas de unos dos metros que carbonizó a todas las criaturas que acababan de saltar hacia ella. Kahli sintió como lo símbolos absorbían casi toda la energía de su cuerpo, tal y como le advirtió su hermana. La cabeza empezó a darle vueltas.
La pared de fuego tembló durante unos instantes y después se expandió hacia el exterior, hasta que chocó contra los muros de la cueva. Las llamas arrasaron todo a su paso. Las criaturas apenas tuvieron tiempo de gritar, sus cuerpos quedaron calcinados casi al instante.
Cuando el fuego se disipó Kahli tenía la respiración muy acelerada. No quería perder el conocimiento de nuevo y extendió una mano para coger el montón de papeles donde estaban sus apuntes. Rebuscó deprisa alguno que pudiera servirle… sintió un mareo y se desplomó sobre el hombre. Hizo un último esfuerzo por mantenerse despierta, agarró una de las tizas de colores e intentó copiar otra de las runas en el suelo. No consiguió acabar el primer trazo, estaba tan agotada que perdió el conocimiento.
[[Encuentro con Ash y Theo (noguide) 9]]Cuando estás a punto de matarlo con tus garras un hechizo te golpea la mano. Y luego otro y otro y otro... hasta dejarte hecha un ovillo de dolor.
Cuando puedes ver de donde vienen los ataques ves en el puente sobre tu cabeza a varios soldados del castillo, un joven con el pelo encendido y a una chica que se le parece mucho. Sus ojos aun brillan con los restos rosados del hechizo.
-No se te ocurrar moverte -te dice con seriedad.
[[Encuentro con Zöe, Ash y Theo 8]]Kahli sacó de los bolsillos de su cinturón todo lo que pudo encontrar para curarlo. Con mucho cuidado limpió la herida con un líquido desinfectante. Después le aplicó una generosa cantidad de un ungüento que olía a hierbas y le vendó el cuello tan bien como pudo.
Entonces dejó escapar un largo suspiro y empezó a notar lo mal que ella se encontraba. Le dolía todo el cuerpo, el costado era la peor parte. Se tocó la herida que el amigo del hombre le había hecho con una espada. No podía culparlo, seguramente estaría tan muerto de miedo como lo estaría ella en una situación similar.
Ahora le tocaba curarse...
Percibió que algo se movía a su espalda. Se puso en pie tan rápido como pudo, sosteniéndose el costado con una mano. Vio a unas criaturas que parecían perros pasearse por el otro extremo de la plataforma. Al principio eran dos, pero pronto se convirtieron en seis que enseñaban los dientes y gruñían.
Kahli miró a su alrededor desesperaba. Buscaba alguna salida en las paredes a las que se sujetaba la plataforma, enseguida se dio cuenta de que no la había. Entonces se fijó en el puente que cruzaba sobre ellos, podría llegar hasta allí ¿usando sus alas? Miró por encima del hombro hacia atrás y no las encontró. Asustada se esforzó por tocarse la espalda, habían desaparecido y en su lugar solo encontró su piel y dos grandes aberturas en el vestido. ¿Cómo era posible? No podía perder tiempo en buscar una explicación pues los bichos cada vez parecían más nerviosos.
Kahli miró de nuevo a la pared de roca, quizás sí podría salir de allí escalando, tenía unas poderosas garras… Pero enseguida se dio cuenta de que si optaba por esa opción significaba abandonar al hombre a su suerte. No, su consciencia no le permitía hacer eso.
Las criaturas empezaron a chillar un poco más alto, llamaban al resto del grupo. Kahli metió la mano en uno de uno de los bolsillos de su cinturón y después lanzó un puñado de partículas incandescentes contra el suelo, creando un semicírculo frente a ella y los bichos que iban a atacar.
Las criaturas saltaron hacia atrás asustadas en cuanto vieron la luz. Kahli sabía que aquel truco no los mantendría alejados demasiado tiempo, así que debía darse prisa y aprovechar la poca ventaja que había ganado.
Arrastró el cuerpo del hombre hasta situarlo en el centro de la plataforma, un poco más lejos de los perros que los acechaban. Después, sacó un montón de pequeñas hojas de papel de otro de sus bolsillos; las fue pasando una tras otras, buscaba algo muy concreto y lo encontró cuando ya iba por la mitad de sus apuntes.
-¡Aquí está! –Exclamó victoriosa.
Sacó unas cuantas tizas de colores, los elementos básicos para poder hacer el conjuro que esperaba que pudiera salvarles la vida. Se fijó en el papel que tenía en la mano y empezó a copiar el círculo que allí había en el suelo; tenía que ser lo bastante grande para poder rodear el alto cuerpo del hombre que estaba en el centro.
-Nunca me podría haber aprendido esto de memoria –murmuró mientras comprobaba que sus trazos eran lo más parecidos a la representación que tenía en su hoja.
Sus partículas incandescentes se estaban debilitando y uno de los bichos-perro se atrevió a pasar por encima. Soltó unos chillidos espeluznantes cuando se quemó las patas y no tardó en retroceder hasta un rincón para lamerse las heridas. Por ahora, los demás permanecieron donde estaban.
Kahli ya había terminado su círculo mágico. Los trazos eran muy irregulares, nunca se le había dado bien dibujar y no iba a aprender de repente, aunque su vida le fuera en ello.
La joven repasó una vez más sus papeles y decidió añadir unas cuantas runas más, por si acaso. No tenía muy claro dónde debía situarlas así que eligió los lugares que le parecieron más oportunos.
La luz casi se había desvanecido y dos de los bichos más adelantados decidieron atacar. Ella dio un paso atrás dentro de su dibujo. Estaba convencida de que funcionaría…
-¡Aktivashyon! –gritó.
Los dos bichos pasaron el círculo exterior y saltaron hacia delante sin que la magia se activara.
Kahli reaccionó por instinto, como ya había hecho cuando se enfrentó a las Arpías. Al primer perro le dio una patada que lo mandó hacia un lado y se despeñó por uno de los bordes; El segundo le mordió en el brazo, ella le golpeó con su garra izquierda tan fuerte que el bicho la soltó y cayó al suelo gravemente herido. De otra patada lo sacó del círculo mágico.
Kahli soltó un rugido de rabia y las criaturas retrocedieron un poco, por precaución.
Ella sabía que no conseguiría mantenerlos a raya durante mucho más tiempo. Cuando atacaran todos juntos no podría detenerlos.
Volvió a revisar sus papeles y se detuvo en la hoja donde habían representadas dos runas muy complejas. Debajo, ella misma había apuntado una explicación de cómo creía que funcionaban, y justo al lado había un párrafo escrito en mayúsculas con una caligrafía que le era inconfundible. Agatha le advertía de lo peligroso que podía ser para su salud usar algo así.
Sin embargo Kahli no tenía otra opción, ni tiempo. Se dejó caer en el suelo, apartó un poco el cuerpo del hombre hacia un lado y se apresuró a dibujar los dos símbolos en el centro.
La luz cada vez era más débil y las partículas ya se habían apagado en su mayoría…
Kahli unió las dos runas entre sí y luego al resto del círculo con trazos torpes, pero gruesos.
La luz se extinguió en ese instante, mientras ella se presionaba la herida de su costado.
Los bichos gritaron antes de atacar.
Kahli puso ambas manos manchadas de sangre sombre sendas runas en el centro de su círculo de protección.
- ¡Ignüs du shâng! –Gritó.
Los trazos se iluminaron con una poderosa luz roja y desde el círculo exterior se levantó una pared de llamas de unos dos metros que carbonizó a todas las criaturas que acababan de saltar hacia ella. Kahli sintió como lo símbolos absorbían casi toda la energía de su cuerpo, tal y como le advirtió su hermana. La cabeza empezó a darle vueltas.
La pared de fuego tembló durante unos instantes y después se expandió hacia el exterior, hasta que chocó contra los muros de la cueva. Las llamas arrasaron todo a su paso. Las criaturas apenas tuvieron tiempo de gritar, sus cuerpos quedaron calcinados casi al instante.
Cuando el fuego se disipó Kahli tenía la respiración muy acelerada. No quería perder el conocimiento de nuevo y extendió una mano para coger el montón de papeles donde estaban sus apuntes. Rebuscó deprisa alguno que pudiera servirle… sintió un mareo y se desplomó sobre el hombre. Hizo un último esfuerzo por mantenerse despierta, agarró una de las tizas de colores e intentó copiar otra de las runas en el suelo. No consiguió acabar el primer trazo, estaba tan agotada que perdió el conocimiento.
[[Encuentro con Ash y Theo (noguide) 9]]IGUAL QUE EL ENCUENTRO CON ZÖE, ASH Y THEO 3 PERO EN ESTA LÍNEA KHLALI SE SIENTE CULPABLE POR HABER MATADO A GUIDEÓNHaz doble clic sobre este pasaje para editarlo.Haz doble clic sobre este pasaje para editarlo.Haz doble clic sobre este pasaje para editarlo.Tienes que acabar con él, por Agatha.
¿Pero eres capaz de matarlo a sangre fría aun cuando él te ha salvado del control de Lura?
[[Sí, puedo matarlo]]
[[No, no puedo hacerlo]]Haz doble clic sobre este pasaje para editarlo.Haz doble clic sobre este pasaje para editarlo.- No soy una asesina, por favor sácame de aquí.
- ¿Que no eres una asesina? Mírate, eres un monstruo, un demonio, pareces creada especialmente para matar.
- ¡No...!
- Ash se encargará de ti cuando se recupere de lo que has hecho, pero si fuera por mí, te mataría aquí mismo.
[[Aparece Ash]]
- No me mates, por favor.
- ¿Por qué no iba a hacerlo? No sé qué haces viva, pero seguramente estén manteniendo vivo a un monstruo como tú solo para conseguir algo de información.
[[Aparece Ash]]- Lo confesaré todo, pero por favor, dame algo de comer.
- Ja, ja, ja. Alimentemos a los enemigos, seguro que así nos protegeremos.
- ...
- Theo, ¿ha despertado?
- ¡No deberías caminar aún, estás muy débil!
- Déjame verla.
- Por favor, no me hagas nada.
- Ojos rojos, cabello blanco, cuernos, colmillos, las ropas hechas jirones, no dice mucho de la Hermandad, la verdad.
Khali está presa temporalmente, hasta que se trasladen.
Aparece el SANADOR. Haz doble clic sobre este pasaje para editarlo.